Bachelet y su banda
Cuando Bachelet fue presidenta de Chile por primera vez, pasó algo que ya está en los libros de historia: miles de mujeres salieron a la calle con la banda presidencial puesta, bandas de género que vendían en las calles. Fue una imagen histórica, de mujeres anónimas, de todas las edades, que sintieron ese triunfo como propio.
Cuando terminó su mandato, muchas niñas empezaron a decir: cuando sea grande quiero ser presidenta. Abrió caminos para otras mujeres, ganó batallas, perdió otras tantas, pero fue electa de nuevo, mostrando una conexión especial con las personas. En su trayectoria vital, llena de logros, pero también de obstáculos, muchas se reconocen. Incluso, quienes no la han apoyado nunca políticamente, la aprecian en lo humano y no desconocen su papel principal en la historia de Chile y de sus mujeres.
No solo en Chile ha hecho historia Bachelet. Fundó ONU Mujeres y fue alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, cargos -con todas las críticas que razonablemente pueda haber- que son de relevancia mundial.
Este lunes, un nuevo hito en su vida ocurrió. En ambiente solemne en La Moneda, el Presidente Boric anunció oficialmente la inscripción de la candidatura de la expresidenta a la Secretaría General de las Naciones Unidas. Si gana, sería la primera mujer en ocupar ese cargo en una institución -y un mundo- en crisis.
La administración de Boric sorprendió, pues no solo la inscribió a nombre de Chile, sino de dos gigantes latinoamericanos, México y Brasil, las dos naciones más pobladas de América Latina.
¿Qué va a hacer el presidente Kast ahora que la candidatura de Bachelet es oficial? ¿La apoyará, enrrabiando a los suyos? ¿La bajará, para darles gusto a esos seguidores más férreos? ¿Será el Kast educado y agradable, en modo estadista, que fue a ver a Bachelet a su fundación?
Todo indica que no.
Kast ha endurecido el tono: le halla razón al presidente de su partido, el senador Squella, en su dura declaración -bien lejana al lenguaje diplomático y de Estado- de que inscribir la candidatura de Bachelet es “una avivada” y es el más grande “amarre” del gobierno. “No queremos que un gobierno saliente deje amarrados los destinos del país en ningún sentido”, dijo Kast.
Squella afirmó que le ha faltado a este gobierno “poner el foco y los intereses de las personas más vulnerables de Chile por sobre los intereses que puedan tener sus ideologías, su expansión progresista en el mundo, a propósito, digamos, de esta candidatura”.
Curiosa crítica cuando esta misma semana Kast viajó a Europa, bastante lejos del foco nacional, en donde conversó y se fotografió sonriente con el mayor referente de las derechas radicales e iliberales del mundo, Viktor Orban, y pronunció su discurso más ideológico en Bélgica, en reunión ad hoc. Entró directamente en la batalla cultural, habló contra los efectos de lo que denominó los “ismos” -feminismo, ambientalismo, animalismo, a los cuales, eso sí, puso un apellido. Claro que no se refirió a los efectos de otros “ismos”: conservadurismo (valórico), negacionismo (científico) y nacionalismo (xenófobo).
¿Qué “foco nacional” o “de emergencia” había en esas palabras y esas visitas? Ninguno. Es un gesto a su barra más brava, que sitúa a Chile en un sector determinado -derechas radicales- en el contexto de polarización geopolítica actual, sin consensos nacionales para tomar esa postura, ni siquiera dentro de los partidos que lo apoyan. Recordemos que el líder internacional favorito de Evelyn Matthei es el canadiense Mark Carney, el antitrumpista número uno del mundo hoy, férreo defensor de los valores de la democracia liberal. ¿Chile Vamos está con Orban o con Carney hoy?
El gobierno entrante, entonces, le sonríe a Orban (como si eso no fuera un gesto ideológico), mas considera que presentar a Bachelet a la ONU eso sí que es ideológico, “una avivada”, un “amarre”, casi como si ella fuera una “apitutada” que se quiere quedar después del 11 de marzo.
Los términos usados son una falta de respeto a la trayectoria de Bachelet y a lo que representa para Chile y su historia. Un ninguneo que al Socialismo Democrático -de donde viene y es Bachelet- le será muy difícil de soslayar. No solo al SD: si alguien ha unido a la centroizquierda y la izquierda es su figura; de ahí las eternas peregrinaciones para que fuera la candidata única del sector en la pasada elección. El ninguneo a Bachelet es un pegamento muy fuerte, especialmente para un progresismo que está confundido y con tendencias hacia la balcanización.
Bachelet, además, es apoyada por personas más allá de su órbita política, como esas miles de mujeres con la banda. Para muchos, sería un orgullo nacional que fuera la líder de la ONU y así, por lo demás, deben ser vistas estas candidaturas a altos cargos de organismos internacionales. El gobierno de Boric cometió un gran error al no respaldar la candidatura de Claudio Grossman, de trayectoria, prestigio y mérito, para la Corte Internacional de Justicia de La Haya. ¿Lo repetirá el nuevo gobierno?
El presidente electo debe pensar bien en el sentido -y en el costo- que tendría sacarle la “banda” -o la posibilidad de esa banda- a Bachelet.
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