El reto de Piñera



Por Sergio Muñoz Riveros, analista político

A Sebastián Piñera le ha tocado gobernar en las más adversas condiciones surgidas desde la recuperación de la democracia. Ningún otro Mandatario enfrentó como él una ofensiva de violencia, destrucción y pillaje como la de octubre/noviembre de 2019, junto a una campaña de odio desplegada por fuerzas muy oscuras. Hubo primero un plan para desplazarlo del poder por la fuerza, y luego otro para destituirlo en el Congreso. Estuvo en riesgo la democracia, pero no porque hubiera una fuerza capaz de tomarse el poder por las armas, sino porque la izquierda más primitiva buscó provocar el caos sin importar lo que viniera. ¿Alguien duda todavía de la alianza operativa de revolucionarios y narcotraficantes después de la detención de Emilio Berkhoff, activista de la CAM?

El caudal de la asonada tuvo varios afluentes. Así, es obligatorio plantear una pregunta: ¿es posible que Nicolás Maduro haya buscado tomarse desquite del temerario viaje de Piñera a Cúcuta, en la frontera de Colombia y Venezuela, para respaldar a Juan Guaidó, en febrero de 2019? Muchos venezolanos que viven en Chile no tienen dudas al respecto. Ese viaje no previó las consecuencias de desafiar a un régimen sin escrúpulos.

Llegará el momento de hacer las sumas y restas respecto de cómo enfrentó el gobierno la crisis derivada de la pandemia, en particular sus devastadores efectos económicos y sociales, pero reconozcamos por lo menos que es mucho lo hecho en el terreno sanitario y mucho también en el de la protección social, y en ello hay mérito del Mandatario.

No cuesta criticar a Piñera por lo que sea. Comete errores sin duda, y merece crítica cuando son de bulto, pero sería de mínima justicia reconocer sus aciertos, y pocos están dispuestos a ello. Es impulsivo, dicen ciertos críticos, y no les falta razón, narcisista dicen otros, y está dentro de lo posible, pero podríamos hacer una ficha clínica de cualquier político y no aclararíamos mucho (existen, como sabemos, los malos gobernantes simpáticos). Piñera ganó la elección presidencial con amplia ventaja, pero un efecto envenenando de la violencia fue que le hizo perder apoyo entre quienes le reprochaban no frenarla con mano dura. Ha enfrentado oleadas de mala voluntad. Pese a todo, ha mostrado entereza y no ha perdido de vista el interés nacional. Hoy, lo que parecen temer sus adversarios es que él lidere la recuperación del país y salga bien parado.

En los 20 meses que le restan de mandato, Piñera enfrentará quizás el mayor reto de su vida. Necesita sostener firme el timón y cuidar la gobernabilidad, dialogar con todos los que estén dispuestos, empeñarse en la protección de la población, comprometer al Estado en la reactivación de la economía y no desmayar en el esfuerzo por unir a los chilenos. El país puede empezar a levantarse este año, pero será determinante que la política recupere grandeza y se fortalezca la lealtad con la democracia.

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