"No se puede manosear la democracia": La felicidad del escultor de "Sentados frente al mar" tras el plebiscito que salvó su obra en Puerto Montt

sentados frente al mar

El día de la inauguración de los enamorados, Robinson Barría debió ser escoltado por carabineros porque se quedó dormido. Hoy, con los resultados del plebiscito, su padre de 91 años recorta con orgullo cada mención que se hace del escultor en la prensa. "Con todo esto que se generó, en un intento de derribarla, se creó una efervescencia nacional y eso me enorgullece", afirma.




"Estoy tranquilo aquí, en mi casa, al lado del fuego. Acá para hacer agradable el frío del sur, es bueno -desde mí punto de vista- tener calor de fuego", recomienda Robinson Barría Montalva desde su casa en el popular barrio Miraflores de Puerto Montt.

El hombre es el la mente maestra tras la polémica escultura "Sentados frente al mar", ubicada en la costanera de la misma ciudad. Hoy tiene 58 años y, probablemente, en estos días es de las personas más renombradas en su localidad y el país completo tras darse a conocer que la estructura de más de siete metros no se verá afectada ni por el toque de un cincel.

No hay medio de comunicación que no lo haya mencionado y su teléfono suena cada un par de minutos, incluso durante esta entrevista. Los periodistas lo llaman y se siente contento, orgulloso.

"¿Sabe? Todo surge por allá en el año '94 ó '95, no recuerdo bien. En aquella oportunidad me di el tiempo de hacer un viaje por América, quería llegar al Caribe, pero no lo logré, eso está pendiente en mi vida. Lo que sí hice fue mi idea principal: recorrer sin tiempo definido ni rumbo, quería que el camino me guiara", recuerda Robinson.

En ese transitar llegó a incorporarse a un "taller de escultura monumental" en el municipio de Quito, en Ecuador. Allí conoció a una mujer llamada Paulina Baca, escultora que le enseñó lo necesario. De su viaje volvió con una idea definida: "En Sudamérica reconocen mi ciudad por la canción de Los Iracundos, y desde ahí nace la idea de los enamorados".

Financiamiento y construcción de los enamorados

Poner en pie a los amantes no fue una tarea fácil. Robinson volvió al país en el año 1996. En ese momento, el alcalde Raúl Blanco lideraba la comuna de Puerto Montt. "Yo volví entusiasmado y le conté mi experiencia, le dije que quería hacer esta escultura en base a la canción por la que nos conocen en varios países y a él le gustó la idea, pero no había presupuesto", dice Barría.

Pasaron los años y con ello también un cambio de mando en el municipio. Su esposa, Patricia Tricallotis, tocó cada puerta hasta que junto al entonces edil, hoy senador, Rabindranath Quinteros, lograron obtener un financiamiento privado de $32 millones. "Esas empresas todavía tienen un monolito de acero, al costado de los enamorados", acota el artista.

La construcción de la escultura que mide unos siete metros y medio, comenzó a principios de enero de 2001 y Barría se propuso tenerla lista, por un tema simbólico, el 14 de febrero de ese mismo año. "Su edificación se basa en una técnica de fierro con malla y cemento", comenta el escultor.

Explica que lo primero es modelar el fierro; luego, ese fierro se recubre con la malla y encima de eso se va poniendo cemento. Como las figuras son tan grandes, este último material va por dentro -como relleno- y por el exterior. "Sus cimientos deben tener como dos metros de profundidad. En esto no trabajé sólo, un equipo de 30 personas, más o menos, me ayudó", comenta agradecido.

Poco hubo de maravilloso en ese proceso. Revela que de tanto soldar terminó dañando sus ojos: "Tuve que ir al oftalmólogo y me dijo que necesitaba tomar un descanso, pero si quería terminar todo el 14 de febrero, no podría hacerlo, así que me tapé un ojo por día para descansar la vista y seguir soldando".

El día 12 de febrero comenta que ocurrió lo peor, pero al mismo tiempo lo califica como magia: "Ese día se celebra la fundación de la ciudad. Iban a haber fuegos artificiales y la ciudad estaría de fiesta mientras yo seguía trabajando sin parar, pero hubo un temporal. Corría un viento tan fuerte que se suspendió todo y mi equipo me dejó sólo, pero yo seguí avanzando, tenía que terminar, tenía que avanzar, sólo quedaban dos días".

Llegada la ansiada fecha, Robinson quedó exhausto, pero lo logró. Terminó la escultura que, originalmente, tenía colores más tierra. "Ese día trasnoché, así que cuando terminé me fui a la casa a dormir. Estaba tan cansado que pasé de largo y no me di cuenta cuando llegó la hora de la inauguración. Me llamaron por teléfono y me dijeron que sólo faltaba yo para dar inicio al evento. Corrí, tomé un colectivo después de esperar mucho rato porque todos estaban en el centro y cuando llegué había tanta gente en la costanera que fue imposible moverme por mi cuenta. Unos carabineros me ayudaron porque les dije que era urgente, me escoltaron y abrieron una huella en el tumulto", relata entre carcajadas el artista.

Cuando vio su obra, supo todo: "El 12 de febrero tenía que pasar ese temporal, porque el 14 mi escultura tuvo fuegos artificiales y una presentación de Los Iracundos tocando la emblemática canción. Ese día fue magia". 

Del polémico plebiscito

"Para mí es muy potente que mi escultura se conozca. Con todo esto que se generó, en un intento de derribarla, se creó una efervescencia nacional y eso me enorgullece, pero la obra se hace más viva aún, le dieron más fuerza", comenta al mismo tiempo que menciona emocionado que cada vez que sale una noticia en los diarios, su padre de 91 años recorta el papel y los junta para coleccionarlos. Su madre, en tanto, tiene 94 y observa con amor cómo los dos conversan al respecto.

La gente, dice, le ha expresado su cariño. Cuando va al supermercado lo reconocen y él sonríe contento, pero cree que "el principal cariño se refleja cuando los niños juegan sobre la escultura, cuando turistas que vienen de todas partes del mundo se llevan un recuerdo, cuando los artesanos se inspiran en ella para crear sus artículos". 

La escultura, considera, "es un intercambio cultural. Yo me inspiré en Los Iracundos, los artesanos se inspiran en mí, los estudiantes de arte la utilizan y le dan vida, los turistas la difunden en sus fotografías".  Los amantes han estado "encapuchados" y vestidos de Mapuche por diversas intervenciones.

Sobre el plebiscito, cree que "no se puede jugar y manosear la democracia". Su hijo de ocho años, Lucas León, y la hija de Patricia, Natalia de la Barra, votaron simbólicamente en el plebiscito. Ellos, dice, "son el reflejo de la felicidad de los niños cuando escalan la escultura que para mí, tiene espíritu. En ella primó su carta astral por sobre su aspecto físico".

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