Columna de Ascanio Cavallo: ¡Boric!

Gabriel Boric, candidato presidencial de Apruebo Dignidad.



No importa cuál sea el número de competidores, todas las elecciones tienen un eje principal. Ese eje, esta vez, es Gabriel Boric.

Las razones son incontables. Una: es el candidato más joven desde la restauración de la democracia. Dos: para muchos fue la sorpresa de la primaria del pacto Apruebo Dignidad, que además fue la sorpresa de la jornada de primarias. Tres: siendo una figura fundacional del Frente Amplio, ha mostrado fortaleza de criterio para moverse en ciertas ocasiones críticas a contracorriente, que es la manera en que la forma se separa del fondo, metafóricamente hablando. Cuatro: ha puesto en movimiento -acaso sin desearlo- la tolerancia del PC y de la ultraizquierda. Quinta: el viernes se convirtió en el primer candidato agredido.

Está claro que entre los comunistas, como en cualquier grupo humano, hay algunos que no saben perder y, en consecuencia, tampoco saben administrar la derrota. Aunque la directiva de Guillermo Teillier va en la dirección contraria, no son pocos los militantes públicos que han exhibido su irritación ante el triunfo excesivo de Boric sobre su contendor. Teillier les ha ofrecido la explicación corta, lo que llama “el anticomunismo”, pero de seguro sabe que eso no es todo. De cualquier modo, si así fuera, quiere decir que el PC seguiría teniendo dificultades para sustentar una candidatura propia o incluso asumir protagonismo en una ajena. Menudo problema.

Pero quizás, más que el disgusto con Boric, lo que está tensando al PC es su grado de proximidad con la Lista del Pueblo, cuyos representantes han expresado de distintas maneras su inconformidad con Boric, el Frente Amplio y cualquier cosa que les suene “amarilla”. Hay que poner representantes entre comillas, porque la Lista del Pueblo también está sometida a tensiones internas y aun no es posible saber si en dos meses más tendrá el mismo número de convencionales. Como quiera que sea, la amenaza de “amarillismo” parece estar más allá de lo soportable para algunos comunistas.

En su trayectoria histórica, el PC nunca tuvo dudas sobre lo que debía hacer con lo que estaba a su izquierda. Seguía en esto también las lecciones de Lenin. Hasta ese giro crucial de comienzos de los 80 que fue su “política militar” y que lo empujó a buscar amplias alianzas no sólo con los grupos ultras, sino también con violentistas de todo tipo. Salir de ese enredo le costó el fraccionamiento del FPMR y un largo ejercicio de disciplinamiento, cuya expresión más redonda fue su ingreso a la Nueva Mayoría de Michelle Bachelet. Entremedio tuvo el derrumbe de la Unión Soviética, que el PC chileno soportó bastante mejor que sus pares de casi todo Occidente.

Ahora el problema es que la Lista del Pueblo no sólo rechaza a Boric, sino que le ha declarado la guerra. Y lo ha hecho con argumentos proporcionados por Jadue, sólo que convertidos en consignas y actos violentos, lo que confirma el valor del buen criterio en el uso de la palabra. ¿Dónde se puede situar el PC en esa disyuntiva? Dentro de muy poco, administrar la ambigüedad no será suficiente.

La línea definitoria pasa por la forma de entender la situación actual, tanto la discusión constitucional como el proceso electoral: ¿Es el producto del 18-O o del plebiscito del 20 de octubre de 2020? Con la primera convicción, el país está viviendo la continuación de la revuelta por otros medios. Con la segunda, está en un proceso institucional que ha canalizado las furias desatadas en octubre. Boric estuvo en lo segundo, a diferencia de sus socios.

Estas interpretaciones divergentes hacen más difícil conciliar no sólo una lista parlamentaria, sino también un proyecto y un programa. Por eso es tan obvio que habrá un esfuerzo por aniquilar la candidatura de Boric, por apretarla desde la izquierda hasta retirarle esa identidad.

Este es un nuevo escenario para las expectativas de Unidad Constituyente, que debe dirimir su participación entre dos candidatas que, como se ha hecho notar, muestran más afinidad que rivalidad con Boric, y un candidato que también debe buscar su espacio. Si la ofensiva destructiva contra Boric tiene éxito, crecerá el ancho electoral de Unidad Constituyente.

Pero como la política es dialéctica, las posibilidades que realmente pueden aumentar ante el zafarrancho de la izquierda son las de Sichel, que hasta este momento está en la mejor posición para expandirse hacia el centro. Las condiciones son dos: 1) que Unidad Constituyente emerja con una candidatura que sea percibida a priori como perdedora, y 2) que Boric siga siendo sometido a una presión agresiva desde su izquierda, sin importar (casi) cómo la maneje.

Sichel tendrá que observar a Boric.

Es lo que ya está haciendo todo el país, midiéndolo, calzándolo, examinándolo y tratando de formarse una imagen -siempre algo verdadera y mayormente falsa- de qué es lo que lleva por dentro.

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