El odio en Twitter

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Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

La tendencia a discutir, incluso discutir a gritos, está arraigada en nuestra condición humana. Los gritos al interior de las familias, las discusiones en la calle, entre vecinos y el tono en las campañas políticas son una muestra. La estrategia de levantar la voz es tan vieja como el hilo negro. Demuestra carácter, dicen. Hay algo en el grito que parece gustar, o simplemente desnuda la intolerancia en la convivencia pública. Esto mismo sucede en Twitter, solo que con unos efectos y amplificación inconmensurables.

Las y los “otros” en Twitter, quienes no piensan como yo, son duramente atacados, muchas veces sin argumentos sino con ofensas. El problema viene cuando discrepar -en el contexto de la libertad de expresión- se transforma en lo que se conoce como “discurso de odio”. Varios autores coinciden en que la definición de esta categoría es incitar a tomar acciones violentas en contra de minorías (como migrantes, homosexuales, personas con discapacidad) u otros grupos motivados por la ideología política, razones de género, creencias religiosas, etc. Incitan a odiarles, humillarles, y atacar.

La Universidad de Salamanca en España, a través del Observatorio de Contenidos Audiovisuales, trabaja este tema por las implicancias que tiene detectar discursos de odio y actuar sobre quienes los propagan, justamente por la importancia de preservar la convivencia democrática en nuestros países. Lo hacen a través del desarrollo de prototipos que detectan automáticamente los discursos de odio en plataformas como Twitter.

En Chile, la Universidad de Santiago -a través de la Escuela de Periodismo y con apoyo de ONU Mujeres- está realizando un proyecto bajo la supervisión del equipo de Salamanca para detectar este tipo de discursos de odio hacia las mujeres. Se trata de un análisis a la actividad en Twitter y las conversaciones que se generaron en torno a los temas que ellas promovieron en campaña. Hay candidatas que no recibieron ningún mensaje de odio, hay otras que las atacan de manera persistente por su condición de mujeres, sus discursos feministas, su pertenencia a un pueblo indígena o su ideología política (desde las más conservadoras a las más progresistas). Ataques a su aspecto físico, a su edad, al origen socioeconómico, a la experiencia que tienen o no para redactar una nueva Constitución, aparecen en los primeros análisis.

El poder constituyente que el país acordó es paritario y ha significado el ingreso de cientos de candidatas a la esfera pública. Aquellas que salieron electas estarán expuestas a ataques por su condición de mujeres durante este proceso, más allá incluso de sus ideas, lo que será analizado y monitoreado periódicamente para ver si existen discursos de odio. La diversidad y la paridad son valores irrenunciables para el debate público de una nueva Constitución.

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