Esperanzas y desesperanzas
Si miro hacia atrás procesos históricos vividos que han entusiasmado multitudes, todos se alimentan de esperanza en el futuro. Fueron las que encarnó la UP y que la hicieron crecer en respaldo ciudadano desde el 36% de 1970 al 43% de la elección parlamentaria de marzo de 1973, a pesar de una crisis económica brutal. También lo fue el retorno a la democracia luego del triunfo del No en octubre de 1988 transformada luego en “crecimiento con equidad” que, al mostrarse consigna veraz, esperanza satisfecha, dio vida a cuatro gobiernos seguidos de Concertación.
Fue también la izquierda de mis 20 años. El futuro era nuestro. Lo anunciaban el fin de los imperios coloniales, el avance victorioso de Vietnam, una Revolución Cubana que entusiasmaba, Gagarin el cosmonauta ruso que abría ruta a la estratósfera, el Vaticano II que renovaba a una iglesia envejecida. En el mundo entero casi nadie dudaba de que sus hijos vivirían en un mundo mejor que el de ellos.
La fe en un futuro mejor es motor indispensable de toda sociedad y eso hoy escasea. La izquierda chilena de hoy piensa que el mundo va para peor. La destrucción ambiental, el cambio climático, el imperio del “neoliberalismo” y “los ricos”; y como se les desconoce propuesta alguna para superarlo, son más bien militantes de la desesperanza, del balbuceo de incoherencias como aplaudir a las pymes y renegar de la gran empresa que es el sueño del empresario pyme. ¿Cuántos creerán que habrá socialismo a futuro en algún lugar? ¿Cuántos se habrán percatado de que no existe en el mundo una revolución socialista que haya sido exitosa para su pueblo? No encarnan esperanzas.
Pero la derecha tampoco está bien. Bastó el alza de combustibles en el mismo marzo en que asumió, para que el apoyo a Kast fuera superado por el rechazo en las encuestas. Tampoco partió bien en orden público y seguridad. Le cuesta entender lo vital de tejer mayorías sociales y políticas siempre frágiles. Desde entonces esa brecha se ha ampliado y la esperanza del consumidor en su futuro y en el de Chile también se ha deteriorado. No es algo baladí: solo los con esperanza… esperan.
Los avances de la aprobación de la rebaja de impuestos son buena noticia. Aquellos creados los últimos 15 años solo provocaron estancamiento y aumento de la deuda pública. Pero aun terminando rápido su trámite, el empleo, la inversión, la sensación de prosperidad en camino, requieren su tiempo, o sea, fe en un futuro mejor.
Reconstruir esperanza en Chile tiene tres requisitos de tarea y uno de formas. De tarea, que la prosperidad comience a llegar, que se sienta mayor protección social, que se gane seguridad y orden público. Y el de formas: asumir de una vez que la democracia es de acuerdos; que construirlos es responsabilidad de oficialistas y opositores; que el desacuerdo lleva al fracaso de ambos. No se unifiquen como como sembradores de desesperanza.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista.
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