Opinión

Cerebros, celulares y criterio

La nueva ley que prohíbe el uso de celulares durante la jornada escolar, tanto para estudiantes como para profesores, es una medida clara, ya que ordena, delimita y responde a una preocupación social evidente.

Muchas veces el teléfono convierte a los estudiantes en cautivos de una notificación, y la atención se fragmenta; sin embargo, también es cierto que estos dispositivos pueden apoyar estrategias pedagógicas y favorecer habilidades, por ejemplo, cuando permiten buscar, contrastar y analizar información de manera crítica.

Por eso, como especialista en neurociencia educativa me incomodan las soluciones simples frente a problemas complejos. El desafío no es solo retirar el dispositivo, sino preguntarnos por qué necesitamos hacerlo. Si los buenos resultados de aprendizaje dependen exclusivamente de esta prohibición, entonces el problema es más estructural que tecnológico.

Sabemos que el cerebro se desarrolla progresivamente y que, en la adolescencia, es sensible a la recompensa inmediata. Es una etapa crítica: si no orientamos estos procesos, difícilmente se fortalecerán habilidades como la autorregulación. Reducir estímulos puede favorecer la memoria de trabajo, pero la autorregulación se aprende enfrentando el desafío, no solo eliminándolo. Es como pretender aprender a nadar sin entrar al agua.

El cerebro necesita practicar el “freno” frente a la distracción para fortalecer su voluntad.

Además, los docentes enseñamos en contextos de alta diversidad, con múltiples demandas emocionales y cognitivas. Hoy se espera un profesorado inclusivo, digital y flexible, capaz de regular el entorno de aprendizaje, pero para responder a estas exigencias sin dejar de innovar necesita apoyo y acompañamiento.

Lo que haga la diferencia no será la ley, sino cómo cada profesor/a conoce su aula, a sus estudiantes y su contexto. Por eso, más que celebrar o rechazar la ley, el verdadero desafío es pedagógico y formativo. Regular puede ser necesario, pero si no enseñamos el porqué, si no sensibilizamos y si no formamos criterio en estudiantes, y también en docentes, estaremos gestionando síntomas, no causas.

Por Verónica Pantoja S., directora Magíster en Neurociencias de la Educación. Universidad Mayor.

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