Apruebo democrático



Por Felipe Kast, senador

El 15 de noviembre de 2019, ante la peor crisis desde el retorno a la democracia y en medio de un clima de violencia y polarización, un amplio arco de representantes políticos nos propusimos dejar de lado las legítimas diferencias y construir una propuesta institucional, pacífica y democrática para procesar una parte del conflicto que servía de telón de fondo al clima antes descrito.

¿Por qué votar Apruebo? La razón más profunda se encuentra en la importancia de consolidar nuestra democracia, y profundizar el camino recorrido en los últimos treinta años. Este proceso, no exento de riesgos, nos permitirá aislar, bloquear y deslegitimar a quienes buscan promover la violencia y destruir nuestras instituciones. Porque el rol de la política, al final del día, es precisamente la construcción de acuerdos que permitan encauzar de buena manera las tensiones de nuestra sociedad.

Frente a los conflictos, elegimos por la democracia; ante los desacuerdos, optamos por la razón, el diálogo y no la fuerza. Porque el plebiscito de entrada, al final del día, no es otra cosa que darnos la oportunidad de ponernos de acuerdo, sin ventaja para alguna de las partes, para construir un nuevo equilibrio. Si no lo logramos, será la ciudadanía quien nos dará un portazo en el plebiscito de salida.

Y no nos confundamos, para que la izquierda radical triunfe -y así lo ha demostrado en otros países- necesita que el mundo moderado se margine del proceso. No estoy disponible para dejarles la cancha despejada en el proceso más relevante de nuestra democracia en las últimas décadas. Un Apruebo democrático desde las convicciones (no desde el oportunismo) nos permite aislar a quienes buscan destruir nuestra democracia.

Nuestra historia reciente refrenda lo dicho. El retorno a la democracia permitió, por la vía institucional, que los moderados lideraran los cambios que modelaron el proceso. Por eso el PC y su alternativa violenta quedaron fuera de la arena por décadas. El 15 de noviembre del año pasado volvió a repetirse la historia y el PC una vez más se marginó del acuerdo transversal.

Los conflictos políticos tienen dos vías de encauzarse: a través de la disputa violenta, que es lo que busca la izquierda radical, o a través del diálogo y el debate democrático. En la primera, gana el más fuerte. En la segunda, prima el mejor argumento. No debemos tener miedo a la democracia, porque nuestras ideas tienen arraigo en nuestra sociedad. El derecho a elegir, el derecho de propiedad, el derecho a trabajar, el derecho a emprender, el derecho a la libre expresión, el derecho a educar a nuestros hijos, el derecho a vivir en paz y sin violencia, y el derecho a un Estado moderno sin operadores políticos y sin corrupción, porque de lo contrario será imposible alcanzar salud y educación digna. La gran mayoría de los chilenos no quiere destruir lo que hemos avanzado en las últimas décadas, sino dar un paso más. Si somos capaces de encarnar ese proyecto, seremos también capaces de encauzarlo y construir el segundo piso de nuestra casa.

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