Columna de Sebastián Izquierdo: Pensiones, el valor de los acuerdos

Aton Chile

Está claro que la urgencia de una reforma no debe llevarnos a decisiones apresuradas. El verdadero valor de un acuerdo radica en su capacidad para generar un cambio duradero y efectivo. Avanzar en este tema es crucial. En política, a veces, perder es ganar.



En los últimos años, Chile ha presenciado un viaje interminable de comisiones y debates parlamentarios sobre la reforma de pensiones. Todos han quedado a la deriva o naufragados. Hoy, nos encontramos nuevamente en la misma encrucijada: una necesidad apremiante de mejorar nuestro sistema de pensiones y la omnipresente sombra de la discordia política que nos impide avanzar.

Las tasas de reemplazo en nuestro sistema de pensiones no cumplen con las expectativas, especialmente para la clase media, dejando a muchos chilenos vulnerables al jubilarse. Este debate es vital y no solo afecta a los jubilados; todo está conectado. La tasa de cotización es baja y, más allá de la seguridad social, es crucial que el ahorro y la inversión impulsen el esquivo crecimiento económico. Esto generará más y mejores empleos, con sueldos que permitan ahorrar más. Como resultado, obtendremos un mercado de capitales más sólido, posibilitando algo tan esencial como que los jóvenes accedan a su primera vivienda. Y otros tantos efectos insospechados.

El sistema actual es insuficiente y el problema se agrava cada día, creando una bomba de tiempo; necesitamos actuar ya. Con las elecciones a la vuelta de la esquina y un gobierno que está en la recta final de su mandato (las encuestas sugieren que el próximo difícilmente será liderado por el Frente Amplio, más bien se pronostica un clima de revancha), el contexto político se complica. Sin embargo, esto no es excusa para que una discusión no sea viable. Es más, si no se aprovecha la actual ventana, el próximo gobierno enfrentará un escenario aún más polarizado.

Se suponía que el clima de confrontación estaba quedando atrás. Lamentables fueron los ataques de la semana pasada, cuando la ministra del Trabajo, siguiendo el clásico guion de señalar un enemigo, apuntó a las AFP como responsables de no llegar a un acuerdo, cuando la verdadera discordia radica en la distribución de los seis puntos adicionales de cotización, donde las administradoras no tienen nada que ver. En lo personal, prefiero quedarme con la cuota de optimismo reciente del ministro de Hacienda, quien expresó: “Creo que nunca hemos estado tan cerca de tener acuerdos”, o la del senador Galilea, quien cree que “hay altísimas probabilidades de votar de aquí a dos semanas en general”. Ahora bien, como advierte el senador Coloma, para votar por algo se requieren detalles, se requieren acuerdos.

Está claro que la urgencia de una reforma no debe llevarnos a decisiones apresuradas. El verdadero valor de un acuerdo radica en su capacidad para generar un cambio duradero y efectivo. Avanzar en este tema, así como en otros que han sido pospuestos, es crucial. En política, a veces, perder es ganar. Ceder en ciertos aspectos puede facilitar un consenso en favor de buscar el beneficio para todos. Adiós a quienes esperan tener en mano un full póker. Es momento de que los políticos, sin importar su partido, reconozcan la importancia de los acuerdos. No podemos permitirnos otra década de inacción. La historia juzgará a quienes tuvieron la oportunidad de actuar y no lo hicieron. Nadie debería levantarse de la mesa. No dejemos pasar esta nueva oportunidad de lograr un acuerdo, mejor dicho, un buen acuerdo.

Por Sebastián Izquierdo, coordinador académico CEP.

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