Las aventuras de Guillermo Núñez, la nueva estrella del tenis chileno

La gran promesa de 18 años pude ser futbolista, pero terminó optando por la raqueta. Eso sí, antes de brillar debió superar duras pruebas, como el asalto e intento de secuestro en Venezuela, en 2011.




En silencio, Guillermo Núñez ha ido construyendo rápidamente una promisoria carrera que lo tiene como una de las grandes esperanzas del tenis chileno. 

A pesar de no superar el metro 70, una estatura baja para este deporte, el zurdo de Maipú ha sabido suplir esta carencia con una muñeca prodigiosa, que varios ya comparan con la de Marcelo Ríos.

Esta idea no le desagrada al jugador de 18 años, quien cuenta que "es lindo que me comparen con el 'Chino', porque me gusta cómo jugaba. Tenía un talento increíble", aunque agrega que "igual me gustaría que me conocieran por mis logros".

Y, justamente, 'Guille' avanza en esta senda. A principios de junio fue top ten en el ranking mundial juvenil, tras ser cuarto finalista en Roland Garros; en septiembre ganó su primer torneo profesional, cuando consiguió el Futuro Chile 4, y en noviembre ganó tres medallas de oro en los Juegos Bolivarianos.

"Fue un año lindo, la semana de Roland Garros fue increíble, una experiencia única. Luego, haber ganado en La Serena no me lo esperaba, porque a pesar de que venía jugando bien, lograr un título tan rápido fue un poco sorprendente, al igual que las tres medallas en los Bolivarianos", afirma.

Sin embargo, antes de conseguir estos logros quiso ser futbolista e, incluso, jugó en las series menores de Universidad de Chile, club al que profesa un amor incondicional. De hecho, su máximo ídolo es Marcelo Salas. "Sería un sueño poder conocerlo", confiesa.

"Jugaba de '9' en las inferiores de la 'U'. Tenía 11 años y no era mal jugador. Incluso, jugué partidos en la Sub 13 y en la 14, pero no me gustaba eso. En esa época también iba a ver jugar tenis a una de mis dos hermanas, lo que hizo que de a poco me fuera entusiasmando con la raqueta", manifiesta.

Ambas actividades eran incompatibles si pretendía dedicarse profesionalmente a ellas, una situación que lo puso en un gran dilema. "A veces tenía entrenamiento de fútbol, pero también tenía un torneo de tenis, así que un día, cuando tenía 12 años, mi papá me dijo que decidiera y elegí el tenis. Era lo que más me gustaba. Luego, fui campeón de Chile en 12 y después en las otras categorías", rememora.

No importó tener que cruzar todo Santiago, unas veces en auto; otras, en micro, desde su casa en la Ciudad Satélite hasta el Club Manquehue, en Las Condes. "Mi sueño es ser top ten  y poder representar al país en una Copa Davis", dice.

Con respecto a la nueva generación del tenis chileno, el pupilo de Carlos Marchant expresa que "mucha gente habla del recambio, somos jugadores jóvenes con buenos resultados y proyección, pero tampoco es bueno que nos pongan tanta presión, aunque también es cierto que el tenis es un deporte con presión y si quieres ser bueno, vas a estar con presión toda la vida".

Con una pistola en la cabeza

A los 15 años, mientras disputaba un torneo en Venezuela, "Guille" vivió la experiencia más extrema que pudiera imaginar.

"Había llegado a Valencia y no tenía reserva de hotel, así que me fui al club de tenis con todos los bolsos.  Ahí me encontré con un amigo colombiano con el que luego fui a comer al mall, que estaba al frente. No era tan tarde, pero ya estaba oscuro. Los taxis cobraban 45.000 pesos chilenos por un trayecto que salía $ 5.000, ya que a esa hora era muy peligroso. Como estábamos a dos cuadras del hotel, caminamos. Cuando nos quedaba media cuadra, pasamos por un pasaje oscuro y, de repente, bajan dos tipos de un jeep. Uno me puso una pistola en la cabeza e intentó subirme al vehículo, pero la gente que iba pasando le tocaba la bocina y por eso me salvé del secuestro. Sólo me quedé con el celular y el pasaporte, que los había guardado en los boxers por precaución", recuerda.

A pesar de esta aterradora experiencia, el zurdo siguió en el torneo. "Al otro día todos supieron en el club y me empezaron a regalar ropa y raquetas, porque no tenía nada y más encima me quedaban tres semanas allá. Esa semana hice cuartos de final; a la siguiente, llegué a la final y en las dos posteriores fui campeón. Ahora me río, pero en el momento lo pasé mal", subraya.

No fue lo único que le ocurrió como juvenil: durante una gira a Europa fue evacuado por un aviso de bomba en el aeropuerto de Viena. "Al final era sólo una maleta vacía que a alguien se le quedó ahí", expresa, entre risas, para luego rememorar que "ahí también estuvimos a punto de irnos presos, porque una tenista argentina que andaba con nosotros no había pagado el pasaje del tren y justo un policía se subió a revisar los boletos. Nos quería llevar detenidos, pero mi entrenador intercedió y de milagro nos salvamos".

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