Artistas malditos, cineastas en rodaje y lazos familiares: el cine documental de 2017

El circuito de Miradoc incluye la última cinta de Ignacio Agüero y un filme sobre Alfredo Jaar.

María Teresa recuerda que de niña fue al médico junto a su madre y hubo un diagnóstico infame: en el mediano o largo plazo, una miopía progresiva las afectaría a ambas y perderían la vista. Durante más de 60 años, aquel episodio permaneció sepultado en su memoria hasta que un día cayó de su bicicleta y sospechó que algo no andaba bien con sus ojos. En la consulta, la evaluación fue como un implacable retorno a la visita de infancia: degeneración de la mácula y ceguera inminente.

Luchando contra el tiempo, la documentalista María Teresa Larraín hizo entonces Niña sombra, su última película, la que detalla su paso de la luz a la oscuridad.

El documental es el primero de los ocho que este año trae el programa Miradoc de Chiledoc, la organización que hace cuatro años mantiene esta iniciativa en varias salas del país. Niña sombra no sólo es la crónica del proceso degenerativo de María Teresa Larraín, sino que también es una cinta sobre el reencuentro de la cineasta con su país. A modo de efecto, cada vez que un personaje le habla se lo ve desenfocado, simulando las condiciones en que sus ojos los perciben. Están sus nueve hermanos, pero también están los ciegos de la calle, aquellos vendedores de la Alameda que le entregan la dimensión de los minusválidos sin dinero.

El retrato personal de Niña sombra, que se estrena el 6 de abril, es uno de los tópicos que abundan en el ciclo Miradoc de este año. “Si hubiera que hablar de tendencias en los últimos años, podríamos decir que en el documental chileno hay muchas más historias personales o familiares que antes, donde predominaban los grandes temas sociales o políticos. Hay una búsqueda por contar las cosas desde una mirada diferente. Sin embargo, lo mejor es que este tipo de documental convive con muchos otros. Hay una diversidad que no existía hace siete años”, comenta Paola Castillo, directora de Chiledoc.

Hablando de grandes temas y contrastes temáticos, el segundo documental del año es Blanca oscuridad, trabajo de más de cinco años de investigación de Juan Elgueta Ortiz sobre la tragedia de Antuco. La catástrofe de 2005, por la que fueron condenados un mayor y un comandante, se tradujo en la muerte por hipotermia de 45 conscriptos avasallados por una ventisca brutal en la ladera del volcán Antuco. Nuevos antecedentes, palabras de testigos y declaraciones de sobrevivientes dan cuerpo al filme que se estrena el 4 de mayo.

El 1 de junio es el turno de Cómo me da la gana II, el esperado nuevo documental de Ignacio Agüero que ganó el año pasado el prestigioso Festival de Marsella, uno de los más importantes de Europa. En su estilo desenfadado y hasta cándido, Agüero va y se entromete en los rodajes de varios cineastas chilenos del momento, de la misma forma que lo hizo en los 80 en Cómo me da la gana (1985). Los elegidos, entre otros, son Alicia Scherson, Christopher Murray o Marialy Rivas, a quienes pregunta, por ejemplo, “¿Que es lo cinematográfico de tu película?”.

Tras esta dosis de cine dentro del cine, el 6 de julio llega la intrigante historia de Alain Johannes, el músico chileno de referencia para varias bandas estadounidenses que en nuestro país es un virtual desconocido. Su vida, marcada por el desarraigo familiar y la muerte de su pareja, es registrada por Rodolfo Gárate en Unfinished plan. Ganador del Festival In-Edit 2016, el filme muestra a Johannes en su regreso a Chile tras la muerte de su padre, el cantante de la Nueva Ola Danny Chilean, pero también lidiando con la grave enfermedad de su tío, Peter Rock. En cámara hay una suerte de delegación de grandes figuras del rock elogiando a Alain Johannes, desde Chris Cornell (Soundgarden) hasta Josh Homme (Queens of Stone Age).

La memoria del pasado más abyecto de Chile habita a Guerrero, película de Sebastián Moreno que va el 3 de agosto y que indaga en la vida de Manuel Guerrero, hijo de uno de los tres degollados por la dictadura junto a José Manuel Parada y Santiago Nattino en 1985. Otra historia de padre e hijo es El color del camaleón (7 de septiembre), el documental donde Andrés Lübbert intenta derribar la barrera de incomunicación y misterio con su progenitor, el fotógrafo de guerra Jorge Lübbert.

¿Cuál es su pasado? ¿Qué le sucedió en Chile, durante el régimen de Pinochet, antes de salir a poner la cámara en el frente de guerra?

Para el 5 de octubre se programó Jaar, el último lugar, cinta de Paula Rodríguez que se interna en el proceso creativo del artista chileno vivo más reconocido en el extranjero. Por lo mismo, las locaciones van desde Santiago a Finlandia, pasando por Buenos Aires, Venecia y Nueva York, donde reside.

El ciclo Miradoc se cerrará el 2 de noviembre con Robar a Rodin, el debut de Cristóbal Valenzuela acerca del curioso caso del estudiante de arte que en 2005 hurtó una obra del padre de la escultura moderna desde el Museo de Bellas Artes para devolverla sana y salva 24 horas después.

Con un total de 90.682 espectadores desde el año 2013 y una distribución de 24 salas en 20 ciudades de Arica a Punta Arenas, Miradoc se ha constituido en una red de exhibición estable de cintas que de otro modo quizás no estarían en la oferta cinematográfica. Aún así, para 2016 hay más títulos fuera de Miradoc (que concentra la mayoría), y dos de ellos son El pacto de Adriana, cinta de Lisette Orozco sobre la secretaria del ex jefe de la Dina Manuel Contreras (exhibida en Berlín y que será distribuida por Storyboard Media) y Los niños, la nueva propuesta de Maite Alberdi (La once). Estrenada en el Festival de Amsterdam, Los niños partió como el registro de un familiar de Alberdi y se transformó en la crónica de la vida de un grupo de adultos con síndrome de Down.

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