José Antonio Kast: "Me encantaría ser candidato presidencial en cuatro años más"

Dice el ex postulante a La Moneda que no va a ser parte del gobierno, ni le interesa estar en el gabinete. Dedicará este tiempo a crear un movimiento para mantener vigente su apuesta política y combatir al Frente Amplio en la próxima elección.

No sabe cuánto tiempo más va a seguir usando corbatas amarillas, pero dice que juntó tantas para la campaña, que probablemente va a tener que ocuparlas hasta su próxima aventura presidencial, el 2021. Porque aunque dice que en cuatro años todo puede pasar, José Antonio Kast confiesa que sí, que su apuesta es ir de nuevo por La Moneda.
Sentado en un café en El Golf -y con un reloj de Mickey Mouse en la muñeca izquierda-, Kast saluda amablemente a los varios adherentes que se acercan a felicitarlo. Explica que desde ahora se dedicará a armar un movimiento para proyectar las ideas de “una derecha sin complejos que logramos despertar”.

Kast, que sacó un 8% en la primera vuelta y se jugó por Piñera en la segunda, no quiso ir el domingo a festejar el resultado con el presidente electo, el cual para él fue una derrota del gobierno, más que de Alejandro Guillier. En vez, se reunió con su familia y el equipo con que se “movilizó” durante la campaña. Porque asegura que ahí estuvo la clave del triunfo: movilizar a la derecha. “Recorrimos Chile diciendo a las personas: Usted tiene que ir a votar, tenemos que parar a la izquierda ideológica”, dice.


¿Cuál es esa “derecha sin complejos” que despertó?

El voto que nosotros logramos conquistar es un voto por mística. La mayoría sabía que era muy improbable que yo ganara, por cuanto no estaban ahí porque quisieran un trabajo, sino que por convicción.
El complejo es no tener conciencia social, el complejo del gobierno militar, el complejo de lo valórico, de defender que a alguien le vaya bien en la vida. Estamos llenos de complejos, porque se comenzó a normalizar la izquierda, y el discurso de la izquierda se instaló en la élite.

Pero usted se reconoce representante de una derecha más dura.

No, yo me reconozco en una derecha con mucha más conciencia social. Me enerva que la izquierda diga que se preocupa por los pobres y en todos los cargos de responsabilidad social botan la plata a la basura. Me violenta que no hagan nada respecto de las urgencias sociales, como el Sename.

Y en esa derecha, ¿cuál es la diferencia entre usted y Manuel José Ossandón?

Él fue un gran alcalde, pero yo creo que es un mal líder político, porque basa parte de su liderazgo en la crítica a todo el mundo. Yo puedo tener diferencias con personas que sean de derecha, pero de ahí a usar el lenguaje que él usa o que usó en la primaria, disto mucho de ese estilo. Por ejemplo, yo veía cómo se refería a Felipe Kast, mi sobrino, yo no lo habría hecho jamás; o cómo se refería a Piñera.

Tanto Ossandón como usted fueron importantes para la segunda vuelta. ¿Notó diferencias en el comportamiento entre ambos?

¿Cuál fue el aporte en la segunda vuelta de Manuel José Ossandón? ¿Veinte mil votos?

Detuvo la fuga de votos en Puente Alto.

¿Qué fuga? Si la gente ya había decidido en noviembre que iban a sacar a la Nueva Mayoría del gobierno. Habían votado por Beatriz Sánchez, pero es un voto protesta. Ellos quieren ver un cambio en el sistema, quieren recuperar cosas tan básicas como que se respete la autoridad de Carabineros, que no haya más abusos. Si aquí la gente no fue a votar porque hubo un discurso de decir “más gratuidad”. Si alguien cree que en un mes de campaña la gente se movilizó por el discurso de la gratuidad, está equivocado. Por eso, cuando aquí alguien se atribuye que porque lo que él hizo se ganó, es mentira; el que ganó fue Sebastián Piñera.

Usted se puso a trabajar por Piñera en la segunda vuelta, ¿qué espera de él hoy?

Que nombre un muy buen gabinete, que no se deje presionar por nadie y no cometa los mismos errores del anterior gobierno. Que saque a los operadores políticos, porque en el gobierno pasado hubo algunos que trabajaron tres o cuatro meses y luego se dedicaron a destruir el gobierno desde dentro.

¿Cuáles son los errores que no debe repetir?

Que no hay que tenerle miedo a la izquierda. Cuando hablamos de la política de los consensos, siempre gana la izquierda… Si es que caemos de nuevo en la política de los consensos y buscar el acuerdo en todo, la izquierda siempre termina ganando, porque chantajea. Hay que ponerle un “parelé” al chantaje de la izquierda.

Pero Piñera basó su campaña en un gobierno de unidad, de búsqueda de los acuerdos. Además, no tiene mayoría en el Congreso.

