La nueva cosecha de Pedro Aznar

Autor: La Tercera

El músico argentino cultiva una desconocida pasión: la producción de vinos. A través de su viña Abremundos, en Mendoza, tiene cuatro tintos en el mercado.

Además de la prueba de sonido que realiza antes de pisar cada escenario, el músico argentino Pedro Aznar tiene otro ritual que repite después de cada concierto: comer junto a sus músicos. Sobre la mesa, después de cosechar los aplausos del público y aún con la adrenalina arriba, siempre hay vino. “Mi pasión se fue desarrollando a partir de ese ritual. Es algo que siempre me gustó mucho, como una manera de celebrar con los músicos después de un concierto (…). Compartir la mesa y el vino fue siempre parte del ritual”, cuenta desde Buenos Aires.

El lazo se fue estrechando con el tiempo. De pronto, el vino y su mundo se transformaron en algo más que un ritual. “Me empezaron a dar ganas de meterme en ese mundo desde adentro. Felizmente conocí a Marcelo Pelleriti, un enólogo mendocino extraordinario”, relata el músico, que ha editado más de 30 álbumes entre discos de estudio, grabaciones en vivo, bandas sonoras de películas, y colaboraciones con ex compañeros como Charly García y David Lebón, entre otros.

El ex integrante de Serú Girán no ahorra elogios para su actual socio, quien es gerente y dirige la bodega Monteviejo, en el Valle de Uco -a unos 90 kilómetros de Mendoza-, y considerado un referente de la enología allende los Andes.

Ensamblaje de pasiones

Corría agosto de 2012 y el compositor había viajado a la ciudad de Mendoza a presentar su disco Ahora. Quería visitar bodegas y unas personas que organizan catas en Buenos Aires le sugirieron que contactara a Marcelo Pelleriti.

En el Valle de Uco, el enólogo hizo una invitación un tanto atípica a Pedro Aznar. Tenían varias cosas en común, como que el conocido enólogo, además, es músico. “El siempre les regala a los músicos que admira la posibilidad de hacer un juego creativo con el vino: que puedan hacer un corte propio con sus vinos”, cuenta el compositor.

Pedro Aznar quedó encantado con la invitación y fue así como, rodeado por las altas cumbres de los Andes, realizó su primer “corte de vino”, como le llama. “A él le gustó muchísimo”, relata, con orgullo.

Cuando Pelleriti le propuso unir fuerzas y hacer una bodega juntos, ese primer corte fue lanzado como Página Uno, “porque fue la primera cosa que hicimos juntos”, recuerda. Es un vino que mezcla Malbec y Cabernet Franc. Esta última variedad “fue una de nuestras coincidencias, a los dos nos gusta mucho”, confiesa el compositor y músico, junto con el Malbec, que es la variedad insignia de Argentina. “La hermandad de las dos cepas va muy bien y la estamos usando mucho en nuestros vinos”, detalla.

Aznar habla de vinos con propiedad y conoce las tendencias de la industria. Cuenta, por ejemplo, que el Cabernet Franc está empezando a ganar terreno en Argentina, a pesar de que hay pocas hectáreas plantadas. “El público lo está descubriendo y los enólogos también (…). Incluso están apareciendo Cabernet Franc varietales, muy buenos, por cierto”, apunta el sommelier.

Octava, nota musical y vino

De Página Uno hicieron una edición más limitada, de una barrica, y luego vinieron Octava Alta, Octava Bassa y Octava Superior, nombres inspirados en el intervalo musical entre dos notas. Juntos formaron una línea de vinos tintos de alta gama, que se lanzó al mercado el año pasado. En ese momento, Pedro Aznar homenajeó a The Beatles y a Serú Girán. La producción total del primer año fue de 24 mil botellas y Página Uno se vendió todo, detalla el músico.

Has pasado por el jazz, el rock y el folclore. ¿Cómo definirías musicalmente tus vinos?

Son vinos que tienen la potencia del rock, la elegancia del jazz y la presencia de la tierra de la música folclórica.

Al igual que con los géneros musicales en los que ha dado muestras de su virtuosismo, en sus vinos también hay diferencias y matices: Octava Bassa es Malbec 100%; Octava Alta es una cruza entre Malbec y Cabernet Franc; y Octava Superior “es un vino de mucha complejidad y elegancia. Es nuestro vino ícono”, dice el ahora experto, y detalla que en su versión de 2011 tiene 70% de Cabernet Franc, Malbec y Syrah.

Nuevas composiciones

El catálogo de Abremundos se está abultando. El también ex miembro del grupo de jazz contemporáneo estadounidense Pat Metheny Group adelanta que vienen nuevos lanzamientos. Puntualmente, el primer blanco de Abremundos, 55% Chardonnay y 45% Torrontés. “Teníamos ganas de hacer blanco y vamos a ir sumando productos a nuestra línea”, señala.

De hecho, dentro de pocos meses sacarán al mercado una grappa criada en barricas de Chardonnay y un aceite de oliva. El plan es ir agregando otros varietales con el tiempo, todo en el terroir que poseen en The Vines of Mendoza, ubicada sobre el pueblo de Tunuyán, hacia la montaña, a 1.400 metros de altura, en el Valle de Uco. “Realmente es un lugar hermosísimo”, confiesa.

