El día después

15 DE MAYO 2021 / PUERTO MONTT Una mujer adulto mayor es instruida por un vocal de mesa de como debe votar durante las eleciones 2021 que se realizan en la ciudad de Puerto Montt FOTO: FELIPE CONSTANZO / AGENCIAUNO




Como pocas elecciones en la historia de Chile, la de este fin de semana ha generado movimientos sísmicos que ponen en duda muchas de las realidades que con mayor o menor certeza han predominado en la política nacional estos últimos 30 años. Ya habrá tiempo para extensos y rigurosos análisis de los resultados, pero evidentemente no se puede ignorar el hito que ellas marcan.

Al igual que miles de chilenos, cumplí el deber cívico de ser vocal de mesa en mi circunscripción de La Reina en la que he votado regularmente desde 1988. Fueron dos extenuantes jornadas pese a la preocupante baja participación.

Por lo mismo en estos momentos de incertidumbre, optimismo para algunos y pesimismo para otros, rescato esta vivencia en el corazón mismo de nuestra democracia. Allí donde inequívocamente con un lápiz y un voto todos somos iguales, y donde se respira algo que quien no lo vive, difícilmente puede aquilatar. Se forma la camaradería circunstancial de quienes se ven sujetos a la misma situación excepcional, que probablemente preferían rehuir pero que cierto sentido del deber ciudadano compartido nos lleva a cumplir. Todos enfocados por unas horas en la tarea común de llevar el peso de la democracia conversamos sobre nuestras vidas, intereses, música y, más tímidamente, sobre política. Hay diferencias de orígenes, edad, género, e indudablemente ideológicas y a veces socioeconómicas.

Ese espíritu se repite en los votantes que lo hacen con la alegría de sentir que aportan para intentar construir la paz social e institucionalidad que nos une. La mayoría saluda amable, emite su voto y se despide con la misma cortesía, casi exagerada. Un breve contacto, pero en el que hay complicidad y orgullo compartido. No es difícil entender por qué el expresidente Ricardo Lagos llamaba a las elecciones “la fiesta de la democracia”, aunque muchos tras el conteo de votos puedan sentirse defraudados o derrotados.

El proceso electoral contrasta con la forma de relacionarnos que se instaló a partir del 18 de octubre de 2019. En efecto, más allá de legítimas aspiraciones de cambios sociales, se impuso un discurso de violencia, de exclusión, binario y confrontacional que ha buscado extremar las diferencias, fomentar los odios y exacerbar los resentimientos, olvidando que la política democrática requiere acuerdos y colaboración. En ello la amistad cívica es esencial y es esa la que se respira en el proceso electoral.

Al final de la jornada, uno se despide de los demás vocales, en mi caso dos jóvenes compañeras de mesa, como lo hace con antiguas amistades, y si bien ahora escribo estas líneas recién conociendo los resultados de la elección -algo que uno intentó dilucidar en el escrutinio de votos de su propia mesa-, sin aún ponderar el impacto de la elección para el futuro de Chile, lo hago con la satisfacción de saber que seguimos siendo muchos los que queremos construir juntos ese futuro.

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