Juan Ignacio Brito

Juan Ignacio Brito

Periodista

Opinión

Doble estándar

Foto: AFP

La declaración que suscribieron 45 políticos y académicos de izquierda en apoyo de Lula da Silva no pasa un test de coherencia y evidencia un doble estándar que cuesta justificar. Los firmantes piden que Lula participe en las elecciones de octubre. Poco parece importarles que el ex mandatario esté condenado a 12 años de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero; que la sentencia de primera instancia en su contra haya sido ratificada (y aumentada) por la corte de apelaciones; que la “ley ficha limpia” disponga que en Brasil ningún condenado en doble instancia puede postular a cargos de elección popular; que la corte suprema haya rechazado un hábeas corpus para lograr la excarcelación del líder del PT; que Antonio Palocci, uno de los ministros más influyentes del gobierno de Lula, haya confesado que el ex presidente selló un “pacto de sangre” con el empresario Emilio Odebrecht; en fin, que contra Da Silva pesen otras seis acusaciones penales por irregularidades.

Sí les importa, en cambio, que Lula sea “la figura política más relevante y popular del país” y que una elección sin él “podría tener serias impugnaciones de legitimidad”. Según los firmantes, para salvar la democracia brasileña es necesario pasar por encima de los fallos de tribunales. Menuda paradoja.
Advierten que el proceso contra Lula se ha construido sobre “argumentos discutibles”. Pero lo cuestionable es la manera turbia en que actúan Lula y su Partido de los Trabajadores. Esta quedó otra vez al descubierto hace unos días, cuando un “golpe judicial” pretendió forzar la liberación del ex jefe de Estado. La operación involucró a tres legisladores del partido que presentaron un recurso de amparo en favor de Lula, justo cuando correspondía el turno de fin de semana del juez Rogério Favreto, magistrado que militó durante 20 años en el PT y fue funcionario del gobierno de Da Silva. Afortunadamente, la estratagema fracasó y Favreto ha sido denunciado por abusar de sus atribuciones.

La divulgación de la carta de la izquierda chilena en apoyo a Lula coincide con la poco feliz jugarreta protagonizada por Favreto y el PT. Ambas se distinguen por su insensatez y falta de coherencia.
Durante años, la izquierda se ha arrogado una superioridad moral basada en que sus militantes se creen los únicos y auténticos portadores de credenciales democráticas. De hecho, en la declaración se autocalifican como “los demócratas chilenos” (como si no hubiera otros aparte de ellos). Pero se trata de una caricatura, pues a la hora de referirse a lo que ocurre en Venezuela, apoyar al régimen cubano o abogar por Lula da Silva, al progresismo nacional le importa más el color político que la defensa de la democracia.

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