El muro y el enjambre



La política, decía el sociólogo Niklas Luhmann, opera como caja de resonancia de la opinión pública. Y ésta, a su vez, se forma a través de los medios de comunicación de masas, que van seleccionando los temas y hechos que resultan relevantes. Todo el que haya lidiado con políticos sabe que normalmente las dos palancas principales que los mueven son el financiamiento de sus campañas y su imagen comunicacional, operando todo lo demás en un segundo plano.

Pero el modo en que la opinión pública se formaba ha sufrido el brutal impacto de las "redes sociales". Esto ha venido impulsado, además, por una expansión mundial sin precedentes de las clases medias con acceso a educación y tecnología. El efecto ha sido el inicio de una extinción masiva de medios de comunicación tradicionales.

El salón de la opinión pública, en otras palabras, quedó chico. Las redes sociales permiten a todo el mundo que tenga algo de tiempo libre y acceso a internet emitir sus opiniones sobre lo humano y lo divino, sin restricciones, y encontrarse con gente que piensa igual. Y, al mismo tiempo, buscar entre millones de sitios de dudoso contenido aquellas fuentes que confirmen sus prejuicios. La mediación de los antiguos periódicos y revistas respetables, entonces, se vuelve irrelevante. Y las empresas que pagaban por tener publicidad en esos espacios migran hacia otras plataformas.

El camino hacia esta irrelevancia es, además, tortuoso. Los medios tradicionales primero trataron de seguirle el pulso a las redes sociales, comunicando como noticia lo que ahí ocurría y haciendo eco de hechos no verificados. El resultado fue debilitar justamente aquello que los hacía diferentes a cualquier sitio chatarra. Y se entró en un círculo vicioso: el periodismo dejó la investigación, reemplazándola por el comidillo tuitero. Esto permitió abaratar costos en un primer momento, pero volvió letal el segundo golpe de la realidad virtual. Hoy las revistas se extinguen y los diarios caen tras un "muro de pago", en un movimiento de repliegue que parece tardío, y que sólo será seguido por un inmisericorde asedio.

La situación, por otro lado, es paradójica: la opinión pública se ha democratizado, lo que es bueno, pero ha sufrido al mismo tiempo un proceso de fragmentación radical. El mejor análisis del problema político que esto representa es el libro "En el enjambre" de Byung-Chul Han, donde el autor coreano-alemán describe las "tormentas de mierda virtuales" como el fenómeno distintivo de las redes sociales, argumentando que las condiciones de ese espacio hacen imposible la conformación de un "nosotros" político que vaya más allá de la contingencia, el escándalo y el ruido. Los maestros de la nueva escena serán, entonces, los líderes que controlen y generen estas tormentas: los que Moisés Naim llama "terribles simplificadores" en su documentado libro "El fin del poder".

Desmontado el aparato de mediación de la opinión pública, entonces, lo que parece venir no es la democracia deliberativa plena, sino una avalancha de basura que amenaza con sepultar no sólo a los medios tradicionales, sino también al orden democrático.

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