Pablo González

Pablo González

Centro de Educación Inclusiva y Centro de Sistemas Públicos del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile

Opinión

Entendimiento o ira: lecciones del verano en el lago Ranco

Luego de lo ocurrido en el lago Ranco las denuncias aumentaron 58%, en solo una semana. Foto: Agenciauno

El episodio de uno de los hombres más ricos del país intentando echar de un terreno público a tres mujeres se ha convertido en una gigantesca oportunidad de aprendizaje, en distintos niveles. Las mujeres involucradas nos han dado una clase a todos. Exhiben varias virtudes: humildad, valor, dignidad, respeto, paciencia y perseverancia. Virtudes comunes en muchas mujeres chilenas. Sin rabia, sin violencia, reclaman lo que es común a todos.

Hay aprendizajes para  su protagonista. En términos de sus creencias, se dará cuenta cual de los siete pecados debe trabajar en sí mismo. La vida es una maestra y no nos pone pruebas que no podemos superar. Dependiendo de la profundidad de su proceso personal saldrá fortalecido.

En las redes sociales predominó la ira. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra no es posible en la era de Twitter. Nuestra subjetividad como país está marcada por este “pecado”, alimentada por otros casos que están conectados: el asesinato de Catrillanca; las irregularidades financieras en el Ejército y en Carabineros; el caso Compagnon-Davalos; los abusos en la Iglesia Católica; la colusión de empresas; etc. Pasar de la indignación a la gratitud requiere completar el ciclo del aprendizaje colectivo, entender, y que se tomen las medidas concretas para que nunca más, nada de esto, vuelva a ocurrir.

Para entender las causas de estos síntomas, veamos primero qué tienen en común. Ver debajo del agua requiere buenos lentes. Violencia y orden social, de North, Wallis y Weingast, ofrece una lectura profunda de la encrucijada en que nos encontramos. Según estos autores, hay algo más de una veintena de democracias reales o de “orden abierto” en el planeta, en las cuales las economías crecen sin grandes retrocesos y distribuyen sus beneficios  para todos. En estos países hay una sociedad civil fuerte que controla al gobierno, los derechos son iguales para todos (no solo para una elite) y hay control democrático del uso de la fuerza.

Nuestro país es un “orden cerrado” porque ninguna de estas condiciones se cumple aún, y por eso se producen estos episodios de abuso de poder. No obstante, el mismo North era optimista sobre Chile, y esperaba que pudiésemos pronto hacer la “transición” (curiosa coincidencia de términos con nuestra nunca acabada transición, y que le pone exigencias bien concretas). No obstante, no es fácil dar el gran paso, y las indignaciones que generan las incongruencias de las expectativas de progreso y bienestar con la realidad de esas condiciones básicas no cumplidas, conllevan el gran riesgo de una salida populista, a la Chávez en Venezuela, y que terminan arruinando a los países.

Una condición indispensable para una transición exitosa es que el liderazgo político democrático esté a la altura (no lo estuvo en Venezuela antes de Chávez), no para transar y claudicar ante los poderosos, sino para renunciar a sus privilegios personales (como miembros de la elite) para masificarlos, y así, hacer irreversible el progreso económico y la democracia. Un reforzamiento del conocimiento y capacidad del ciudadano de ejercer sus derechos y medidas que pongan límite a la apropiación de lo común por la elite y que facilite que todos disfruten las playas y las riberas sin temor, parece un buen camino. Un mayor control de legalidad de los actos de las fuerzas armadas y de orden, podría ser otro avance muy sustantivo. Podría haber mucho más.

No es casual que haya sido un hombre y tres mujeres. Todos los casos mencionados arriba están también conectados por el patriarcado y así con todas las formas del poder: político, económico, de género y espiritual. No nos confundamos. Hay una “obligación moral” del poder. Debe ejercerse para servir, y su mal uso causa ira. Esperemos que quienes lo detentan no se queden en los detalles y, a partir de estos casos conectados, transformen la rabia y la indignación en esperanza.  

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