La defensora del Amazonas que amenaza a Rousseff

La ambientalista evangélica y ahora candidata presidencial del PSB padeció de malaria, hepatitis y contaminación con mercurio. Hija de recolectores de caucho, aprendió a leer recién a los 16 años. 




"Marina Silva tiene la costumbre de escapar de la muerte". Eso afirmó el Financial Times después del fatídico accidente aéreo del pasado miércoles 13 de agosto, en que perdió la vida el candidato presidencial brasileño Eduardo Campos. Ese día la ambientalista evangélica debió haber estado en el jet privado del abanderado del Partido Socialista Brasileño (PSB) que se estrelló en la ciudad de Santos, pero un cambio de planes de último minuto le permitió seguir con vida. Una semana después de esa tragedia, Silva no sólo se convirtió en la nueva carta presidencial del PSB, sino también en el factor que revolucionó la campaña de cara a las elecciones del 5 de octubre. Las primeras encuestas la muestran como seria rival para la actual mandataria, Dilma Rousseff, quien busca la reelección.

Tal como sostiene el periódico británico, Silva ya había engañado a la muerte otras veces. Hija de una familia pobre descendiente de esclavos africanos e inmigrantes portugueses, nació en 1958, en una casa sobre palafitos en la localidad de Breu Velho, en el estado amazónico de Acre. Sus padres eran "seringueiros" o recolectores de caucho y tuvieron 11 hijos, de los cuales tres murieron por el sarampión y la malaria. Su madre falleció cuando ella había cumplido apenas 15 años.

"Yo despertaba siempre a las cuatro de la mañana, cortaba unos palos, encendía el fuego y hacía el café y una ensalada de plátano con huevo. Ese era nuestro café de la mañana", recuerda. Silva pasó su infancia sin apenas formación. En la biografía Marina, la vida por una causa, de la periodista Marília de Camargo César, se relata que la joven aprendió en la selva a cazar, a pescar y a distinguir las raíces con propiedades curativas de las alucinógenas o inocuas. Sin embargo, descubrió cómo interpretar las agujas del reloj recién a los 14 años y a leer y escribir, a los 16.

Fue a esta última edad cuando Marina fue llevada a Río Branco, la capital del estado de Acre, para curarse de una hepatitis, enfermedad que contrajo tres veces. Durante su adolescencia y juventud también padeció cinco veces de malaria y una vez de leishmaniasis. "Cuando llegué a la ciudad, no sabía ni leer los letreros de los autobuses", reconoce. Fue su abuela la que la impulsó a aprender a leer y escribir en la adolescencia, cuando soñaba convertirse en monja. "Me decía: 'Mi hijita, una monja no puede ser analfabeta'", rememora.

Aunque su gran convicción religiosa la llevó a ingresar en un convento de la congregación católica de Las Siervas de María Reparadoras en Río Branco, desistió de su idea de ser monja. Inició labores de empleada doméstica, su primer empleo. Tras juntar algún dinero, en 1981 Silva consiguió ingresar en la Universidad Federal de Acre, donde se recibió de Licenciada en Historia y luego realizó posgrados en Teoría Psicoanalítica y Psicopedagogía. Fue en esa época donde entró en contacto con ideales marxistas y se aproximó al Partido Revolucionario Comunista, al que se afilió en 1985. Recibió adiestramiento como activista rural y conoció al sindicalista cauchero y líder ambientalista Chico Mendes, un paisano de Acre que se había convertido en el símbolo de la lucha contra las talas indiscriminadas.

El 15 de noviembre de 1988 se convirtió en concejala de la Prefectura de Río Branco. Desde este, su primer cargo público, cimentó su carrera política a través de la militancia ambientalista. Sin embargo, al mes de ser elegida su compañero de luchas sindicales, Chico Mendes, fue asesinado a tiros en su casa de Xapuri por unos sicarios contratados por hacendados. Como activista contra la deforestación, posteriormente enfrentó amenazas de muerte.

Con el paso de los años se casó y tuvo dos hijos. Se divorció, volvió a contraer matrimonio y fue madre dos veces más. En 1997, tras 37 años de practicar el catolicismo se convirtió en evangélica, cuando ingresó al influyente grupo religioso Asamblea de Dios durante una crisis de salud que la postró un año y medio y en la que cayó por envenenamiento con el mercurio que arrojan los "garimpeiros" (mineros artesanales) a los ríos amazónicos.

Pero estas dolencias no le impidieron que en 1994, ocho años después de ingresar al Partido de los Trabajadores (PT), se convirtiera en la senadora federal más joven de la historia brasileña, con 36 años de edad. Fue reelecta en 2002 y un año después, con la llegada de Luiz Inácio Lula da Silva al poder, Marina asumió el desafío de liderar el Ministerio de Medio Ambiente para intentar trasladar allí su defensa de la selva amazónica. Sin embargo, en 2008 renunció al cargo. "No sentía que tuviera el apoyo necesario para mantener las políticas medioambientales tal como fueron concebidas", admitió luego.

Así, en 2009 renunció al PT, al que acusó de tener una "concepción de desarrollo centrada en el crecimiento material a cualquier costo". Se afilió entonces al Partido Verde (PV), del que fue candidata presidencial en 2010. En esos comicios obtuvo más de 19,5 millones de votos (19,3% de los sufragios), por detrás de la hoy Presidenta Rousseff y del líder opositor José Serra.

Pero la ambientalista también dejó el PV. Lo hizo en 2011, debido a desacuerdos con sus dirigentes. Entonces buscó ser candidata por su propia agrupación, la Red Sustentable, colectividad que, sin embargo, no logró obtener personalidad jurídica, por lo que avanzó en una alianza con el PSB de Campos, al que llevó sus ideas ambientalistas. "Quien vino de un origen humilde como yo, que se alfabetizó a los 16 años, que pasó por las peores situaciones de salud, siendo atendida de las peores formas en filas de hospitales, con seguridad sabe lo que significa una elección para Presidente de Brasil", asegura la ahora candidata del PSB a Planalto.

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