Boric y la paridad



Por Alejandra Sepúlveda, presidenta ejecutiva de ComunidadMujer

Las mujeres fueron clave en el triunfo de Gabriel Boric y, recientemente, entre sus principales definiciones, el presidente electo prometió un gabinete paritario. Y no solo eso, dijo que su gobierno abrazará la perspectiva de género transversalmente en todo su accionar.

“Los derechos que han conquistado las mujeres mediante la movilización y organización, en particular el movimiento feminista, son irreductibles. Ante ellos ni un paso atrás; tenemos que seguir avanzando y eso nuestro gobierno lo tiene absolutamente claro”, afirmó en entrevista exclusiva a un medio regional.

La primera prueba de esta auspiciosa promesa serán los nombramientos en los ministerios y subsecretarías, frente a lo cual existe expectación, conjeturas y listados de posibles candidatos/as circulando como un juego de apuestas para aminorar la incertidumbre.

Lo más cercano a un gabinete con equilibrio de género lo tuvo el primer gobierno de Bachelet, pero duró poco. E inmediatamente llovieron las críticas respecto de que éste fue más bien fruto del voluntarismo de la Mandataria y no de la real disponibilidad de las mujeres para estar en la primera línea de las decisiones de la República. El mito de la meritocracia en pleno.

Pero, en este nuevo ciclo, las mujeres por fin reclaman para sí mismas el poder, sin ambages, sorteando las barreras y sesgos que experimentan en el ámbito público, pero también en su vida privada, familias, organizaciones sociales y en la esfera laboral (PNUD, 2021).

Desde la elección de la Convención Constitucional, la primera con paridad de género del mundo, los cambios en la representación del sistema político se han acelerado. Las reglas del juego para esa votación única, corrieron el cerco y hoy tenemos a 78 hombres y 77 mujeres redactando la nueva Carta Magna.

No obstante, otros órganos políticos, como el Poder Legislativo, aún están lejos de una distribución de género equitativa. De hecho, del total de 4.029 parlamentarios/as que han pasado por el Congreso desde su formación en 1811, solo el 2,7% (108) han sido mujeres (Hafemann, 2020). Para romper la negativa tendencia, debutaron en 2015 las cuotas de género 60/40 en las candidaturas parlamentarias a nivel nacional. En su segunda prueba de fuego en noviembre pasado, su impacto fue muy positivo en la Cámara Baja, subiendo de un 22,6% a 35,5% de diputadas, mientras que en el Senado, el resultado fue desalentador, pasando de 23,5% a 24%.

Las cuotas de género son útiles, sin duda, pero es clave avanzar hacia medidas que profundicen la representación sustantiva de las mujeres en cargos de elección popular, como la paridad. Ello, junto con la voluntad presidencial para hacer lo propio con los cargos de designación, contribuirá definitivamente a fortalecer nuestra democracia.

Como ha planteado el PNUD, la paridad no solo tiene un gran impacto en la representación, sino también en la deliberación de los contenidos y la mayor cohesión en cómo votan las convencionales, lo que hace vaticinar que ello pueda dar lugar a la primera Constitución feminista de la historia, cuya aplicabilidad sea real.

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