Economías Andinas: alta credibilidad en las instituciones económicas*

En el caso particular de Chile, esperamos que se produzcan importantes cambios en los próximos años en sectores estratégicos como pensiones, educación y salud en medio de crecientes demandas sociales, independientemente del resultado del plebiscito.



Latinoamérica ha sido una de las regiones más afectadas en términos sanitarios por cuenta de la pandemia del Covid-19. Hasta hoy, cerca de una cuarta parte tanto de los casos como de las muertes totales se han registrado solo en Suramérica, aún a pesar de las estrictas y largas cuarentenas en países como Perú, Colombia y Argentina.

En lo económico, la situación no ha sido mejor, con la región registrando una de las más severas caídas alrededor del mundo durante el segundo trimestre de año, aún cuando las mayores economías de la región (Brasil y México) implementaron medidas de aislamiento que no fueron particularmente restrictivas. Así, en este periodo, la economía peruana se contrajo un 30% anual, México 19%, Argentina 19%, Colombia 16%, Chile 14% y Brasil 11%. Por supuesto, factores como la caída en los precios de los commodities y, eventos políticos en algunos casos, también han incidido en estas cifras. Entonces, no debe extrañar que tanto los mercados accionarios latinoamericanos como de monedas de la región, permanezcan entre los más castigados globalmente en lo corrido del año.

No obstante, en medio de este complejo escenario, se destaca que el consenso de los analistas (incluidos nosotros) espera una recuperación más rápida de las economías andinas (Chile, Colombia y Perú) que del resto de países de la región. En efecto, las últimas encuestas sugieren que, al final del 2021, el nivel de actividad de la economía chilena se ubicaría un 1,4% por debajo del nivel observado en 2019, al mismo tiempo que para los casos colombiano y peruano, el PIB se ubicaría al cierre del próximo año un 2,3% y 4,8% por debajo de los niveles pre-covid, respectivamente. Estas cifras se comparan favorablemente con las estimaciones para Argentina (-7,2%), México (-6,6%) y Ecuador (-6,1%).

Ahora bien, lo que es tal vez más importante, se proyecta que para 2022 las economías andinas ya habrán superado sus niveles de actividad pre-pandemia (Chile en un +2%; Colombia: +1,1%; Perú: +0,1%), contrario a lo esperado para el resto de la región (Argentina aún estará un 4,8% por debajo; Ecuador: -3,5%; México: -4,2%; mientras que Brasil estará en un nivel similar al del cierre de 2019).

En general, creemos que estas mejores perspectivas sobre los países andinos son el resultado de sus sólidos fundamentales macroeconómicos y de la fortaleza de sus instituciones económicas, caracterizadas por bancos centrales independientes, políticas fiscales y monetarias transparentes y creíbles, y sistemas financieros saludables enmarcados en una regulación con altos estándares. En otras palabras, a pesar de los retos económicos, sanitarios, sociales e incluso políticos derivados de la situación actual, sigue existiendo una evidente confianza en que los diferentes desafíos se abordarán de manera adecuada por parte de las autoridades de los tres países.

Esta confianza no sólo se ve reflejada en estas proyecciones sobre la recuperación de la actividad productiva, sino también en los indicadores de riesgo país en los mercados financieros. Así es como los Credit Default Swaps (seguros contra impago de la deuda) a 5 años de Chile, Colombia y Perú se encuentran actualmente cerca de 57pbs, 123 y 65, respectivamente, lo que se compara con los 124pbs de México, 224 de Brasil y cerca de 170 de países emergentes, en promedio. Indudablemente, en estos indicadores juega un rol crítico la posición fiscal de los países. En los casos de Chile y Perú, el buen manejo de las finanzas públicas en las últimas décadas les ha permitido contar con niveles de deuda pública relativamente bajos, así como con ahorros importantes, sin lo cual no hubiera sido posible adoptar medidas extraordinarias y comprometer recursos históricamente altos por más de 10% del PIB para hacer frente a la actual crisis sanitaria (y también a la crisis social en el caso de Chile).

Con todo lo anterior, resulta evidente que mantener la fortaleza y credibilidad de las instituciones económicas en nuestros países resulta indispensable para la recuperación económica, del empleo e incluso de los precios de los activos financieros, tras el fuerte impacto de la pandemia. Todo esto a través de mantener una elevada confianza por parte de los inversionistas. Esto cobra especial relevancia en un momento en el que el marcado deterioro en las condiciones sociales tiene el potencial de seguir incrementando el número de propuestas populistas, un importante factor de riesgo no solo en nuestra región sino en el mundo entero, como ya ha sido observado recientemente en diversos países. Así, pensar en el largo plazo y no sólo en el muy corto será determinante para lograr un mayor crecimiento económico futuro que sea sostenible e inclusivo, para lo cual se requiere una decidida participación de la inversión privada y, por lo tanto, medidas, propuestas y reformas que la promuevan, incluyendo reglas de juego claras y estables.

En el caso particular de Chile, esperamos que se produzcan importantes cambios en los próximos años en sectores estratégicos como pensiones, educación y salud en medio de crecientes demandas sociales, independientemente del resultado del plebiscito. Si bien esto conlleva una alta incertidumbre y muy altos desafíos en un escenario de menor crecimiento, menores ahorros y mayor endeudamiento con relación al pasado, lo cierto es que el proceso que se avecina resulta en una oportunidad para consolidar y fortalecer las instituciones y mantener a Chile como uno de los países más atractivos en la región. Lo importante será que todos sus actores jalen el barco hacia el mismo puerto y que el crecimiento económico y el cierre de brechas sociales sean la principal de las prioridades. De lo contrario, los fuertes vientos nos podrán llevar a un destino indeseado.

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