Pero si la izquierda fracasó en el Congreso. Nosotros tenemos casi la mitad del Parlamento, y hay independientes que yo estoy seguro que van a actuar de acuerdo al bien país.

¿Cuál va a ser su domicilio político ahora?

Yo voy a estar en Independencia con Libertad, ese es mi domicilio, y eso significa que no voy a ser parte del gobierno, yo no quiero ser parte del gabinete, o parte del staff de La Moneda. Quiero colaborar, opinar libremente, recomendar cosas, y si me quieren escuchar, feliz. Estoy armando un movimiento político-social que tendrá base en una fundación para ver urgencias sociales: temas como transporte público, dignidad en atención de salud, etc.

¿Por qué un movimiento y no un partido?

Porque a mí me interesa que dentro de todos los partidos haya buenas personas, gente que defienda ideas. Si yo hago un partido, voy a hacer uno más de los que están en la pelea por los cupos, y yo ya superé eso de defender el cupo para la UDI, para RN, para Evópoli. Me interesa que haya buenas personas.

¿Descarta totalmente volver a UDI?

Sí. Cumplí una etapa, y la UDI tiene que tomar decisiones hacia el interior, porque ha cometido muchos errores en el último año. Por ejemplo, la pelea por los cupos parlamentarios, que no solo le costaron parlamentarios a la UDI, sino que a Chile Vamos.

¿Y se va a llevar a gente de la UDI o no? Se dice que Arturo Squella podría irse.

Yo nunca pedí a nadie que renuncie. No me interesa que salgan de sus partidos, porque creo que los partidos tienen un rol y dentro de los partidos tiene que haber buena gente, que defienda principios, que defienda el servicio público y no el servicio personal.

¿Quiere proyectar una candidatura en cuatro años más desde su movimiento?

Claramente, si uno fue candidato, es porque me encantaría ser Presidente de la República, no lo puedo negar. Hay que mantenerse vigente, pero también hay que permitir que surjan nuevos liderazgos que defiendan las ideas de la libertad. No vale la pena ir protegiendo uno, porque toda la izquierda se va a ir en contra de éste. Si Dios me da vida y salud, me encantaría.

Es posible que en cuatro años veamos de nuevo a usted y a Felipe Kast peleando la presidencial. ¿Cómo lo hacen para diferenciarse?

Va a ser un problema para Karol Cariola, que no le gustan los rubios, pero entre nosotros no tenemos ningún problema. Los dos defendemos la libertad, y podemos plantear nuestras ideas. Tenemos muy buena relación, y lo que sí puedo decir, es que sacamos más votos que Evópoli completo.

Evópoli está más hacia el centro político. ¿Cree usted en la existencia del centro, o solo ve la derecha y la izquierda?

Creo que ese concepto de centro es como una especie de entelequia política. Es como toda la gente que dice que es clase media. El rico se dice clase media, y el pobre se dice clase media. Nadie se quiere asumir pobre ni rico. Y en política, es lo mismo, nadie quiere decir que es de derecha o de izquierda, los únicos que se definen son los comunistas, y en base a esa convicción van corriendo el sesgo, que es un poco lo que está haciendo el Frente Amplio hoy. Y al menos mi objetivo es enfrentar al Frente Amplio en las próximas elecciones.

¿Cómo ve el futuro de la derecha?

Me voy a jugar porque la derecha vuelva a sacar la voz, sin complejos, y que esté movilizada. Aquí la que perdió fue la Nueva Mayoría y esta es una derrota de la que yo espero que no se recuperen tan rápido, en la medida en que nosotros hagamos las cosas bien desde el gobierno.

“Rolando Jiménez no adoptaría”

¿Qué va a pasar con usted cuando Piñera tenga que entrar en temas valóricos y buscar consensos? Por ejemplo, la adopción homoparental, y usted es de la línea más conservadora.

Progresista. Defender la vida, defender la familia, es lo más progresista que yo he visto jamás, porque si no hay familia, no hay vida. Entonces, yo voy a defender la familia constituida entre un hombre y una mujer, voy a defender el derecho de los niños de tener un papá y una mamá, voy a defender la vida y ser contrario al aborto, siempre.
Pero puede haber distintos tipos de familia, y puede haber vida igual, ¿no? No necesariamente las familia son padre-madre-hijo.

Yo no desconozco la realidad de la sociedad. Hay muchas madres solteras, hay muchos papás que tienen que criar a sus hijos, muchos abuelos que tienen que criar a sus nietos… Y eso es parte de la vida. Pero de ahí a que yo legisle diciendo que es lo mismo un matrimonio entre un hombre y una mujer, o la unión entre dos hombres o dos mujeres, no. No es lo mismo. Y eso no es atentar contra el amor, porque amor hay entre hermanos, hay entre padres e hijos, entre amigos.

