El gobierno debe elegir su interlocutor en la oposición
Ante una oposición fragmentada, donde es posible identificar al menos cuatro grupos claros, algunos sin mucha cohesión interna, es responsabilidad de La Moneda identificar a un interlocutor confiable que ofrezca garantías de estabilidad en los acuerdos y no apostar por el pirquineo de votos.
A poco más de diez días de haber asumido el nuevo gobierno, uno de los debates que se ha instalado es el del futuro del ex oficialismo, no sólo por el tipo de oposición llevará a cabo tras dejar La Moneda, sino también por cuántas oposiciones hoy conviven en el Congreso. No sólo las tensiones dentro de las fuerzas de ese sector, previo al cambio de mando, dieron cuenta de que las miradas del PC, el Frente Amplio y el Socialismo Democrático no siempre convergen, sino que incluso dentro de éste último la unidad tampoco está asegurada. Lo sucedido el mismo 11 de marzo en la elección de la mesa de la Cámara de Diputados y Diputadas no sólo dio cuenta de la fragilidad de la unidad opositora, sino que reveló la falta de claridad sobre el rumbo que tomará, al ofrecer a la diputada Pamela Jiles, responsable de la mayor derrota política del gobierno de Gabriel Boric -el fracaso de la reforma tributaria- la presidencia de esa corporación. Hecho que finalmente no se concretó tras los descuelgues de último minuto.
Frente a una oposición fragmentada, donde a las fuerzas del ex oficialismo hay que sumar al Partido de la Gente (PDG,) que hoy cuenta con 14 diputados, y al Partido Nacional Libertario (PNL), en el extremo derecho del espectro -que suma ocho legisladores en la Cámara Baja y uno en el Senado- La Moneda debe asumir el desafío, no de esperar cómo se aglutinan las fuerzas de la centroizquierda y la izquierda, sino definir quién será su interlocutor durante estos cuatro años de gobierno. En el escenario actual, con un Congreso fragmentado, con 11 partidos representados en la Cámara, algunos sin una sólida cohesión interna, como el PDG, el incentivo podría estar en trabajar caso a caso, apostando al pirquineo de votos y a los descuelgues. Con 68 votos, el oficialismo está a sólo 10 de la mayoría, los que podría obtener ya sea en el PDG y el PNL o entre díscolos de la centroizquierda, como sucedió en la elección de la mesa de la Cámara Baja, donde el oficialismo logró sumar votos del FRVS y de la DC.
Esa estrategia, sin embargo, puede asegurar algunos éxitos legislativos en el corto plazo, pero está lejos de garantizar la estabilidad de las reformas que se impulsen, al lograr probablemente en muchos casos márgenes estrechos de aprobación, motivados muchas veces por intereses particulares y no real convicción. Por eso, es responsabilidad del Ejecutivo identificar dentro de las fuerzas de la oposición un interlocutor confiable, que asegure solidez institucional y estabilidad de los acuerdos alcanzados. En el actual escenario, donde el país enfrenta desafíos complejos, desde la necesidad de recuperar la senda de crecimiento perdida hace más de una década hasta abordar la creciente amenaza del crimen organizado, lograr respaldos sólidos, que garanticen la permanencia en el tiempo de las medidas impulsadas, no sólo favorece la estabilidad a largo plazo que es clave para poder avanzar, sino que también contribuye a mejorar la gobernabilidad y los niveles de confianza de la ciudadanía en el sistema política.
Los acuerdos administrativos alcanzados para la presidencia de la mesa del Senado y la conformación de las comisiones de la Cámara Baja son ejemplos positivos en ese sentido. En el primer caso, el oficialismo negoció acertadamente un pacto con el PS, al que se sumó el PPD y el Partido Liberal, con el que se acordó la distribución de la presidencia de esa corporación por los cuatro años de gobierno -tres para la derecha y uno para la oposición-, dejando fuera al Frente Amplio y al Partido Comunista. A su vez en la Cámara de Diputados y Diputadas, consciente de la fragilidad de la mayoría alcanzada para que el diputado Jorge Alessandri presidiera la testera de la corporación, el oficialismo decidió negociar un acuerdo administrativo para ampliar su base de apoyo, logrando finalmente sumar al PPD y la DC al pacto para la conformación de las comisiones. El balance fue altamente positivo para las fuerzas de gobierno que presidirán 18 de las 27 comisiones, incluyendo Hacienda y Gobierno Interior.
Los periodos institucionalmente más estables desde el retorno de la democracia han coincidido precisamente con épocas donde los gobiernos de turno han contado con una oposición formada por partidos institucionalmente sólidos, con la que se ha llegado a acuerdos que han perdurado en el tiempo. Tras el retorno de la democracia el gobierno de Patricio Aylwin avanzó precisamente en ese sentido al encontrar en RN a su mejor interlocutor. Para ello es fundamental que, junto con identificar a su contraparte, en el gobierno haya una unidad de propósito, coordinación efectiva dentro del comité político y disposición a hacer el necesario trabajo prelegislativo para afinar acuerdos que faciliten luego el recorrido de los proyectos en el Congreso. La actual administración ha dejado claro en sus primeros días la intención de avanzar con rapidez, como parte de su relato de gobierno de emergencia, pero para tener éxito es clave asegurar que los proyectos que se impulsen cuenten con un respaldo sólido.
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