Columna de Gonzalo Muñoz: Un paso adelante



Esta semana, el Presidente Boric y el ministro de Educación presentaron un conjunto de medidas dirigidas a enfrentar las consecuencias socioeducativas de la pandemia. Las acciones anunciadas son muy concretas y se relacionan con los tres principales problemas que provocó la suspensión prolongada de clases presenciales: se conforma un equipo de 1.300 profesionales que trabajarán a lo largo de todo Chile para mejorar los niveles de asistencia a jardines infantiles, escuelas y liceos; se amplía el programa de convivencia y salud mental a las 100 comunas con mayor necesidad de apoyo, en un área que se ha vuelto especialmente compleja para las comunidades educativas en este período; y se pone en marcha una estrategia dirigida específicamente a revertir el rezago en el aprendizaje de lectura entre 2do y 4to básico, por medio del despliegue de 20.000 tutores, entre otras varias acciones. Estas y otras medidas fueron complementadas con la creación de un “Consejo para la Reactivación Educativa”, instancia plural que monitoreará la implementación del plan y propondrá medidas adicionales.

Dos cuestiones son especialmente valiosas en este plan y deben seguirse con atención. En primer lugar, se trata de iniciativas masivas que llegan a una parte importante del sistema educativo y en cuya puesta en práctica se produce una articulación entre múltiples actores, sumándolos a esta tarea de Estado. Así ocurre por ejemplo con las universidades que participan en la ejecución del programa de convivencia, o con los municipios con quienes se trabajará en conjunto para revincular estudiantes y promover su asistencia a clases. En segundo término, el plan contempla diversos mecanismos de información y retroalimentación que entregan datos útiles y oportunos a las comunidades, para que ellas definan los cursos de acción más pertinentes. Ejemplos son la provisión de un instrumento formativo para realizar un diagnóstico en lectura y los reportes que el Mineduc está entregando a los colegios con información pormenorizada de los estudiantes excluidos o en situación de riesgo.

Por cierto, el Plan de Reactivación Educativa debería entenderse como una política dinámica, que cuente con la capacidad de ajustarse, fortalecerse y proyectarse en el tiempo. Medidas estratégicas suplementarias serían: i) establecer, con participación de los actores del sistema educacional, un set de objetivos/metas nacionales, regionales y locales que ayuden a movilizar a todos los agentes en esa dirección; ii) proveer a las escuelas y sus sostenedores recursos adicionales -por un período acotado de tiempo- para que puedan desarrollar acciones que el financiamiento regular no les permite realizar y iii) visibilizar y acompañar de forma prioritaria a los proyectos educativos que en este complejo escenario están innovando pedagógicamente, colaborando con otros y mostrando el camino que la educación chilena debiera seguir en el futuro.

En momentos en que parte importante del debate educacional se centra en temas que generan una fuerte controversia, pero poco tienen que ver con el cambio educativo sustentable -como la selección de estudiantes o el puntaje que obtiene el 1% de los establecimientos educacionales en una determinada prueba-, el Plan de Reactivación Educativa es una oportunidad única para configurar una base de acuerdos de largo plazo en torno a cómo mejorar la calidad y la justicia educativa en Chile.

Por Gonzalo Muñoz Stuardo, Facultad de Educación, Universidad Diego Portales

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