División política en España se agudiza tras el referendo catalán

En una jornada marcada por la represión policial, que provocó 844 heridos, el gobierno de Cataluña señaló que dos millones (49,5% del padrón) acudieron a las urnas y que el 90% se pronunció por el Sí. El líder catalán anunció la declaración de independencia para los próximos días.

Ni los arrestos de altos funcionarios, ni las amenazas de multas astronómicas a todos aquellos que participaran en su organización, ni la represión de la policía pudieron evitar que cientos de miles de catalanes votaran este domingo en el referendo de autodeterminación organizado por el gobierno de Cataluña. Durante todo el día, agentes y miles de ciudadanos, en un acto masivo de desobediencia civil, jugaron al gato y al ratón, los unos confiscando urnas, y los otros escondiéndolas o reponiéndolas.

Los hechos de esta jornada constituyen un auténtico terremoto político, cuya onda expansiva no solo afectara durante años las relaciones entre Cataluña y España, sino que podría hacer tambalear al presidente Mariano Rajoy, que gobierna en minoría.

En una jornada de alta tensión, anoche se registraban 844 heridos, en gran parte debido a los enfrentamientos con la policía al momento de acudir a votar. De acuerdo a cifras divulgadas anoche por la Generalitat, 2.262.424 (49,5% del padrón electoral) pudieron sufragar, mientras que se registraban 770 mil votos perdidos. Con el 95% de los votos escrutados, siempre según el gobierno catalán, el 90,09% se manifestó a favor de la independencia, mientras que un 7,84% se decantó por el No.

La votación transcurrió con normalidad en el barrio de Sant Adrià de Besòs, ciudad dormitorio a las afueras de Barcelona, con un alto porcentaje de población con orígenes familiares de otras regiones de España, a diferencia de otras decenas de localidades de Cataluña, donde la policía española confiscó urnas y papeletas, a menudo utilizando la violencia.

Según el Ministerio del Interior, los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional consiguieron clausurar cerca de 300 de los 2.300 centros de votación distribuidos por la región. En algunas ciudades, los agentes llegaron a disparar balas de goma, prohibidas en Cataluña.

El presidente de Catalunya, Carles Puigdemont, que pudo votar a pesar del cierre temporal de su colegio, denunció un “uso irresponsable, irracional y desmedido de la violencia” por parte de las fuerzas de seguridad. Incluso, amenazó presentar una denuncia ante instancias internacionales. Al mismo tiempo, dijo que “Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado independiente, que se constituya en forma de República”.

En su mensaje, Puigdemont prometió trasladar al Parlamento catalán los resultados del referéndum sugiriendo que ese órgano podría declarar la independencia de forma unilateral esta misma semana. Sin embargo, habida cuenta de las trabas que ha sufrido el proceso electoral, el resultado podrá difícilmente considerarse válido según los estándares internacionales.

“No ha habido un referendo”

Por su parte, el gobierno español atribuyó la responsabilidad de los incidentes durante el referendo a Puigdemont y lo instó a poner fin a su proyecto independentista. “No ha habido un referendo (en Cataluña), sino una mera escenificación”, dijo Mariano Rajoy en una comparecencia con un semblante serio, en la que describió la actitud de las fuerzas de seguridad como “impecable”.

En cambio, en las filas de la oposición progresista, entre el Psoe y Podemos, arreciaron las críticas a gobernante por su gestión de la crisis en Cataluña.

El hecho de que los tribunales hubieran declarado la votación “inconstitucional” no disuadió a millones de ciudadanos de participar en la votación, lo que provocó largas filas en algunos colegios electorales. “No hay ningún tipo de independencia judicial. Fiscales y jueces siguen las órdenes del gobierno central. Durante los últimos días, y sobre todo hoy, se han producido muchas violaciones de los derechos civiles”, denunciaba Natalia Ferri, una abogada que, tras haber votado a favor de la independencia, se pasó varias horas delante de su centro de votación por si acaso se acercaba la policía.

Pasadas las 17.00, en el colegio de Sant Adrià se vio un auto de policía a lo lejos, y los ciudadanos se agruparon en torno a la puerta, dispuestos a defender con uñas y dientes las urnas. Sin embargo, era una falsa alarma. Se trataba de la policía autonómica catalana, los Mossos de Esquadra, cuyos responsables han optado por permitir la votación ante el riesgo de incidentes, y apelando al principio de la “proporcionalidad”. Al darse cuenta de que no formaban parte de los 12.000 agentes desplegados las últimas semanas en Cataluña provenientes de otras partes de España, los ciudadanos los vitorearon y les cantaron el himno nacional catalán.

Buena parte de los catalanes contrarios a la independencia se mostraron indignados por la brutalidad policial. “Se han pasado. Es indignante la actitud policial. Creo que votar es democracia es un derecho que no nos pueden votar. Yo voté no”, explicó María, una joven estudiante de 22 años.

El pulso entre Barcelona y Madrid no ha terminado, y la reacción de la comunidad internacional será clave para su resolución. Cataluña ha dejado de ser “un asunto interno español”.

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