Opinión

Créale a Trump

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La columna del fin de semana pasado, horas después de la acción militar de Estados Unidos en Venezuela, se titulaba “El patio trasero”, y mostraba a un imperio actuando a sus anchas en un continente que considera, con una mezcla de soberbia y desprecio, de su propiedad.

Muchos se enojaron. Una frase así era una exageración y una falta de respeto con las acciones del “liberador” de Venezuela.

Dos días después, el Departamento de Estados Unidos publicó una nota de prensa titulada “Este es NUESTRO hemisferio”, que dice textualmente que “Estados Unidos usará todas las herramientas para erradicar amenazas de nuestro patio trasero”.

No me crea a mí. Créale al Departamento de Estado.

También decíamos que esta era el regreso de la “Doctrina Monroe”, en que Washington se asigna el derecho a intervenir a su antojo en ese “patio trasero”.

Esta doctrina fue complementada con un “corolario Trump” en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, publicada por la Casa Blanca el 4 de diciembre. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dice el documento oficial.

Este miércoles, el ministro de Guerra de Estados Unidos (acaba de cambiar el nombre de su ministerio, de “Defensa” a “Guerra”) compartió en su cuenta oficial una caricatura en que Trump blande un garrote con el nombre “Doctrina Donroe” (mezcla de Donald con Monroe) mientras aplasta con sus pies los extremos del continente: el pie derecho pisa Alaska; el izquierdo, nuestro Cono Sur.

No me crea a mí. Créale al ministro de Guerra.

Decíamos que la captura del dictador Nicolás Maduro no tenía que ver con el narcotráfico, y que toda la campaña sobre un supuesto Cartel de los Soles que él lideraría, no era más que propaganda. Esta semana, el propio Departamento de Justicia, que ahora tiene que presentar un caso judicial creíble contra Maduro, eliminó cerca de 30 alusiones al fantasmagórico “Cartel de los Soles” de la acusación.

Ahora sólo lo describe como un “sistema clientelar” y una “cultura de la corrupción” enquistada en la dictadura venezolana.

No me crea a mí, créale al Departamento de Justicia.

Y así se evita hacer el ridículo, como los once senadores chilenos que, el mismo día que se conocía la rectificación de Estadios Unidos, votaron a favor un proyecto de acuerdo para declarar “organización terrorista internacional” al ficticio cartel (no lograron el quorum para aprobar la declaración).

Decíamos que el ataque de Trump no tenía nada que ver con la democracia, y todo que ver con el petróleo. En los días siguientes, Trump respaldó al régimen chavista ahora liderado por Delcy Rodríguez, ninguneó a la líder de la oposición María Corina Machado, repitió una y otra vez que no habrá elecciones, y que él (ahora aliado con la dictadura chavista) controlará Venezuela “por años”.

“Nos hemos apoderado de todo un país. Nos hemos apropiado de 4.000 millones de dólares en petróleo en un solo día”, brama. Y ya anunció la entrega de 50 millones de barriles de petróleo venezolano a Estados Unidos. Ese petróleo, según anunció Trump, “será vendido y el dinero será controlado por mí”.

Lo dice Trump. No me crea a mí. Créale al zar del petróleo.

Dijimos que, como esto no tiene nada que ver con la democracia, con el narco ni el terrorismo, el próximo blanco puede ser cualquiera. En los días siguientes, Trump amenazó con ataques militares a Colombia y México, y anunció que tomará, por la fuerza si es necesario, la isla de Groenlandia, parte de Dinamarca.

“Si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”, anunció Trump.

¿Habrá que liberar a los groenlandeses de la narcodictadura danesa, que amenaza al mundo con sus Legos y otras armas de destrucción masiva?

Dinamarca y Estados Unidos son ambos parte de la OTAN. Según el Artículo 5 de ese tratado, un ataque contra uno de los firmantes es considerado como una agresión contra todos sus miembros.

O sea, de acuerdo a sus compromisos internacionales, si Estados Unidos ataca Dinamarca, será un ataque de Estados Unidos contra Estados Unidos, el que, como miembro de la OTAN, debe repeler ese ataque de Estados Unidos. Por cierto, esos compromisos son ya solo papel mojado.

No me crea a mí, créale al dueño del mundo.

Hemos dicho durante todo este año de locura trumpista, que el planeta entero está en riesgo y especialmente quienes vivimos en “SU” hemisferio. Si Trump está dispuesto a invadir a un país de la OTAN, ¿qué seguridad tenemos los habitantes de su “patio trasero” si un día se despierta con apetito por cobre, litio, reservas de agua dulce o la Antártica?

Esta semana, su íntimo asesor Stephen Miller dijo que “el mundo se rige por la fuerza” y que “nadie va a enfrentarse militarmente a Estados Unidos” cuando invada Groenlandia o cualquier otro territorio.

Al propio Trump se lo preguntaron esta semana, en una entrevista con el New York Times en el Despacho Oval. Si viola los tratados firmados por su propio país, si bombardea el planeta a su antojo, si considera que todos los recursos de otras naciones le pertenecen, ¿qué valor tiene la ley internacional?

“No necesito la ley internacional”, contestó. Entonces le preguntaron si hay alguna restricción a su poder para hacer lo que le plazca en el mundo. Trump entonces respondió: “Sí, hay una sola cosa. Mi propia moral. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

Trump se está coronando a sí mismo como el tirano del planeta, con todas sus letras. Proclama que nadie está libre de ser alcanzado por su voluntad omnipotente. Y muchos líderes, en el mundo, en América Latina y en Chile, sea por miedo o por estupidez, lo aplauden con entusiasmo de focas amaestradas.

Escuche a Trump. Créale a Trump. Y piense si quiere vivir en un mundo donde palabras como “Patria”, “soberanía” o “derechos” no valen nada. Donde la vida y la muerte de las personas, la independencia o el sometimiento de las naciones, la paz y la guerra de los pueblos, dependen del pulgar hacia arriba o hacia abajo de un solo emperador ebrio de poder.

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