Por Joaquín Vial R-TEnjambres sísmicos en los mercados financieros globales

En las últimas semanas hemos visto que los mercados de la deuda pública de muchos países avanzados han sufrido remezones importantes. Días atrás el gobierno de Estados Unidos intervino recomprando deuda de largo plazo en respuesta a fuertes alzas en las tasas de retorno de sus bonos. El alivio duró muy poco y las tasas volvieron a subir, acumulando casi un 1% de alza respecto del nivel previo a la guerra con Irán. La preocupación se ha generalizado y se observan alzas similares en las tasas de interés de largo plazo en las principales economías europeas e incluso en Japón.
El factor común detrás de los temores sobre la deuda soberana de estos países son sus altos niveles de deuda, acompañados de déficits fiscales elevados y una baja disposición a hacer ajustes, a lo que se suma el recrudecimiento de la inflación.
¿Por qué preocuparse en Chile, donde la deuda del gobierno está cerca del 45% del PIB, que es menos de la mitad de la que se observa en los países mencionados?
En primer lugar, porque la tasa de retorno de los bonos del gobierno norteamericano sigue siendo el piso de referencia para las tasas de interés de la deuda de los países emergentes. Cuando ella se acerca a 5% anual en dólares, eso se traduce en mayores tasas de interés para que el gobierno chileno financie su déficit. Por cierto, esto a la larga termina afectando a todos los créditos de largo plazo, incluyendo los hipotecarios.
En segundo lugar, el nerviosismo en los mercados financieros globales se traduce en que los inversionistas buscan alternativas, especialmente en países desarrollados donde, en estos momentos, hay una tremenda demanda por fondos para financiar el desarrollo de la Inteligencia Artificial y de la infraestructura asociada a ella.
A lo anterior hay que agregar que Chile es una economía pequeña, muy abierta y sensible a perturbaciones en los mercados internacionales: un ambiente de guerras comerciales, y de las otras, no es bueno para un país como el nuestro debido a la inestabilidad que están introduciendo, especialmente en precios de combustibles y alimentos, en medio de alzas de tasas de interés internacionales. Puede que el cobre esté alto hoy, pero eso no nos va a aislar de estos choques.
Además, el cuadro económico del vecindario tampoco ayuda: los países que tradicionalmente han tenido grandes desequilibrios no los han corregido completamente, y los “bien comportados” del Pacífico han dejado de serlo y ahora exhiben un fuerte deterioro fiscal.
Se podría argumentar que la deuda pública chilena no es tan alta y que, si bien el país crece muy poco, ha tenido una historia de manejo responsable de las finanzas públicas. Sin embargo, esto depende de la confianza en que dicha conducta va a retornar después del desvío de la última década que consumió las holguras acumuladas previamente.
Después de una década de déficits fiscales que han derivado en una duplicación de la deuda pública en ese período, y a incumplimientos sucesivos de las metas de balance estructural, ello está en tela de juicio, al menos para las clasificadoras de riesgo. El origen de estos problemas radica en que se comprometieron gastos públicos permanentes (PGU, gratuidad universitaria, por ejemplo) sin que se materializaran las proyecciones de ingresos que los iban a financiar. Es decir, los déficits son estructurales.
El gobierno se ha comprometido a realizar un ajuste fiscal significativo para estabilizar los niveles de deuda y cumplir las metas de balance estructural, dando pasos importantes en esta dirección. Pero esto se debe completar y mantener, lo que no es tarea fácil. El entorno global actual no deja mucho espacio para que los mercados sean tolerantes a nuevos incumplimientos.
Todo lo anterior apunta a la necesidad de reforzar aquello que nos ha permitido sortear con éxito los últimos terremotos económicos globales: prudencia fiscal, buena política monetaria enfocada en el control de la inflación y proactividad para evitar crisis financieras. Es cierto que, con tantos remezones, incluido algunos autoinfligidos, nuestras fortalezas no son las de antes, pero todavía persisten. Si tenemos suerte por la aparición de holguras por alzas transitorias en los ingresos del cobre, parte relevante de ellas se deben destinar a recuperar ahorros para restablecer dichas fortalezas y recuperar credibilidad.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE
















