Columna de Sylvia Eyzaguirre: Educación post-pandemia

KARIN POZO/AGENCIAUNO



Chile se encuentra entre los 20 países del mundo que más tiempo mantuvo cerrado los colegios producto de la pandemia (Unesco 2021), causando un daño tremendo al desarrollo socioemocional y cognitivo de nuestros niños y jóvenes. Mientras los expertos, psicólogos y psiquiatras alertaban sobre los efectos negativos del cierre de escuelas, advirtiendo la crisis de salud mental que enfrentaríamos después de la pandemia, el Colegio de Profesores hizo todo lo posible por torpedear el retorno a las clases presenciales. Así, durante el año 2021 la mayor parte de los establecimientos municipales permaneció cerrada por decisiones políticas de los alcaldes que no se sustentaron en evidencia científica, mientras los colegios particulares pagados retornaron a la presencialidad igual que en el resto del mundo.

El daño causado aún no es cuantificable, pues este no solo causó un deterioro de la salud física y mental de los niños, sino también rezagos en los aprendizajes, pérdida de hábitos de estudio y sociabilización, aumentando de forma preocupante el número de niños que desertaron del sistema escolar y el ausentismo crónico escolar, que es el estadio anterior a la deserción.

¿Cómo han enfrentado los países esta crisis? La primera medida que se observó en la experiencia internacional fue la premura para volver a la presencialidad. “Los últimos en cerrar y los primeros en abrir” fue el lema en la gran mayoría de los países desarrollados, especialmente para los niños más pequeños. En segundo lugar, los distintos países han puesto en marcha políticas para la recuperación de aprendizajes. Las medidas son muy diversas entre países, pero se observa una preocupación por aumentar las horas de clases. Algunos países abrieron los colegios los días sábados en las mañanas, otros extendieron la jornada escolar, otros han concentrado sus esfuerzos en los niños que presentan mayor rezago, etc. En base a diagnósticos certeros basados en mediciones y políticas efectivas para abordar los rezagos, Japón recientemente declaró que ya había cerrado la brecha de los aprendizajes que produjo la pandemia.

¿Y nosotros en qué estamos? Esta semana se tomó por primera vez el Simce después de la pandemia. Esta medición permitirá conocer las brechas en aprendizaje no solo a nivel nacional, sino también por establecimiento y aula. Con esta información el Ministerio de Educación podrá diseñar una política que sea pertinente para las distintas realidades de nuestro sistema escolar en base a evidencia. Como nunca antes la flexibilidad en la implementación de una política de reactivación de aprendizajes será clave, pues es altamente probable que los resultados muestren niveles altísimos de heterogeneidad entre e intra escuela. Ello contrasta de forma dramática con el proyecto de ley que hoy se discute en el Congreso, que prohíbe la “libre disposición” de las horas de libre disposición. Estas horas son las únicas que los establecimientos disponen para desarrollar su propio proyecto educativo y entregar un sello diferenciador. El proyecto de ley en cuestión prohíbe el uso de estas horas en asignaturas obligatorias, es decir, un establecimiento no podría destinar estas horas a fortalecer el inglés, artes plásticas, música, deporte, ciencias o historia. Es más, en un momento tan dramático como el que estamos viviendo, donde un porcentaje abrumador de niños de 4° básico no sabe leer, los colegios no podrían destinar sus horas de libre disposición a lenguaje o matemática. Por otra parte, se propone mantener la priorización curricular hasta 2025, incluso para los niños más pequeños que se incorporarán en los próximos años al sistema escolar. ¿Qué estamos haciendo para atacar el ausentismo crónico, qué les estamos ofreciendo a los niños que desertaron? ¿Qué herramientas tendrán los colegios para reducir las brechas si ni siquiera tendrán horas de libre disposición? Preguntas sin respuestas.

Por Sylvia Eyzaguirre, investigadora CEP

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