Jóvenes que renegocian deudas deben en promedio $ 16 millones

Superintendencia de Insolvencias dice que jóvenes entre 18 y 29 años representan el 10,3% de quienes renegocian las deudas en este organismo.

Los jóvenes entre 18 y 29 años también se endeudan. Muchos incluso llegan a acogerse a la Ley de Insolvencia o Ley de Quiebras, que permite a personas comunes declararse insolventes económicamente y renegociar sus deudas morosas.

Según cifras de la Superintendencia de Insolvencias y Reemprendimiento (Superir) entregadas a La Tercera, la deuda promedio de los jóvenes entre 18 y 29 años que se han acogido a la Ley de Insolvencias y que renegocian su deuda es de $ 16.443.635.

El superintendente de la Superir, Hugo Sánchez , explica que los jóvenes sobreendeudados tienen como alternativas la renegociación, que se realiza gratuitamente en la superintendencia, o la liquidación de bienes (quiebra) que se hace en tribunales y requiere de un abogado, el que puede ser facilitado por la Corporación de Asistencia Judicial (CAJ) o alguna clínica jurídica de una universidad con las cuales la Superir tiene convenio, previa evaluación socioeconómica del deudor.

Ese segmento etario representa el 13,9% de las personas que se han declarado en quiebra y el 10,3% de las que llegan a renegociar su deuda en la Superir, alrededor de 250 jóvenes.

La ley lleva casi tres años de vigencia y su uso ha aumentado con el tiempo, dice Sánchez. “Hemos reforzado su difusión para llegar a más ciudadanos. Asimismo, hemos puesto el foco en las alianzas estratégicas con gobernaciones, instituciones públicas y universidades, que nos ha permitido llegar a segmentos de deudores morosos a los que antes no llegábamos”, destaca.

Endeudamiento múltiple

Marianela Denegri, directora del Centro de Excelencia en Psicología Económica y Consumo de la U. de la Frontera, por años ha investigado el endeudamiento juvenil y señala que es un tema preocupante.

En un estudio de Denegri, que consideró 1.298 estudiantes de universidades estatales de las zonas sur, centro y norte del país, se determinó que el 70% obtenía los recursos de sus padres, un 30% de becas y un 51% trabaja esporádicamente (categorías no excluyentes).

¿En qué gastan ese dinero? Lo dedican a diversión (42%) o para comprar ropa, comida y tecnología (41%).

“Estos jóvenes tienen endeudamiento múltiple”, resalta Denegri. Un 25% está endeudado en el comercio, 14% con tarjetas de crédito, 10% en crédito bancario, 13% le debe a los familiares, 16% le debe a los amigos y un 2% le debía a prestamistas.

De la muestra total, el 60% tenía, además, una deuda por el crédito universitario.

“Los jóvenes no tienen recursos propios, entran a la universidad y rápidamente les empiezan a ofrecer tarjetas. Y la mayor morosidad las tenían en las tarjetas de crédito y retail”, dice Denegri.

Ellos necesitan educación financiera. En el estudio indagaron cuánto entienden del mundo financiero y vieron que sobre el 30% tiene un conocimiento deficiente o bajo, que no les permite formarse un panorama de cómo funcionan las finanzas. Otro 62,2% tiene un nivel básico. Sólo el 7,6% se encuentra en el nivel alto (ver infografía).

“Si tienen ese endeudamiento múltiple no me extraña que lleguen con esa cifra, que es muy alta en personas que están recién entrando a trabajar, si se considera que los sueldos promedio de primer año en la cota alta llegan a un millón y en la cota baja a 300 mil pesos; deber esa cantidad es demasiado”, sostiene Denegri sobre quienes renegocian su deuda.

Orlando Balboa director del Magíster en Economía Financiera de la U. de Santiago, dice que el acceso a crédito por parte de los jóvenes debería estar más regulado, “aunque suene discriminatorio, se les debería pedir como mínimo algunos requisitos de ingresos”.

Mucha de la publicidad está enfocada en jóvenes, “y como no tenemos una cultura de ahorro y gasto racional, hace que muchos se endeuden”, indica Balboa.
Cuando no hay educación financiera y existe un entorno que presiona hacia el consumo, es muy probable que cuando regularizan su situación vuelvan a endeudarse, dice Denegri. “Mucha gente que sale del registro de Dicom, vuelve”.

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