Pero es distinto ese tipo de amor.

Es que eso es sexualidad, y ¿por qué la ley tiene que regular la sexualidad de las personas?

No, pero pueden tener derechos.

Y los niños también deben tener derechos de tener un papá y una mamá.

¿Por qué a usted le importa tanto que haya familias diferentes a la padre-madre-hijo?

Porque aquí hay un concepto de fondo que es lo que cuestiono yo, cuando veo avanzar la ideología de género, que no respeta la familia, no respeta la sexualidad con la que nacemos. Entonces aquí vemos cómo se avanza paso a paso para convencer a la sociedad de que todo es distinto a lo que ven. Yo te veo a ti, veo una mujer; tú me ves a mí y ves a un hombre.

Pero hay personas que son transexuales. ¿Cómo lo aborda usted?

Bueno, y para qué vamos a hacer una ley para el 0,01% y vamos a obligar al 99,9% a someterse a la ley. Tomemos al 0,01% y ayudemos en todo lo que sea necesario, pero no obliguemos a todo el resto a la dictadura de una minoría.

¿Pero por qué sería someterse a la dictadura de una minoría querer acoger en una sociedad, mediante una ley, a una persona?

La inclusión se hace, no se dicta.

No, pero simbólicamente hay que dictarla.

Lo que pasa es que cuando tú empiezas a ceder en estos temas, termina, por ejemplo, con los tipos de leyes mordaza que hay en otros países, donde un pastor evangélico, un sacerdote católico, no puede decir en público que “hombre o mujer los crearon”. Y vas evolucionando, entonces terminas con la mal llamada ley de impedir la incitación al odio. Soy partidario de ese título, pero no soy partidario de una ley mordaza que sanciona al que dice en público que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

No se trata de dictadura de minorías, sino de asumir la diversidad que existe en la sociedad.

Esta es una discusión de una élite. La gente lo que quiere hoy es un buen gobierno, que le dé seguridad, que le dé transporte público digno, que le dé educación digna.

¿Cuánto le cuestan estas posiciones en la opinión pública?

Cero. Solo hay grupos ideologizados y violentos como los que encabeza Rolando Jiménez, que cuando me ven, se violentan. Yo conozco el mundo homosexual, que no es el que representa Rolando Jiménez, y es muy respetuoso.

¿Y ellos se sienten respetados por usted? ¿Qué le dicen?

Sí, hay muchos que me dicen “yo soy homosexual, soy lesbiana, y no estoy interesado en esta reivindicación que hace Rolando Jiménez. No estoy interesado en esos tuits ofensivos que pone Pablo Simonetti, no estoy interesado en la campaña del pequeño porcentaje que sacó Luis Larraín”.

¿Y tampoco están interesados en tener una legislación que los proteja?

Si hoy en día hay legislación. Ellos miran el tema patrimonial de la herencia, de salud, ese tipo de temas.
En Francia, hay toda una corriente que dice “no quiero que el Estado se meta en mi cama” y está levantada por el mundo homosexual. Y aquí en Chile están los mismos que no se sienten representados por los agitadores de la causa, que son Simonetti, Larraín y Jiménez, pero mi discusión para el futuro gobierno no está ahí. Yo eso lo voy a defender siempre y todo el mundo sabe. Mi discusión hacia el futuro gobierno es que lo hagan bien en las urgencias sociales, que eso sí afecta a la gran mayoría.

¿Tiene amigos homosexuales?

Sí.

¿Cuándo conversa con ellos no le dicen que se quieren casar o adoptar niños?

Hasta ahora, ninguno que me lo ha dicho. De las personas que yo conozco, al menos nunca nadie me lo ha mencionado, y lo más probable es que conozco a más gente del mundo homosexual de la que tú conoces.

Usted habla del Sename. ¿No sería lógico que esos niños puedan ser criados en un hogar de parejas homosexuales?

¿En alguna parte del mundo lo han hecho?

Yo creo que sí. En Estados Unidos, por ejemplo.

¿Se acabaron los niños del Sename en EE.UU.?

No, pero hay parejas de homosexuales que sí pueden adoptar niños.

Está bien, pero aquí Rolando Jiménez no adoptaría a nadie, y él lo usa como una causa social y usa el dolor humano, que es lo que más me molesta, para levantar su causa.
Hoy día un hombre o una mujer podrían adoptar, incluso está resuelto en la ley. Pero en EE.UU., donde hay ley de matrimonio homosexual, no se han acabado los niños Sename.
Aquí, Rolando Jiménez decía que si hubiera existido matrimonio homosexual en Chile no habría muerto Lissette. Mentira.

¿Pero esto no cree que va más allá de reivindicaciones políticas?

No, porque hay más parejas heterosexuales que están dispuestas a adoptar que niños en condición de ser adoptados, y esos son los números, no estoy inventado nada.

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