Y ya tiene nuevas ideas rondando en su cabeza. “Vamos a hacer varietales muy especiales, cepas poco habituales (…). Nuestros vinos abrirán una nueva puerta”, adelanta. Con sus producciones buscan elegancia, explica Aznar. Son vinos de alta gama, que van entre US$ 30 y US$ 200 la botella. 

El ex compositor hace una analogía con la música: “El vino involucra todos los sentidos. La música no tiene sabor ni olor (…). Es una experiencia muy profunda, abarcativa e involucra todo el cuerpo. Aparece una forma de arte que se ve todo junto”, elabora.

El vino: “Poesía líquida”

El compositor ha dicho que la arquitectura es música congelada. “El vino es poesía líquida (…). Es una forma de arte, una forma de la belleza que se bebe”, define.

Pasaste de ser un amante de los vinos a alguien que decide hacer su propio proyecto. ¿Qué te hizo clic? 

El vino tiene un montón de atractivos, partiendo por los paisajes en los que se hace, que son realmente conmovedores; la viña en sí, que es una belleza de planta; y toda la mística que hay en torno al vino.

Mística que explica así: “Las bodegas tienen un clima muy particular, algo como de claustro, de monasterio. Es un lugar donde el vino tiene que reposar en calma, en una relativa oscuridad y con una temperatura fresca. Es un poco como si las barricas fueran monjes meditando”, imagina.

Tu proyecto se llama Abremundos. ¿Qué mundos abrió el vino para Pedro Aznar?

Entre otros, conocer gente muy interesante, apasionada, dedicada, detallista y cuidadosa. Toda la gente que he ido conociendo en estos tres años, ha sido gente de la cual he aprendido mucho, no solamente respecto al vino.

“Gente que habla del vino con un respeto y cariño inmenso”, dice, y eso le recuerda lo que les sucede también a los músicos. “Hablamos de un instrumento que hemos comprado, de colección, como si fuera un hijo (…). La gente del vino también tiene esa cosa: vas a visitar a un bodeguero y te trae una botella de hace 20 años y hace el honor de abrirla contigo. Tiene mucho de mágico”.

¿Qué has aprendido de tu socio?

He aprendido la pasión que tiene por el vino, en todo lo que hace, no escatima en esfuerzos. Lleva todo hasta las últimas consecuencias.

Como sucede con el Malbec y el Cabernet Franc, son un buen ensamblaje: Pelleriti es más impulsivo y Aznar más metódico.

Sommelier de profesión 

En este mundo no se ha encontrado con dificultades, sino con posibilidades. “Con lindos desafíos”, asegura. Uno de esos finalizó en diciembre pasado, cuando recibió su título de sommelier, en Buenos Aires. Un proyecto que comenzó apenas conoció a Marcelo Pelleriti y tomaron la decisión de elaborar sus propios vinos.

También ha emprendido varios viajes a regiones vitivinícolas del mundo. Dos de sus destinos más recientes fueron España y Francia, países a los que viajó con su socio para visitar lugares donde él trabaja, además de viñedos y bodegas.

En muchos de estos sitios había estado antes, por sus giras, y fue así como conoció, por ejemplo, las bondades del Carmenère chileno. Pero ahora ha regresado a esos destinos como “hacedor de vinos”, como él se define. “Es distinto, porque me siento adentro del mundo del vino, soy una pequeña parte y de alguna manera puedo compartir con enólogos y otros hacedores de vinos los detalles y riqueza interna de ese mundo. Lo he pasado a disfrutar muchísimo más”.

Pero Aznar no se marea. No cree que en el futuro se aboque a la elaboración de vinos como única cosa. “Mi pasión por la música no creo que vaya a desaparecer… o por la poesía y la fotografía, que son mis otros amores”. Pero a la vez dice que “no lo consideraría un hobby, sino que se ha convertido en una segunda profesión: con Marcelo hacemos los cortes de los vinos, tomamos todas las decisiones juntos en cuanto a los vinos que vamos a lanzar, a la concepción, los nombres y la estética”, ejemplifica.

También ha alterado su rutina: una vez al mes viaja a Mendoza o se encuentra con su socio en Buenos Aires. “Es algo que me tiene interesado todo el tiempo. Sigo constantemente informándome de cosas. Esto es como la profesión de un médico, hay que estar al tanto de lo que está ocurriendo en el mundo, de cuáles son las nuevas tendencias, pero me apasiona y lo hago con muchísimo gusto”, afirma el músico.

Conciertos bajo la parra

Los socios arrancaron con 1,3 hectáreas, que compraron en la zona de The Vines of Mendoza, una extensa área en el Valle de Uco, donde más de 120 propietarios de todo el mundo han armado sus propios viñedos y cosechan sus uvas.

Pero ahora quieren crecer y por eso recientemente compraron 22 hectáreas más. Durante este mes, además, comenzarán a construir su propia bodega, con capacidad para 200 mil litros, y habilitarán un punto de venta en The Vines. A futuro, en los planes del músico figura construir una sala de degustación, con una pequeña sala de conciertos y exhibición de fotografías.

En paralelo, el músico hará su “check in” en Viña del Mar, el viernes 20 por la tarde, dos días antes de que comience el festival del mismo nombre. Llegará al país para participar como jurado del certamen de la Ciudad Jardín. Además, se presentará en la obertura y tocará el día 25. Después, probablemente, repetirá el ritual del vino.

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