Por Claudio VergaraKidd Voodoo a fondo: “El precio que he tenido que pagar por todo esto es bastante alto, pero creo que vale la pena”
Uno de los artistas más rutilantes aparecidos en los últimos años en Chile se alista para realizar su primer estadio -el Monumental- luego del récord de 12 fechas en el Movistar Arena en 2025. Aquí, habla con Culto del ritmo frenético de su carrera y de las complejidades del estrellato: “A mi familia en tres meses la he visto dos horas”, revela. Tras una reciente gira europea, también desliza la opción de vivir fuera del país: "Podría llegar a irme temporalmente para crecer".

Kidd Voodoo (24) revela que, cuando partió su vida sobre un escenario, cantaba mirando al piso: era incapaz de levantar la cabeza y observar a quienes tenía enfrente.
“Me costó mucho. Al principio cantaba mirando para abajo. Después mi equipo me decía ‘mira para adelante, la gente tiene que mirarte la cara’. Yo, antes de ser artista, no tenía Instagram, no tenía Facebook, no tenía ninguna foto publicada de mí. Siempre he sido muy alejado de eso. Estoy en mi casa, juego computador, veo tele y fin. Pasar de eso a tener campañas con Adidas y tener que ver mi cara cuando salgo a manejar, es un poco extraño. La gente me debe pelar por todos lados”, especula en conversación vía Zoom con Culto.
De alguna forma, su fricción con la popularidad guarda relación con su propio carácter, con esa faz en que se identifica como David Simón León Urbina, su verdadero nombre.
“Soy una persona que nunca he sido de hacer amigos, no puedo hablar con alguien más de tres palabras de frente, porque no lo puedo mirar. Yo soy muy corto. Tener que tocar doce veces en un arena en Chile y tener que despersonificarte y tener ‘la perso’ más grande de tu vida y hablar y hablar, porque la gente te va a ver a ti, genera mucha ansiedad. Días sin dormir. Pero creo que ya lo vencí”, declara.
Efectivamente, el cantante nacido en Maipú parece haber doblegado esos temores y se tuvo que habituar cada vez más a mirar a los ojos a miles de personas.
En esta década, su figura representa una de las carreras más fulminantes y ascendentes de la escena musical chilena reciente, con hitos como cerrar el Festival de Viña 2025, repletar 12 veces el Movistar Arena el año pasado -superando el récord de Luis Miguel y totalizando cerca de 170 mil personas- y acumular casi 7 millones de oyentes mensuales en Spotify.
Su discografía también arroja un ritmo frenético, con una frecuencia de casi dos álbumes por año desde 2024, en una escalada creativa que va desde el reggaetón de Los Rompecorazones, Vol. 2, hasta el pop confesional y de guitarras de Euforia, estrenado en mayo.

