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El 15 de noviembre se firmó el "Acuerdo Por la Paz y la Nueva Constitución", que no incluía paridad de género. Foto: Richard Ulloa


Me llamó la atención que el diputado Hugo Gutiérrez celebrara una agresión a carabineros (según Guillermo Tellier, él reconoció que se había equivocado). Recuerdo cuando aparecía en los medios como un abogado defensor de los derechos humanos. También cuando dijo que los votantes chilenos eran tontos porque eligieron a Piñera. También sé que es militante comunista. O sea, sé muy poco. Presumo a priori que no existen puntos de contacto entre él y yo. Que si por casualidad él sabe que existo, no soy una persona de su interés. Él vive en su mundo, y yo en el mío.

Ésa es una de las enfermedades de la modernidad: cada uno en su propio gueto, conformado por personas parecidas entre sí, que se retroalimentan en sus ideas y culturas. Todo esto aumentado a través de las redes sociales, donde mis contactos se parecen a mí en una suerte de endogamia digital. ¿La consecuencia? Engendros como la postverdad, donde cada uno de esos guetos puede ser una presa fácil. Para algunos, que la violencia es un medio legítimo de expresión política. Para otros, que acciones como funar al prójimo o "el que baila pasa" no tienen una raíz fascista. O que las barras bravas no son, en la práctica, asociaciones ilícitas. O que la nobleza de nuestros fines justifica el uso de medios inmorales y abusivos. Y así.

El estallido social nos ha mostrado que el país es mucho más diverso que el mundillo propio, y que tenemos un problema profundo de convivencia entre los distintos. Y esa convivencia hay que trabajarla entre todos. Parte de la clase política se está poniendo al día en esto. El acuerdo por la paz social y una nueva Constitución fue un primer paso importante. Lo mismo que el avance que han tenido en el Congreso la reforma tributaria y la previsional.

La discusión constitucional puede ser una oportunidad para salir de nuestros guetos. También podría serlo la elección de gobernadores regionales el próximo 25 de octubre. En efecto, el proceso de regionalización contempló al inicio una serie de procesos previos que implicaban una interacción entre los distintos. Entre otros, la necesidad de que las regiones se piensen a sí mismas en un proceso abierto a la comunidad. Una instancia donde el Estado, empresarios, universidades y la sociedad civil intenten acordar una organización territorial que dé espacios para el desarrollo integral de la comunidad. Supuestamente la elección de gobernadores sería posterior a esos esfuerzos. Pero, como ocurre a veces en Chile, se nos viene la elección, y del proceso previo se ha hecho poco y nada.

Ya sea en la Constitución o en una regionalización ordenada es posible que alguien que se parezca al diputado Gutiérrez y alguien que se parezca a mí deban sacarse sus corazas para ponerse de acuerdo. Ojalá así sea.

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