Del chiste machista al femicidio



Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

Son unas exageradas, se quejan por todo; cuando nos va a tocar a nosotros el día de los hombres; ella tiene todo lo que necesita porque yo sé lo que quiere; debería agradecer lo que le doy; nadie cocina como tú; algo habrá hecho para terminar así; cámbiate esa falda, está muy corta; no estudies eso, no es para mujeres; búscate otro deporte, el fútbol es de hombres; no elijas mecánica, necesitas fuerza para las máquinas; si no tienes hijos, no eres completa como mujer; ponte bonita, si quieres que te quiera…

Este 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y aún muchos creen que se trata de un tema que atañe solo a mujeres. Existen diversos tipos de violencia, la invisible y la visible. La que vemos en oficinas, colegios, reuniones familiares, grupos de amigos, en medios de comunicación o en chistes en festivales televisados. Cuando se ríen de ellas con los amigos, las ridiculizan, las anulan y festejan ese humor. El asesinato de mujeres por ser mujeres, el femicidio, que antes se les decía coloquialmente “crímenes pasionales”, es relativizado hasta hoy: “Te mato, porque si no estás conmigo no estarás con nadie”. Según la red chilena contra la violencia hacia las mujeres, hasta hoy se cuentan 48 femicidios, 3 suicidios femicidas y 6 denominados “otros asesinatos por violencia femicida”.

Las mujeres jóvenes, esa generación que empezó a decir no más femicidios, no más violaciones, no más abusos, ni acosos, sufren de violencia habitual que se amplifica en las redes sociales. “Al levantar la voz y luchar por los derechos de sus madres, abuelas, tías, hermanas y amigas son tildadas de feminazis o de locas y exageradas”, le escribió una amiga a mi hija. Tienen 20 años, y se supone que hemos avanzado.

¿Ustedes sufren violencia?, les pregunto a un grupo de mujeres jóvenes. Aquí sus respuestas: “Es violento que tengamos que abortar porque abusaron de nosotras, pero no podemos abortar sin ser juzgadas. Me violenta el acoso callejero, que te griten, miren, por usar shorts o falda; es violento pensar que por ser mujer me van a ver siempre como algo menos; es violento no tener las mismas oportunidades ni seguridad que los hombres; la violencia en el pololeo y el acoso laboral; violencia es que se sientan con el derecho de tocar tu cuerpo porque se les da la gana; es violento tener miedo de no poder hacer cosas que te gustan porque son vistas como de hombres. No está bien que las familias tengan que educar a sus hijas a tener cuidado cada vez que salgan o conozcan a alguien, y esas familias no les enseñen a sus hijos que no está bien tocarlas sin que ellas quieran, que no deben violentar ni controlar a sus parejas, que las mujeres son igual de fuertes y poderosas que ellos.

La violencia la hemos vivido todas, incluso las que dicen que nunca la han vivido. Violentos han sido todos, incluso los que respingan la nariz cuando leen esta nota. Porque violenta ha sido la manera en que crecemos limitándonos -mujeres y hombres- a roles y estereotipos.

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