El otro modelo



Por Juan Ignacio Brito, periodista

Vuelven a surgir voces que piden la instauración de un sistema de gobierno semipresidencial o derechamente parlamentario en Chile. Es una nueva versión del grito de fronda sobre el que advirtió hace casi un siglo el historiador Alberto Edwards Vives. La diferencia es que ahora está vestido con ropajes democráticos.

Los que favorecen el cambio de régimen dicen que sería una forma de resolver el choque de poderes que se verifica entre un Congreso que insistentemente sobrepasa sus atribuciones y un Ejecutivo tímido y lento para defender sus prerrogativas. Esa antigua disputa vive hoy un nuevo episodio: parlamentarios de todos los colores han optado por enviar, tramitar y votar proyectos de ley que usurpan facultades del gobierno; por su parte, La Moneda ha comenzado a reaccionar y defenderse, mientras el Presidente anuncia una polémica iniciativa para “perfeccionar” la manera en que el Legislativo admite a discusión los proyectos de ley.

La solución sería un cambio de modelo que asegurara la gobernabilidad. No debe desatenderse la transferencia de poder que involucra dicha propuesta. Desde la reforma constitucional de 2006, el Congreso ha ido ganando atribuciones respecto del Ejecutivo. Además, éste ha perdido prestigio y prestancia en los últimos 14 años en manos de los presidentes Bachelet y Piñera, que consistentemente privilegiaron su posición por sobre la de la oficina que ocuparon u ocupan, debilitando la institución presidencial. Con el actual Mandatario la situación ha llegado al punto de que un senador opositor demandó la instauración de un “parlamentarismo de facto” al Jefe de Estado.

Es clave recalcar que el parlamentarismo que se pide supone un gobierno de los partidos. Sería a éstos a quienes se transferiría el poder si se produce el cambio de régimen. En repetidas ocasiones y con diversas formas a lo largo de nuestra historia, este tipo de fronda ha logrado imponerse a la Presidencia de la República. Siempre ha resultado ser un fracaso, pues cunden el faccionalismo y la ineficacia y se extravía la visión de conjunto y nacional que aporta la figura del Presidente.

Los partidos ya dieron un gran paso al aprobar una reforma electoral que los ha beneficiado solo a ellos en el Congreso. El prestigio de éste no ha mejorado un ápice desde la adopción del sistema proporcional. Ahora algunos parlamentarios y exponentes de la fronda visualizan la debilidad del Ejecutivo como una oportunidad para ir por el premio mayor: el poder del Estado.

En La fronda aristocrática, Edwards Vives describió el enfrentamiento decimonónico entre un gobierno fuerte e impersonal y una aristocracia que buscó controlarlo y devino en oligarquía; hoy presenciamos una reencarnación del mismo fenómeno: la fronda democrática.

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