Como próximo capítulo escrito con letras mayúsculas aparece su primer estadio, cuando el 7 de diciembre debute en el Monumental, con boletos que se agotaron en un chasquido de dedos. La primera opción era el Estadio Nacional, pero el coliseo de Ñuñoa no estaba disponible para esos días.
Aunque no es el primer artista adscrito el género urbano que llega a un recinto de alta convocatoria -Cris MJ pasó por el propio Nacional en abril pasado-, sí se suma al selecto grupo de representantes locales que han desembarcado en un espacio de tamaño intimidante, para más de 40 mil personas: en el listado están Sol y Lluvia, Los Prisioneros, La Ley, Los Bunkers, Los Jaivas, Myriam Hernández, y Macha y El Bloque Depresivo. Sólo próceres, sólo elegidos.
-Hace no mucho, los artistas chilenos demoraban años en llegar al Festival de Viña y décadas en repletar un estadio. Algo que parece un sueño y una meta, tú lo estás logrando en muy poco tiempo. ¿Te asusta?
En un momento sí me asustaba un poco, pasar a querer que todo esto me pasara, los Movistar, los discos que han salido, el Festival de Viña, ahora el Estadio Monumental. Yo siempre lo proyecté, siempre estaba seguro de que me iba a pasar, porque soy una persona que no para, me pueden botar mil veces y voy a seguir buscándolo. Pero sucede tan rápido que llega un momento que ya no sabía honestamente qué hacer, ya no sabía si sacar más música, si dedicarme sólo a cantar, si es que tenía ganas realmente de seguir dándole así de fuerte.
“Pero hoy en día lo veo agradecido, entrar en esa acotada lista de artistas que hacen un estadio. Yo lo agradezco, porque al chileno siempre le ha costado la convocatoria. Hay muy pocos grupos en la historia de Chile que han tenido ese poder de convocatoria tan fuerte. Los Bunkers, Los Prisioneros o La Ley. Entrar a eso, para mí es algo muy importante”.
Sin embargo, Kidd Voodoo no se conforma. Pese a los récords y las conquistas, sabe que su trayectoria recién despega, por lo que el techo es impredecible.
“En los próximos cinco años me gustaría tratar de marcar otro hito. Lo del estadio siempre me llamó mucho la atención, tengo en mente tratar de hacer más de uno, tratar de romper alguna brecha que no se haya hecho. Los artistas chilenos siempre hemos hecho dos estadios seguidos, no más, como Los Bunkers o Los Prisioneros. Me gustaría hacer tres o cuatro, sólo para seguir ayudando a que la cultura siga creciendo”.
-Me llamó la atención que recién mencionaste que, cuando estaban en pleno furor por tu éxito, te sentiste algo extraviado, sin saber qué hacer. ¿Te costó enfrentar todo lo que estabas consiguiendo?
Sí, totalmente. Eso de sentirse abrumado es algo que todavía siento. El flujo de trabajo de esto es muy fuerte, porque al principio eres tú, con un micrófono y un computador grabándote en tu casa; y ahora trabajo con 30 personas, trato de escuchar todo lo que pasa sobre mí en el día, pero no se puede, humanamente no se puede.
“Combinar todo eso junto con hacer música, desarrollarte como artista, ver a tu familia, no sé, cosas más personales de una persona normal, sí te abruma, porque empiezas a sentir que no tienes tiempo para absolutamente nada. Yo llegué ayer a Chile y hoy me voy de nuevo por tres semanas. A mi familia en tres meses la he visto dos horas. Y eso obviamente te empieza a pesar”.
“Ver a tus amigos menos, a la gente que quieres menos, si tienes un perrito, una mascota también, empiezas a sentir una desconexión grande, y eso abruma muchísimo. Es como: ‘guau, lo que estoy dando para conseguir lo que quiero, ¿vale el precio que tengo que pagar?’ Eso es el pensamiento más frecuente que te entra”.
-¿Y qué te respondes a eso?
Yo creo que es incierto. A mí me ha funcionado, sí. Obviamente, es doloroso no estar con tanta gente que quiero. Muchas personas piensan que los artistas trabajamos poco o no conocen lo que uno hace. Pero hay que sacrificarse muchísimo, ¿sabes?
“Para mí el precio es bastante alto, pero sí creo que va a valer la pena. Creo que en algún momento voy a tener un rato real para poder descansar y alejarme un poco de lo que es la música”.
Música urbana y salud mental
Quizás sin quererlo, casi por una sincronía generacional, Kidd Voodoo pertenece a un ecosistema actual de artistas jóvenes que no siente temor en mostrase vulnerable frente al éxito, noqueados ante una fama asfixiante amplificada por las redes sociales, admitiendo la posibilidad de que una pausa temporal pueda funcionar como una bocanada de aire, en un arco que ha marcado las trayectorias recientes de fenómenos como Ariana Grande o el conjunto femenino Katseye.
En el casillero más local, el músico integra una comunidad de figuras que ha diseñado otra clase de música urbana, más melancólica y evocativa, narrando fracturas, distancias y despedidas sin retorno, con un lenguaje que se acerca al pop, al rock y la balada.
“Nosotros nunca nos encasillamos así, sólo en lo urbano, la gente debería decirnos artistas no más, mañana podemos salir con una cueca y no va a ser tan raro”, apuesta.

