Claudia Sanhueza

Claudia Sanhueza

Economista

Opinión

Básico: igual dignidad

Andres Perez/ La Tercera

Son varias las grabaciones de eventos en los cuales se revela el maltrato social en Chile. Éste fue bien caracterizado por el informe Desiguales (PNUD, 2016), que consideró el tema altamente relevante para el estudio de la desigualdad en nuestro país.

Cuando hablamos de maltrato social, de lo que hablamos es de atropellos a la dignidad, la cual fue jurídicamente reconocida por primera vez en la Declaración Universal de DD.HH. (1948): “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Esto es, que las personas tienen igual valor, solo por el hecho de ser personas, independiente de quiénes sean, de dónde vengan, cómo sean y cuánto tengan y, por tanto, que se merecen el mismo respeto y ser titulares de iguales derechos.

Ahora bien, a pesar de que el Art. 1° del Cap. 1 de la actual Constitución de Chile establece que “las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, 41% de los entrevistados en la encuesta PNUD-DES 2016 experimentó tratos irrespetuosos o indignos en Chile; es decir, reportan haber sido ofendidos, pasados a llevar, mirados en menos, tratados injustamente, discriminados o tratados violentamente. Dentro de los más afectados está la población perteneciente a pueblos indígenas (54%), con alguna discapacidad física (48%), y las personas pertenecientes a las clases sociales más bajas (50%). Los datos muestran que las personas con estatus subjetivo de clase social más baja tienen la más alta probabilidad de sufrir experiencias de maltrato; que hombres y mujeres reportan malos tratos con una alta frecuencia, pero por razones y en contextos distintos: que las mujeres reportan como factor tanto la clase social como ser mujer, mientras que para los hombres, el género no es un factor; que las clases altas se saben respetadas: más del 80% de las personas pertenecientes a las clases medias/altas intentan hacer valer sus derechos, y alrededor del 40% de las “clases bajas” dicen que, incluso si lo intentan (60%), “nunca” o “casi nunca” logran hacer valer sus derechos.

Los datos muestran que lejos el principal motivo de maltrato social es la clase socioeconómica, y que en segundo y tercer lugar están aspectos íntimamente ligados con ésta, como son el lugar donde vive y la ocupación o trabajo. El informe es concluyente: Chile es un país clasista, y este clasismo gatilla experiencias de menoscabo y discriminación de variada intensidad.

Finalmente, este informe revela de manera clara que las personas en Chile no toleran más este trato desigual; produce rabia, irritación y molestia, más que la desigualdad de ingresos, la cual, de hecho, parecen tolerar. Lo que no toleran más es que alguien los pueda discriminar, menoscabar, ofender o faltar el respeto, solo por tener una posición más alta en la escala social. Lo que demanda la sociedad chilena es básico: igual dignidad.

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