El tranvía “remodelador”

Imagen Tranvía



Por Ricardo Abuauad, Decano Campus Creativo UNAB, Profesor UC

El ministro Juan Carlos García ha anunciado que el MOP priorizará “otras formas de movilidad, fuera de lo automovilístico”, entre ellas “tranvía, trenes… que permitan enriquecer el transporte y las opciones de las personas, pero también que beneficien el medioambiente, que sean opciones integrales”. Estas declaraciones son esperanzadoras, apuntan en la dirección correcta, y se alinean con las políticas de las mejores ciudades del mundo.

De estas alternativas, el tranvía merece atención especial. Se trata, por supuesto, de una infraestructura para la movilidad, pero su auge actual tiene que ver con eso que muchos han llamado el “efecto remodelador”.

El tranvía, al implantarse en superficie, hace inevitable una nueva repartición del espacio, tipo “calle completa”, con prioridad para los modos sustentables. Junto con su creación, es normal que se rehagan veredas, mobiliario y luminarias. Su desplazamiento, más bien lento pero continuo, convive bien con peatones y bicicletas, en una suerte de “traffic calming”. El espacio por el que circula con frecuencia es objeto de jardines lineales y arborización, una oportunidad para aumentar áreas verdes. Su desplazamiento silencioso contribuye a bajar el molesto ruido. Acceder a él (ya sea que se implante en el eje de la calle o adyacente a la vereda), exige mejorar los atraviesos de la vía. Su alimentación eléctrica ayuda a disminuir la contaminación. Suele ser inclusivo, al considerar un piso a nivel de vereda. Como la calidad de la vía mejora, se produce una densificación equilibrada (cuando es bien manejada), un uso comercial del primer nivel en la edificación de borde, y con ello animación urbana.

Tiene otra ventaja: su imagen moderna y atractiva es un buen argumento para que conductores se animen a dejar el auto en casa, asunto no menor con la motorización galopante de nuestras ciudades.

Y, a pesar de estas múltiples ventajas, llevamos años esperando su implementación en Chile. No por falta de proyectos. Tampoco por falta de motivación de alcaldes, gobernadores ni ciudadanos. ¿Dónde está, entonces, la causa de este retraso? Sin duda en que este efecto “remodelador” (que permite resolver asuntos de movilidad mientras al mismo tiempo se mejora la calidad de la ciudad) no pesa cuando la mirada sobre el transporte es sectorial, sin visión integrada. Cuando se mide solo como forma de desplazamiento, y no como un Proyecto Urbano. Así, es fácil confundirse y pensar que el tranvía es un juguete para centros históricos ricos, y ver el efecto “remodelador” no como oportunidad, sino como gasto.

Por eso son auspiciosas las declaraciones del ministro, que llevan a pensar que llegó el tiempo de que estas cosas cambien. Los varios tranvías en carpeta esperan su momento.

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