-¿Qué tanto te cuidas ante la exposición, en cuanto a lo que dices, lo que muestras, lo que tomas, etc.?
Soy una persona que no da mucho su opinión de nada. Me guardo mucho lo que pienso. No me impongo sobre otras cosas. Me dedico principalmente a la música. Mucha gente quiere saber lo que piensas con respecto a temas más controversiales. Pero es que ni siquiera yo me vi con 23 años manejando la influencia que tenía. Entonces, es complicado.
“Yo no fumo y tampoco bebo alcohol. Llevo dos años sin nada. Y mucha gente me lo cuestiona. Yo podría estar perfectamente en una fiesta aquí en Providencia, haciendo cualquier cosa. Pero ya llega un momento donde lo que hago, lo que digo, lo replica mucha gente. Yo lo empecé a ver en las cosas que me ponía para vestirme, en la manera en la que hablaba, en la manera en que yo canto mis canciones y empecé a ver gente que ya empieza a replicarlo, porque empieza a ser ejemplo”.
“A veces quiero opinar sobre algunas cosas y digo ‘bueno, es mi opinión, no es la de todo el mundo’ y no me doy cuenta de que puedo dejar la embarrada. Tener ese peso me ha costado mucho llevarlo. Yo no subo muchas cosas a mis historias, porque si digo cualquier cosa va a ser noticia”.
¿No es complicado también guardarse tanto una opinión? ¿La gente te presiona para que te pronuncies de la coyuntura?
Sí, sí, totalmente. Eso es muy nuevo para mí. Mi opinión la tengo para mí y la discuto con mis amigos, con la gente, pero tener una posición en torno a algo y decirla, es algo nuevo para mí.

-¿Le intimida también que exista gente que se vista como usted?
Honestamente, al inicio me parecía muy raro. Yo me he visto así porque yo no me compro ropa nunca. Casi todas las ropas que tengo puesta es la que me han regalado. Yo me visto casi con pijama para salir. Me da igual. Pero cuando veo gente en la calle hasta con mis tatuajes, creo que se fue un poco de mis manos. Pero yo tampoco decido lo que la gente ve de mí. Tocó no más.
-La salud mental es uno de los grandes temas en los artistas de tu generación. ¿Es algo que te preocupa hablar?
Sí, y volvemos a lo mismo que te dije antes, que no puedo hacerlo. Mi vida personal se basa en eso (la salud mental) desde que soy un niño. Pero no ventilo mi posición frente a eso. Obviamente doy mensajes de apoyo, pero también esos mensajes despiertan mucha controversia. Hay gente que no tiene problemas de salud mental directamente. Hay gente que no ha experimentado lo que es tener una depresión. Como hay otra gente como yo y muchos amigos míos que lo hemos vivido, hemos vivido que tuvimos que irnos de nuestras casas, no porque queramos, sino porque ya era insostenible.
“Pero yo creo que la salud mental ha matado más gente que cualquier cosa. La persona que se deprime puede llegar a un estado que puede atentar contra sí mismo. Yo mismo tengo amigos artistas que ya no están en este mundo por lo mismo”.

-¿Te abruma cuando te califican como artista chileno más exitoso de tu generación?
Igual es bonito. Yo le agradezco mucho a la gente. Siempre lo quise en realidad, desde que hago música, desde que soy niño. Me ha costado un poco imaginarlo que sería tan así. Siento que me han pasado cosas más lindas de las que esperé. Es un poco irreal. Es como si todo fuera falso. Además, siento que me quedan aún 20 años de carrera todavía. Entonces, como que digo ‘vale, hay que ver’. Puedo lograr algo más. Puedo llegar a otro nivel. Uno se siente también con una responsabilidad.
“Yo lo veo mucho por mi país también. De un día para otro, con muchos amigos míos que cantan en la música urbana, éramos la nueva ola de la música en Chile. Entonces, te empiezas a sentir con esa responsabilidad de que vamos una carrera contra el tiempo, de ver hasta dónde llego. Y quizás está un poco pesado ese pensamiento, poniéndome mucha presión encima, pero tenemos que llevarlo bien lejos. Eso es lo que más siento, que tengo la responsabilidad de llegar lejos con eso para que los artistas que vengan después puedan correr un poquito más rápido”.
Los Jaivas, Mon Laferte y vivir fuera
Si se trata de llegar lejos, Kidd Voodoo dice que en los últimos años ha rastreado la faena de otros artistas adultos para entender cómo ellos se hicieron cada vez más grandes sin perder vigencia. Por ejemplo, cuenta que esta semana se quedó con un primo hasta tarde viendo el especial televisivo de Alturas de Machu Picchu (1981), de Los Jaivas, para comprender además cómo se facturaban proyectos musicales en una era tan distinta a la actual.
“Quería entender qué estaba pasando antes de todo esto. Hablo con artistas también que son de esa etapa, los busco y les pregunto: ¿cómo vivieron ustedes esos años? Yo estoy en un momento quizás que tenemos más libertad de expresión, pero hay otros artistas que no. Vivieron otro momento social”.
-¿Y te imaginas tú mismo con la edad de esos artistas, con 40 o 50 años?
Sí, total. Ayer estaba viendo los conciertos de Kanye West, y tiene 50 años y sigue llenando estadios y sacó dos álbumes el año pasado. Entonces digo: ‘guau, ¿por qué yo no puedo hacer eso?’ A los 50 años, estando en mi casa, ya sin salir, ya de chiste. Entonces, yo por mí, lo haría, ¿sabes? Por mí yo tendría 25 años más de carrera con total tranquilidad.

