Coalición



Por Pauline Kantor, exministra / Evópoli Mujer

Mucho se ha hablado en estos días sobre lo que es hacer buena política. Esa política que permite a países avanzar, que sus ciudadanos se sientan escuchados, pero también cuidados. Esa política que sabe combinar las visiones técnicas y racionales con la realidad y problemáticas del diario vivir. Esa política que funciona en base al diálogo, a las alianzas y las coaliciones. Tristemente una política que se ha ido esfumando.

Por ello, cuando vemos acciones concretas como la renuncia del presidente de Evopoli, Hernán Larraín, es necesario entenderla en su profundidad.

Nadie deja un cargo directivo, donde está bien evaluado por sus bases por los logros obtenidos, y que junto a un sólido equipo interno han podido robustecerlo y dotarlo de una estructura más consistente.

El rol de los partidos que acompañan al gobierno de turno es clave; porque justamente son los que empujan y ayudan a materializar el programa que se busca implementar y al mismo tiempo defender los principios y valores del tipo de sociedad que promueven. Es así como todo ese esfuerzo compartido que se hizo por ganar la elección, convierte a la Moneda en su casa también. Ahí deben estar para darle sustento y gobernabilidad al Ejecutivo.

Pero, ¿qué pasa cuando se rompen las confianzas; cuando las reuniones se convierten en pasadas de cuentas; cuando no se quiere ver lo que está pasando debajo de la alfombra; cuando no se logra ni armar un plan de acción?

En simple: se está frente a un callejón sin salida, donde definitivamente algo huele mal. Cuando eso le pasa al Presidente, los cambios de gabinete suenan con fuerza, cuando le pasa a un equipo de futbol, piden la cabeza del DT, y qué sucede cuando los presidentes de los partidos, se dejan de coordinar, se dejan de mirar a la cara y dejan de tener la legitimidad para poner orden en sus filas.

Es ahí donde las palabras de Hernán Larraín cobran fuerza: “demostrar con hechos que parte un nuevo ciclo. Es rol nuestro dar gobernabilidad y no hemos estado a la altura”. Aquí no hay dobles lecturas, se asumen errores y se deja la cancha despejada para armar un nuevo equipo.

Lo que resulta más difícil de comprender son las respuestas de sus pares, de no asumir que tienen un sismo interno y que bien pueden ser parte del problema. El presidente de RN, Mario Desbordes, calificó la renuncia como “rara” y señaló que “la responsabilidad de un presidente de partido cuando se producen crisis no es renunciar”. Así como Jacqueline Van Rysselberghe, tiró la pelota al corner con un “hay que esperar que Evopopli reordene sus filas”. E insisten que es una movida para proteger a sus ministros, porque ellos sí pueden recomponer la coalición.

Sin embargo, los hechos apuntan en otra dirección. El cambio de gabinete se ve inminente y tanto la UDI como RN atraviesan por momentos complejos al interior de sus colectividades, la UDI con un rostro fuerte como Lavín apoyando el retiro del 10 por ciento y a favor del apruebo, que ahora suma a tres senadores despegados del partido. Y en RN las divisiones crecen, el liderazgo de Desbordes internamente para algunos comienza a hacer agua, cada vez más bancadas y menos visiones compartidas. Mientras el nombre de Allamand se vuelve a fortalecer al lado de quienes defienden el ADN del partido.

La pregunta cae de cajón: ¿Quién vuelve a poner el centro de gravedad, para navegar en los 18 meses que quedan y ganar la próxima elección?

El panorama que viene exige un trabajo en equipo como el que nos llevó a ser campeones de América. Hoy tenemos una oposición que encontró la forma de gobernar por un lado, a través de resquicios constitucionales, utilizando el concepto de transitorio, y por otro, ofreciendo a la calle soluciones inmediatas pero reconocidas como malas y dañinas para el futuro, que han encontrado eco en parlamentarios oficialistas que no los conflictúa apoyar proyectos inconstitucionales.

La presidenta de RD, Catalina Pérez, lo dijo con todas sus letras en Mesa Central: “hoy día está gobernando el Parlamento”. Si eso no es responsabilidad de los DT de cada partido de Chile Vamos, entonces ¿qué es?

El tiempo no espera, la oposición se empieza a encumbrar y los partidos del oficialismo necesitan recuperar esa fuerza, convicción y mística que los llevó a la Moneda, con capacidad de liderar, encontrar soluciones y una gran cuota de generosidad para trabajar unidos, sortear con éxito el extenso calendario electoral que se viene por delante y evitar que la democracia se ponga en jaque. Los tiempos de los lobos solitarios ya no existen.

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