Columna de Joaquín Trujillo: Neojurásico chileno



Por Joaquín Trujillo, investigador del Centro de Estudios Públicos

-A ver si nos entienden de una buena vez. Cuando nosotros gobernemos Chile se acabará la violencia. No será necesario reprimirla: nuestra sola aparición la hará innecesaria. Así, poco a poco, iremos recuperando la paz y la seguridad. Como el país sabe que somos más legítimos, más representativos, amigables y comprensivos, ocurrirá una reacción virtuosa. Es que no hay otra alternativa. O nosotros o el desastre. ¿Que hemos justificado la violencia? Para nada. Hemos dicho repetidas veces que ella es estructural, que funda y recorre toda la sociedad, y que su expresión narco-pirotécnica no es sino la punta del iceberg. Decirlo no es justificar, es dimensionar la profundidad del problema. ¿Que disfrutamos de esa violencia estructural? Bueno, eso también puede explicarse. Pedirnos que seamos libres de ella equivale a exigir que nos hagamos ermitaños. Si no nos beneficiamos alguien peor lo hará. ¿No es acaso mejor que seamos nosotros y no ellos? Claramente, podemos dar a ese poder un fin loable. Y cierto, mientras el sistema no cambie de cuajo, ¿por qué tendríamos que sacrificarnos individualmente contra él y en nuestro perjuicio, sin logro seguro? Cambiemos el sistema para que éste nos cambie a nosotros. Prohibamos, por interés y ley, la maldad, de tal suerte que no seamos nosotros los que debamos abstenernos de nada grato.

¡Ah, qué emoción! El pueblo nos ha dado su confianza. Nunca pensamos que sería tan pronto, pero ¿qué importa? También habíamos dicho que el pueblo debía representarse a sí mismo, sin intermediarios y, al final, a pesar de no proceder de sus barrios, nos hemos transformado en los mejores gestores de sus intereses. ¿Igual que en el despotismo ilustrado? No, pues no llevamos pelucas empolvadas sino poleras que reflejan nuestras ideas.

Y bueno, como venía diciendo… ha llegado el momento de cambiar las cosas. Por fin somos gobierno. ¡Oh, no! Subsisten los problemas. Sin duda no será tan fácil enderezar este torcido estado-nación. En primer lugar, porque necesitamos una ley que nos facilite el trabajo (¿podríamos acaso cumplir nuestras promesas con la que tenemos?) Ella fue escrita para que, si ganábamos, no lográsemos hacer nada. Por lo tanto, requerimos una que nos acomode, una que se ajuste perfectamente a nuestro escultural cuerpo. Y en segundo… todos sabemos eso, ¿no? Que los interesados en preservar el statu quo intentan lo inconfesable a fin de ponernos en aprietos. Ellos buscarán dejarnos como inexpertos, ilusos e hipócritas para que su pericia, conformismo y cinismo sigan siendo la opción. Eso explica que se nos haga cuesta arriba.

¡Ay! ¿Qué es esto? ¡Por todas partes aparecen monstruos extintos! Tiranosaurios, estegosaurios, tricératops, y cuántas otras especies. ¿No estaban fosilizados? Pareciera que alguien nos hubiese abandonado en Jurassic Park. Es verdad que nosotros queríamos recuperar mundos ancestrales, pero nunca quisimos llegar tan lejos. Qué difícil es en este país. Uno quiere lo mejor para él, pero él no para uno.

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