Es momento de planificar la apertura

Planificar un retorno gradual de las actividades toma mucho tiempo y requiere amplia sensibilización con la ciudadanía. Pero no es claro que este plan exista.



En las últimas semanas la cifras de contagios por Covid-19 han comenzado a mostrar una gradual pero sostenida reducción en la Región Metropolitana -la realidad en regiones, en cambio, sigue siendo dispar-, lo que ya se refleja en una leve caída en la ocupación de camas UCI, una baja sustancial en la tasa de positividad de los exámenes PCR, mientras que los nuevos casos a nivel nacional han experimentado una baja de 35% en los últimos 14 días. El propio ministro de Salud señaló ayer que “la mejoría continúa”.

La profundidad con que el virus ha golpeado al país -con 309 mil casos, ubicando a Chile en el sexto lugar de naciones con más contagios a nivel mundial-, y la posibilidad de que en cualquier momento surjan nuevos brotes, obliga a actuar con precaución. El Consejo Asesor Covid-19 ha establecido cuatro estrictos criterios para que se pueda iniciar un desconfinamiento gradual, y aunque ninguno se cumple aún a cabalidad, los indicadores van encaminándose hacia allá. Esta es sin duda una muy buena noticia, una luz de esperanza luego de muchas semanas críticas y cuando la Región Metropolitana cumple ya 57 días consecutivos de cuarentena total.

Ahora que las cifras están mostrando con claridad una tendencia, ha llegado el momento de empezar a preparar el retorno. De ninguna manera será la normalidad que conocimos antes de la pandemia, pues habrá muchas restricciones, y es posible que en el camino surjan nuevas olas de contagio. Pero el país deberá empezar a ponerse en marcha. Y para eso es fundamental que exista desde ya un plan bien estructurado, con distintas fases, donde se irá transitando de una a otra según parámetros objetivos y conocidos. Así ha ocurrido en la mayoría de los países desarrollados, mientras que Argentina también ha diseñado esquemas para cuando deje la cuarentena.

La autoridad de Salud parece resistirse por ahora a hablar con soltura respecto de una apertura -es evidente que lo precipitado de haber anunciado un “retorno seguro” hace algunos meses pesa mucho todavía-, pero ello ya no puede seguir siendo eludido, no solo porque las cifras ya están hablando con claridad, sino porque la propia presión de la ciudadanía por empezar a retomar algo de normalidad en sus vidas y, por sobre todo, la necesidad de volver a encontrar empleo y generar ingresos, se tornará en algún momento incontenible.

Por ahora la autoridad de Salud ha enfatizado el cumplimiento de metas sanitarias, y ha dicho que el regreso será muy gradual. Pero esta semana sorprendió al anunciar que en las regiones de Aysén y Los Ríos se comenzarán a flexibilizar algunas restricciones, con apertura gradual de cines, restaurantes, cafés y teatros, todos los cuales podrán operar con un 25% de su capacidad. También volverán algunos eventos deportivos. Sorpresivamente, sin embargo, alcaldes de estas regiones señalaron que nadie había sensibilizado estas medidas, lo que generó críticas y desconcierto.

Es sin duda una señal positiva que ya se estén dando pasos en la línea de una apertura. Pero la desprolija forma en que esto se anunció en Aysén y Los Ríos -es desde luego una anomalía que ni las autoridades locales ni la comunidad hayan sido sensibilizadas con la debida anticipación- sugiere que hay más de improvisación antes que un plan maestro bien estructurado desde el nivel central. De resultar efectivo que aún no hay nada preparado sino lineamientos muy generales, quiere decir que estamos muy atrasados, y si hay un lujo que el país ya no puede permitirse es fallar por falta de adecuada planificación cuando llegue el momento de la apertura.

Es ahora cuando la población debe saber cómo será el complejo proceso de regreso a clases, en colegios y universidades; las empresas y los trabajadores deben saber desde ya qué actividades no esenciales irán entrando primero, cuáles después y con qué restricciones operacionales -los lineamientos que hace un tiempo dictó el Ministerio de Economía todavía parecen muy generales-; cómo se procesará la inmensa cantidad de cirugías y horas médicas postergadas, de qué forma podremos utilizar el transporte público -¿habrá horarios diferenciados?- o cómo se protegerá a la población de mayor riesgo, en particular adultos mayores. También es indispensable establecer tiempos bien definidos, pues a la larga no resulta sano un confinamiento sin horizontes claros.

Son algunas de las tantas dudas que surgen, y que confirman que preparar un buen plan de regreso en sucesivas fases toma tiempo, mucha planificación y un enorme trabajo de comunicación hacia la ciudadanía. Aquí es fundamental educarla con antelación tal que no asuma que un retorno implica que la pandemia ya pasó. En ese orden de cosas, cabe internalizar que la normalidad como la conocíamos probablemente no vuelva hasta que se desarrolle una vacuna. Todos estos conceptos no parecen estar por ahora en la agenda.

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