Por Paula Escobar ChavarríaWhite amenazado de muerte

Es uno de los alcaldes que llevan más tiempo alertando acerca del alcance del crimen organizado, pidiendo -a gritos- que los militares colaboren en labores de seguridad. El PS Christopher White lo pidió al gobierno anterior y a este, en castellano claro. El desborde de la situación en su comuna, San Bernardo, lo ha llevado a pedir medidas de ese tipo.
Lo que no sabía era que no solo estaban en riesgo sus habitantes, sino especialmente él. Era un target.
El lunes 31 de esta semana supo de un plan para matarlo el 17 de septiembre, en las celebraciones del 18. En 11 días más, un delincuente apodado el “Indio Juan” habría organizado a un grupo de criminales avezados que terminaría con la vida del alcalde.
No era una amenaza anónima, ni por las tóxicas redes sociales (que, por lo demás, tampoco hay que subestimar, pues habilitan la violencia en la vida real, además de ser violentas en sí). White fue alertado por la Fiscalía acerca de que el prófugo Juan Flores Valenzuela -el “Indio Juan”- estaba elaborando el plan. Le dijeron que tendría que “tener mayor resguardo”.
Del shock pasó a la angustia y a la descompensación. Pensó, como ha relatado, en su familia, en su futuro, en qué hacer.
Decidió, entonces, llamar a la mayor autoridad en seguridad pública de Chile, el ministro Martín Arrau, para entender mejor lo que estaba pasando, y cómo protegerse.
Arrau, cuyo ministerio hizo un reality show con el traslado de presos a una cárcel de Talca, estilo visual Bukele, incluida una reforma constitucional que ya ni él defiende en su versión original, 240 días de estado de excepción sin que el presidente tuviera que consultarle a nadie. Arrau, ministro del gobierno que ganó bajo la promesa de enfrentar el crimen con la mano más dura posible. Arrau, cuyos correligionarios del Partido Republicano sienten que representan el sentir popular chileno, que sufre el narco y el crimen (no como los “elitistas frívolos” que se preocupan de la banalidad de que se traspasen los derechos fundamentales). Ese mismo ministro de mano dura le dio, el lunes en la noche, a un angustiado y choqueado alcalde amenazado seriamente de muerte, una respuesta totalmente insólita.
“Necesito ayuda suya, porque necesito seguir adelante, tenemos compromisos”, le dijo el alcalde White.
Arrau le contestó: “Bueno, tratemos de bajar la velocidad o bajar el ritmo en las cosas que se están haciendo”, según relató White.
Quedó más choqueado aún, como es lógico. “Que el número uno de Seguridad te plantee algo así es como sentirte solo completamente”, contó el edil.
Esa frase no solo hizo sentir solo a White, sino desconcertada a la población. Es una respuesta desprovista de lo que el ministerio de Arrau debe proveer: seguridad. Lo que el ministro Arrau reflejó en esa increíble respuesta es un Estado -y un ministro- derrotado, que no tiene ninguna herramienta más que proponerle “guardarse” frente a esa amenaza de muerte. Comunica impotencia y temor, brazos caídos.
White fue amenazado por hacer su trabajo, por defender el Estado de Derecho y la presencia del Estado en una zona que el crimen quiere disputar. Flores -el “Indio Juan”- empezó con la banda a planear el ataque con la finalidad de “neutralizar” a White. Flores “habría buscado atacar al jefe comunal por los trabajos de despeje de ese tipo de comercio que White ha realizado en algunos puntos de la comuna”.
Flores, condenado a cadena perpetua por el femicidio de su expareja, fue detenido y ya volvió a la cárcel. Las policías deben dilucidar qué pasó con el resto de la banda, y ya se han tomado medidas extraordinarias para el alcalde. La prensa sí relevó la gravedad de la amenaza y hubo reunión con el Presidente Kast, que le brindó su apoyo, y una nueva cita con Arrau.
Pero eso no borra que el ministro se equivocó y el debate político debe seguir. ¿Qué sentido tiene hacer registros de vándalos, quitarles derechos por 15 años, restringir comunicaciones y derechos civiles, mostrar presos en fila Bukele style, si cuando realmente el crimen toca la puerta la respuesta es de ese nivel de debilidad?
La verdadera firmeza está hecha de consistencia, de seriedad, no de gestos para la cámara ni frases altisonantes. ¿No será que en vez de matinales desde la cárcel lo más importante es que realmente el gobierno y el ministro Arrau entiendan que se debe buscar consensuar y no polarizar esta agenda, y así poder hacer frente común contra el crimen, que es el único remedio? Se lo dijo a Kast el propio alcalde, de modo inmejorable: “Le dije que tiene una oportunidad de oro como presidente de no atrincherarse en posturas políticas rígidas y hacer una reforma de seguridad consensuada. En política he aprendido que todos tenemos que ceder si de verdad queremos el bienestar de la gente”.
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