Cuando se proyecta en el calendario, el artista no sólo tiene referentes internacionales. Para él, Mon Laferte -quien colabora en su último disco en el tema Incondicional- es otro ejemplo de una ruta trazada a pulso y que además ha conseguido reconocimiento global. “Me impresiona que tenga una carrera tan larga y lo que tuvo que hacer y cómo le tocaron las cosas. Con ella en específico tengo como una fijación con su carrera”, comenta.
Pero, en las últimas semanas, Kidd Voodoo ha empujado su propia ofensiva foránea. Entre junio y agosto, desplegó una veintena de fechas por Europa, entre Alemania, Suiza, Países Bajos y, sobre todo, España, el segundo país donde tiene más seguidores y donde espera afianzar un vínculo más permanente. Parte importante de esas paradas fueron en festivales.
Y ahí experimentó el otro matiz del éxito. Si en Chile su nombre está consolidado y no necesita mayores introducciones, en Europa debió partir casi de cero, explicando su sonido y su propuesta, como un artista que recién da sus primeros pasos para zafar del anonimato.
Para temperar el vértigo de un itinerario desconocido, David León asegura que en muchos puntos del tour optó por jugar fútbol, incluso a través de aplicaciones que permiten armar pichangas con desconocidos. En un plano más personal, en su gira lo acompañó su mejor amigo, Gabriel, parte de su equipo y a quien conoció en su infancia en Maipú.

“Nunca había estado tanto tiempo fuera de Chile y mucho menos girando. Si bien ahora en Chile soy un artista medianamente grande, en Europa no tengo mucho recorrido, no tengo más de dos o tres canciones que estén sonando. Tuve 15 festivales en los que tuve que romper esa barrera de la vergüenza de nuevo, de decir mi nombre, cómo me llamo, estas son mis canciones, vamos desde cero. Así que eso fue como un proceso mental un poco pesado. Acá en Chile hago un estadio y la realidad es totalmente diferente”.
“Me llevé a todo mi equipo, fue como la sensación de ‘aquí vamos otra vez’. Y a la vez te da la cara B de esto, que es un poco de cansancio también. Como ‘wow, hay que hacer esto de nuevo’. No sé si tengo las mismas ganas que hace cinco años, pero hay que hacerlo. Me da un poco de nostalgia, porque es un proceso que yo pensé que no iba a repetir. Para mí Chile era el mundo entero. Entonces, ahora que estoy descubriendo más países, hay que hacerlo de nuevo. Si bien estoy un poco cansado, ahora tengo más herramientas también”.
-¿Es sano también para el ego ir a lugares donde no causas la misma euforia, donde partes de más abajo?
Sí, es sano, si lo miras desde el lado de que el crecimiento nunca es una curva recta. Esto va para arriba, después baja, es así. A mí me sirvió mucho, no te voy a mentir, me chocó un poco, como ‘¡guau!, de verdad no tengo nada de qué agarrarme aquí, tengo que volver a demostrarlo’. Entonces, esta apreciación tuya, como lo llamas tú, el ego, sí, ya no resalta por ningún lado.
¿Has pensado en radicarte fuera de Chile, como lo han hecho los músicos nacionales que han triunfado en el extranjero?
¿Sabes?, eso es una pregunta de todos los días para mí, junto a mi familia, junto a mi pareja, junto a mis amigos, me lo cuestiono. A mí me ha tocado la cara linda de que Chile me abraza muchísimo. Entonces, irme de Chile, yo creo que por ahora no es el momento, pero si mi carrera empezara a crecer mucho en otro país, en otro lugar, podría llegar a irme temporalmente para crecer. Vamos a ver qué nos depara todo esto.
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