El peor de los mundos

Una familia trabaja en su comedor, durante el pandemia de coronavirus se a dado el Home Office o Teletrabajo para que personas puedan cumplir por cuarentena y así evitar lo mas posible su mayor propagación. FOTO: Jose Francisco Zuñiga /AGENCIAUNO



Por Cristina Hube, directora Escuela de Ingeniería Comercial de la Universidad Finis Terrae

La pandemia de Covid-19 nos ha dejado, además de altas cifras de cesantía, un gran porcentaje de trabajadores realizando teletrabajo. Muchos de ellos, malabareando entre su trabajo a distancia, las labores del hogar y la educación online de los hijos.

Esto ha demostrado, una vez más, que muchas acciones diseñadas en políticas públicas para permitir a las mujeres conciliar sus trabajos con la vida personal están lejos de cumplir sus expectativas. Los problemas de conciliación familiar no son nuevos, pero la pandemia los ha visibilizado de manera dramática, así como también el extenso camino que nos falta por recorrer.

Un estudio realizado en 2020 por el Ministerio del Trabajo y el Observatorio Laboral de la UFRO evidenció que la corresponsabilidad en tareas no remuneradas aún es un camino que nos falta recorrer. Las mujeres dedican el doble del tiempo que los hombres a trabajos no remunerados: hombres entre 25 y 45 años dedican 3,3 horas diarias mientras que las mujeres 6,7 horas.

En este escenario, muchas trabajadoras han debido escoger si mantienen ambos roles, laboral y familiar, muchas de ellas dañando su salud mental en el proceso. Sin embargo, hay un porcentaje no menor de mujeres que ni siquiera cuenta con la posibilidad de escoger porque ellas son las “jefas de hogar” -de acuerdo a datos entregados por el INE un 35% de los hogares dependen del ingreso aportado por una mujer- y, por tanto, deben tratar no solo de conciliar sus roles, sino mantenerse sanas mentalmente.

Hoy, que conmemoramos a los trabajadores, es crucial que la conciliación familiar deje de ser un anhelo porque situaciones extremas, como esta pandemia, ponen en riesgo la salud y bienestar de un grupo importante de nuestra población: las mujeres trabajadoras.

Sería tremendamente beneficioso que podamos observar estas diferencias en la co-responsabilidad como una oportunidad para repensar cómo nos relacionamos al interior de nuestros hogares, cómo compartimos el cuidado de nuestros hijos y adultos mayores, logrando con ello una división de tareas de manera más amable y equitativa.

Y en ese diálogo, sería interesante incorporar a los empleadores, que, de manera integral, también puedan ayudar en estas formas de relaciones. Ayudar y apoyar en esta reflexión para que la integración inevitable que se debe hacer del trabajo y cuidado de las familias no obstaculice el buen desempeño y la salud mental de los colaboradores. No me cabe duda de que aquellas empresas que sepan visualizar estas nuevas formas de trabajo, y sean capaces de flexibilizar algunos procesos, entre otras necesidades que requiere el teletrabajo, con seguridad tendrán colaboradores más comprometidos y felices aportando al buen desempeño de la organización.

Hay que tener claro que estas transformaciones no se realizarán con soluciones legales, eso es una falacia; debemos producir cambios culturales profundos en nuestra sociedad para que no tengamos a una mayoría de mujeres con dobles, e incluso triples o más, jornadas laborales y afectadas por ello en su salud mental. Ese sería el peor de los mundos para una sociedad más sana y equilibrada.

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