Es tiempo de confiar

Elisa Loncón, presidenta de la Convención Constitucional.




Por Carmen Romero. Directora general Fundación Teatro a Mil

Instalada la Convención Constitucional, comienza a escribirse un nuevo relato. La presidencia de Elisa Loncón Antileo,simboliza un rito de paso de lo que necesitamos dejar ir para iniciar un nuevo ciclo cultural que se haga cargo de nuestro origen diverso y del respeto y cuidado que le debemos tener a nuestras diferencias. Mujer mapuche, académica de larga trayectoria, ampliamente valorada por quienes trabajamos en el sector cultural, Elisa con su saludo en mapudungun nos reconectó en lo emotivo con un secreto orgullo de pertenencia en un país que empieza a reconocerse en su diversidad.

La marea profunda de cambios culturales que tienen un cauce institucional con la paridad de género y la participación de los pueblos originarios, dos definiciones fundamentales que la ciudadanía conquistó en las calles, las vemos hoy representadas simbólicamente en quien le tocará liderar esta nueva carta de navegación para el Chile plurinacional de los próximos años.

Hasta ahí el primer rayado de cancha o la primera partida del juego.

¿Cuáles son los desafíos ahora para quienes trabajamos en este sector de las artes, las culturas y los patrimonios, representados dignamente en la Convención -entre otros y otras que toman esta causa- por dos miembros de la comunidad teatral, Malucha Pinto Solari e Ignacio Achurra Díaz? Pensamos que estos tópicos deben ser un eje transversal y su acceso un derecho humano fundamental a ser consagrado en la escritura de la nueva Constitución. Es impensable el resguardo del medio ambiente sin la consideración de las culturas locales o las vocaciones territoriales, la vitalidad de nuestros espacios comunitarios sin acceso a la creación y a la experiencia artística, la sanidad de la mente y “del espíritu” sin la compañía de las artes, como lo requerimos en la pandemia; menos aún imaginamos la educación y la formación integral de las niñas y los niños de nuestro país - en esta era de aceleramiento digital, con una primacía de interacciones virtuales -dejando fuera de sus propósitos el desarrollo de habilidades socioemocionales y cognitivas claves, que está comprobado aportan las disciplinas artísticas, como lo hemos venido observando en el programa Teatro en la Educación que llevamos a cabo hace cinco años en la comuna de La Granja y en el impacto de las Pequeñas Audiencias del Festival Santiago a Mil. De todo esto ha hablado el teatro a lo largo de nuestra historia.

Tirando la piedra bien lejos, aspiramos que se incorpore la cultura en la nueva Constitución como el espacio de diálogo, promoción y articulación del bien común, cuyo acceso no solo el Estado debe asegurar con igualdad de oportunidades sino también la sociedad debe exigir para su propio bienestar y desarrollo.

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