¿Cómo saldremos de ésta?

Los inversionistas estiman que los océanos serán una de las inversiones más relevantes de aquí a 2030. Foto: © Justin Hofman / Greenpeace



Por Alex Muñoz, director para América Latina de National Geographic Pristine Seas

Estamos en medio de la tormenta perfecta. Hoy confluyen tres crisis globales: pérdida acelerada de biodiversidad, cambio climático y Covid-19. Los problemas con que debíamos lidiar ahora se han potenciado y nos sentimos en un laberinto. ¿Cómo saldremos de ésta?

Como nos metimos, está más claro. El coronavirus se transmitió de animales a los humanos a través del comercio de animales salvajes que portaban el virus. Pero esto es solo un botón de muestra de nuestra mala relación con el mundo natural y que explica la triple crisis. Hemos alterado completamente el balance en la tierra y las consecuencias se están sintiendo.

En el océano, hemos depredado a más del 90 por ciento de los grandes peces como tiburones y atunes. Dos tercios de las pesquerías están sobreexplotadas o incluso agotadas. La pesca de arrastre no solo destruye el hábitat de miles de especies, sino que libera el dióxido de carbono capturado en el fondo marino.

En la tierra, la deforestación el año pasado fue de 3,6 millones de hectáreas de bosque tropical primario –el equivalente de cuatro canchas de fútbol por minuto. Las selvas tropicales almacenan grandes cantidades de carbono, por lo que mantenerlas intactas es crucial para combatir el cambio climático. Los hábitats de especies salvajes han sido invadidos por la presencia humana a través la expansión de las ciudades, la agricultura y la ganadería, y los mercados.

El deshielo del Ártico y la Antártida se acelera sin precedentes. En Chile, los glaciares se derriten por el aumento de la temperatura y la acción de las mineras.

Si bien las imágenes de animales salvajes recorriendo las calles y cielos limpios han ilusionado con el rebrote de la naturaleza, el peor riesgo ambiental que corremos hoy es el efecto rebote, volviendo a un estado peor que el pre Covid-19.

La buena noticia es que no hay contradicción entre actividad económica y preservación de la naturaleza. Un buen ejemplo es la pesca. ¿Cuántas veces se nos dijo que los parques marinos iban a perjudicar al sector pesquero al prohibir la pesca? ¡No señores! Estos parques marinos harán posible la pesca! Pescar hasta estrujar el océano durante los últimos 50 años solo condujo a más pobreza, menos empleos y mayores costos de operación de la flota para capturar menos que antes. Esto se aplica a todas las actividades que dependen de la naturaleza.

En tiempos de incertidumbre, los buenos líderes son capaces de identificar los grandes desafíos por delante y proponer una nueva agenda para abordarlos. La urgencia del coronavirus es muy justificada y requiere una gran dedicación de nuestra parte. Sin embargo, no podemos descuidar otros problemas igual de trascendentes.

El desafío mayor es, sin duda, volver a tener un planeta en balance. Esto pasa por contener el cambio climático eliminando los combustibles fósiles, proteger la biodiversidad en la tierra y en los océanos, cambiar a una agricultura que restaure los suelos en vez de degradarlos, reducir drásticamente la industria de la carne, y frenar la contaminación y mal uso de las aguas.

La lista es colosal, pero existe una forma concreta de abordar todos estos temas al mismo tiempo, a través de un objetivo que dará un horizonte común a nuestra política y vida colectiva en los próximos años: .

Científicos de reconocido prestigio señalan que necesitamos la mitad del planeta en su estado natural para evitar la extinción de un millón de especies, mantener el aumento de temperatura debajo de 1,5° C y proteger a todas las personas que dependen de la naturaleza para sobrevivir y prosperar. Y debemos comenzar protegiendo el 30% del planeta para 2030 a través de parques nacionales y otras áreas protegidas. El otro 20% debe permitir solo actividades económicas manejadas responsablemente.

Este año, o el próximo si el coronavirus lo dispone, tenemos la oportunidad de lograr que los gobiernos de todo el mundo acuerden proteger al menos el 30% de la tierra y el océano del planeta para 2030, y preservar los ecosistemas y la vida silvestre intactos en la Cumbre COP15 de la Convención sobre Biodiversidad en China.

Chile no puede estar ausente. Desde el Presidente, la clase política y todos nosotros debemos estar en un mismo barco para lograr este gran cambio que nos permita proyectarnos al 2050. En esta época de crisis, el liderazgo, la claridad y la colaboración son más importantes que nunca.

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