Por Bárbara PezoaEl mapa de una década: la brecha de ingresos retrocede, pero la desigualdad se concentra en la cima
Entre 2015 y 2025, las mujeres aumentaron con fuerza su presencia en ocupaciones de alta calificación y la brecha general disminuyó 9,4 puntos porcentuales. Sin embargo, las diferencias económicas cedieron menos en los empleos más complejos y la participación femenina continúa siendo baja en los cargos directivos.

En diez años, las mujeres chilenas avanzaron con fuerza hacia los empleos de mayor calificación, pero sus ingresos no progresaron al mismo ritmo. Entre 2015 y 2025, la proporción de trabajadoras en este tipo de ocupaciones pasó de 29,8% a 42,6%, un incremento de 12,8 puntos porcentuales que más que duplicó el registrado entre los hombres. El avance, sin embargo, pierde fuerza a medida que se asciende en la estructura laboral.
Así lo muestra Zoom de Género, informe elaborado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), Fundación ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), a partir de la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE. El estudio constata que la brecha de ingresos laborales disminuyó desde 31,1% en 2015 hasta 21,7% en 2025: una reducción de 9,4 puntos en una década.
La cifra de 2025 es la menor de la serie si se excluyen 2020 y 2021. Durante la pandemia, la aparente mejoría estuvo influida por la destrucción de empleos femeninos de baja calificación. Esta vez, la reducción ocurrió junto con una expansión de los ingresos de las mujeres, que crecieron 6,4% en términos reales durante 2025, más del doble del 2,6% observado entre los hombres.
María José Díaz, gerenta general de Fundación ChileMujeres, explica que la reducción responde a dos procesos. Por una parte, más mujeres ingresaron a ocupaciones calificadas y mejor remuneradas. Por otra, las diferencias disminuyeron dentro de los distintos niveles de calificación. Ambos movimientos, sin embargo, avanzaron a velocidades diferentes.
La brecha se redujo 10,4 puntos en las ocupaciones de baja calificación durante la década, desde 27,5% hasta 17,1%. En los empleos altamente calificados disminuyó solo 4,5 puntos, desde 34,9% hasta 30,4%. En la calificación media el retroceso fue aún menor: 2,4 puntos, hasta 28%.
“Entraron muchas más mujeres a las ocupaciones de mayor calificación, pero las diferencias de ingreso entre hombres y mujeres que ejercen esas ocupaciones se movieron menos”, resume Díaz. En 2025, los hombres del segmento más calificado recibieron en promedio $1.838.132 mensuales y las mujeres $1.279.405.
Parte de la explicación está en que la categoría de alta calificación reúne posiciones distintas: directivos, gerentes y administradores, además de profesionales y técnicos de nivel medio. Juan Bravo, director del OCEC UDP, advierte que el acceso femenino no se distribuye uniformemente entre esos grupos.
Según cifras de la Encuesta Nacional de Empleo para mayo-julio de 2026 citadas por Bravo, las mujeres representan 55,5% de los profesionales y 51,8% de los técnicos de nivel medio, pero solo 28,9% de los directivos, gerentes y administradores. La participación femenina supera la mitad en dos grupos calificados, pero cae por debajo de tres de cada diez en los puestos de mayor poder de decisión.
La presidenta de la CCS, María Teresa Vial, apunta a la composición de las remuneraciones. Mientras los sueldos base tienden a estar más estandarizados, sostiene, las diferencias pueden profundizarse en bonos, comisiones, incentivos y promociones. Las mujeres, agrega, se concentran con mayor frecuencia en jefaturas intermedias y áreas de apoyo, con bandas salariales usualmente inferiores a las de operaciones o finanzas.
La explicación requiere más evidencia empresarial. La CCS reconoció que no dispone de resultados específicos de sus asociados que permitan medir cuánto se ha corregido la brecha dentro de sus estructuras de compensaciones.
Las responsabilidades familiares forman otro nudo. Entre las personas altamente calificadas que viven con menores de tres años, el ingreso de las mujeres fue 39,9% inferior al de los hombres. Cuando no hay menores de 18 años en el hogar, la diferencia baja a 25,7%. Entre proveedores principales con hijos menores y empleos de alta calificación, alcanza 36,3%.
Díaz vincula estas diferencias con la disponibilidad y continuidad exigidas por los puestos de mayor responsabilidad. Bravo añade que las interrupciones laborales asociadas al cuidado pueden frenar la acumulación de experiencia y el acceso a ascensos, mientras algunas trabajadoras privilegian modalidades flexibles, pero peor remuneradas. Vial plantea que la corresponsabilidad parental y la sala cuna universal son necesarias para evitar que el costo de los cuidados siga concentrándose en las mujeres.
El informe describe asociaciones y no permite atribuir causalidad a un solo factor. Sus cifras corresponden a ingresos mensuales promedio y no controlan simultáneamente experiencia, especialidad, cargo exacto, horas trabajadas o tamaño de empresa. Tampoco permiten afirmar que una mujer reciba necesariamente 30,4% menos por realizar una función idéntica.
El mapa de la década muestra un avance efectivo, pero incompleto. Más mujeres ingresaron a empleos calificados y mejoraron sus ingresos, contribuyendo a cerrar la distancia general. La transformación fue menos profunda en el tránsito hacia los cargos directivos, las remuneraciones superiores y las trayectorias compatibles con las responsabilidades de cuidado. Es en esa cima donde la desigualdad demuestra ser más resistente.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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