Columna de Constanza Schonhaut: Chile no puede seguir esperando



Algunos, de manera coordinada, han querido instalar la idea de que la propuesta que votaremos el 4 de septiembre se trata de una “Constitución mal hecha”, “con rabia” o “extremista”. Para eso, repiten estas ideas incesantemente en medios y redes sociales. Una simplificación del debate que esquiva la discusión de fondo: cómo queremos organizar el poder y distribuir los enormes recursos de nuestro país.

La discusión sobre si la Constitución está “bien o mal hecha” responde más a estrategias de marketing electoral que a lo que realmente hay detrás: distintas visiones sobre el rol del Estado, la forma de garantizar derechos y frenar los abusos. Por eso, mientras algunos la tildan de mamarracho, más de 40 economistas internacionales de renombre, como Mariana Mazzucato, Thomas Piketty y Ha-Joon Chang plantean que “la nueva Constitución fija un nuevo estándar global en respuesta a las crisis de cambio climático, inseguridad económica y desarrollo sustentable” y que “las disposiciones económicas de la Constitución representarán un gradual, pero sustancial avance para la gente de Chile”.

Lo que tenemos son distintas visiones sobre cómo abordar las demandas sociales y los desafíos del siglo XXI. Por eso, mientras algunos la tildan de radical, más de 200 destacados académicos de 40 países del mundo afirman que “el proyecto constitucional chileno establece una estructura normativa interna robusta”; y cuatro premios nacionales de educación afirman que en la propuesta “se establecen aspectos que constituyen un paso fundamental para contribuir a la generación de un país realmente democrático”.

En un proceso que exigía mayorías de dos tercios, lo que hubo son distintas visiones sobre cómo recoger el sentido de urgencia, las discriminaciones históricas y la necesidad de certezas de la ciudadanía. Y así, mientras algunos hablan de privilegios, más de 700 profesionales de la ingeniería de nuestro país manifiestan que “es la mejor alternativa para el futuro del país, para las niñas y niños, para la juventud, para los adultos mayores, por un Chile inclusivo, paritario y respetuoso con el medio ambiente y que permitirá un desarrollo armónico del extenso territorio del país en toda su rica diversidad”.

Lo mal hecho, lo que pudiera despertar verdaderamente encono en nuestra sociedad, lo verdaderamente extremista, sería seguir desatendiendo las señales que ha dado nuestra sociedad para hacer cambios urgentes y estructurales en nuestro acuerdo de convivencia política y social. Como todo proceso político, los ajustes y mejoras deben ser un continuo. De eso se tratan los procesos constituyentes, de habilitar debates democráticos. La pregunta es cuál es el piso institucional desde el cuál avanzar el día después del plebiscito y no podemos seguir como estamos. Chile no puede seguir esperando.

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