El necesario encuentro entre dos mundos

"Para generar espacios de encuentro entre estos dos mundos, en que la energía de las nuevas generaciones se beneficie de la experiencia de los que ya han hecho un camino. Este necesario encuentro es indispensable para construir un nuevo Chile, donde exista un espacio para todos, en igualdad y dignidad. No es casualidad que el ministro Mario Marcel, que tiene el duro rol de representar la mesura al interior de este joven gabinete, esté entre los tres ministros mejor evaluados por la ciudadanía".



Para el ya célebre historiador Yuval Noah Harari, las ideas dominantes de una sociedad cambian no porque los individuos alteren sus paradigmas, sino cuando muere la generación con ideas viejas y su lugar lo ocupa otra, con ideas nuevas.

De su planteamiento, se deriva que es necesaria la irrupción de una generación que revolucione el campo de las ideas para producir cambios en las sociedades, generando una tensión inevitable entre lo que había y lo que se busca instaurar, lo que está muriendo y lo que está naciendo, lo “viejo” y lo “nuevo”.

De esta dinámica de tensiones generacionales, nuestro país pareciera estar dando un ejemplo claro: mientras la esperanza de vida de chilenos y chilenas muestra niveles nunca antes vistos, el máximo poder de la nación ha sido delegado en el Presidente más joven que hayamos tenido en nuestra historia independiente. Con 36 años recién cumplidos, Gabriel Boric asume el cargo y nombra un comité político que, promediando los 35 años, se erige también como el más joven desde el retorno a la democracia. Por su parte, la Convención Constitucional no se queda atrás. Su presidenta recién comienza a vivir su 4ta década y el vicepresidente se acerca a los 34 años.

Se trata de una nueva generación en el poder. Representantes de aquella llamada Millennial. La infancia del Millennial chileno transitó en las postrimerías de los ‘80 y en los primeros años de los gobiernos de la Concertación. La mayoría probablemente estaba en el jardín infantil o en pre-kinder cuando Patricio Aylwin recibía la banda presidencial de manos de Augusto Pinochet. Es una generación que creció en el contexto del mejoramiento de los índices de crecimiento económico y la disminución de la pobreza, y a la que le tocó vivir experiencias que difícilmente podrían haber vivido sus predecesores: expansión del consumo, incorporación de Chile al escenario global, aumento de los canales y medios de comunicación y entretenimiento, mayores espacios de libertad.

Es una generación que se configura en base a una experiencia vital muy distinta a la de sus antecesores, y que, en consecuencia, demuestra una sensibilidad diferente en la mayoría de los grandes temas país.

Según mediciones de CADEM, el 57% de quienes tienen menos de 35 años ha participado en marchas, mientras que sólo el 27% de los mayores de esa edad lo han hecho. El 40% de los sub-35 cree que la violencia en las calles es legítima y justa y ha permitido avanzar en los cambios que el país necesita, una idea que comparte solamente el 21% de quienes tienen más años. El 78% de los sub-35 son partidarios de la adopción homoparental, mientras que en los mayores un 54% la respalda. Un 79% del segmento más joven apoya la movilización feminista, la que tiene un 62% de apoyo entre quienes tienen más de 36 años.

Con la elección de la Convención Constitucional y del presidente Boric ganó lo nuevo. Ganó el cambio. Este nuevo paradigma viene a reconocer, valorar y hacer figura en la diversidad y las voces que no han sido escuchadas. Y entonces abraza las causas feministas, medioambientalistas, la defensa de los derechos de los pueblos originarios, la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Mientras, la generación anterior mira con estupor y nostalgia cómo desparece ese Chile más ordenado y uniforme que conocíamos hasta antes del 18-O.

A marzo del 2022, todo hacía pensar que el planteamiento de Harari cuajaría en la realidad de nuestro Chile, sin mayor complicaciones. La nueva generación asumía el mando del país y la antigua, se jubilaba en silencio.

Pero las cosas nunca son tan simples. Los primeros meses de gobierno ya han transcurrido y vemos cómo el ímpetu de esta nueva generación enfrenta sus primeras dificultades reales. El presidente gobierna con una desaprobación sobre el 50%, histórica para los primeros dos meses, y la confianza en la Convención también se debilita y llegó a un 54% de desconfianza, su peor nivel desde que se conformó, ad portas de terminar la redacción del texto.

Imagino que muchos pitonisos del nuevo Chile se deben estar preguntando qué falló. Aunque el profesor Harari tenga razón en una mirada de procesos de largo plazo, también es cierto que cambiar los paradigmas en cualquier sociedad es un proceso lento y difícil, porque en la realidad las personas con ideas viejas no mueren, sino siguen ahí resistiendo. Los que quieren refundar el mundo con nuevas ideas, no pueden evitar chocar con la natural resistencia de quienes llegaron antes.

Este choque generacional que ocurre en la esfera pública también ocurre en el mundo privado. Por lo que creo que deberíamos hacer un ejercicio en los distintos ámbitos de la sociedad, partiendo por las empresas, para generar espacios de encuentro entre estos dos mundos, en que la energía de las nuevas generaciones se beneficie de la experiencia de los que ya han hecho un camino. Este necesario encuentro es indispensable para construir un nuevo Chile, donde exista un espacio para todos, en igualdad y dignidad.

No es casualidad que el ministro Mario Marcel, que tiene el duro rol de representar la mesura al interior de este joven gabinete, esté entre los tres ministros mejor evaluados por la ciudadanía. Es posible pensar que el caso de Mario Marcel representa bien la forma en que estas dos generaciones pueden trabajar juntas, poniendo cada una sus virtudes al servicio del bien común, y encauzando un proceso de cambios que hasta ahora no logra satisfacer las expectativas que generó en la mayoría de los chilenos.

* La autora es gerente general CADEM

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