¿Está la seguridad privada a la altura de las nuevas amenazas?

18 DE JUNIO DEL 2020 FOTO PANORAMICA SANTIAGO, CONTAMINACION, SMOG FOTOS: LUIS SEVILLA FAJARDO



Diego Beltrán Alcalde es CEO Dynamic Trading Security.

En América Latina y en el mundo, son innumerables las experiencias relacionadas con el combate al crimen organizado y a la narco-delincuencia. El fenómeno surge desde agrupaciones complejas con jerarquía, financiamiento, tecnología y preparación para articular redes e influencias. Por lo mismo, son capaces de desestabilizar instituciones, empresas y nuestras propias formas de convivencia. De forma similar y como variable crítica en tiempos de emergencia, el crimen organizado es altamente adaptativo y cuenta con sentido de anticipación, que lo convierte en agrupaciones eficientes y muy efectivas. Por el contrario, la institucionalidad que lo enfrenta no puede ser tan veloz como quisiéramos, debido a que su naturaleza democrática exige discusión y deliberación, que en algunos casos condiciona a las instituciones que la ejercen (por ejemplo, la tramitación de la agenda antidelincuencia).

En sociedades desarrolladas y en algunos países de Latinoamérica altamente presionados por la violencia delictiva, se ha entendido que la seguridad privada es necesaria. Por lo tanto, las empresas juegan un rol determinante en su profesionalización, donde Chile no es un punto de referencia en esta materia. Evidencia de ello es la obtención de certificaciones en seguridad privada, como las de ASIS International. Se trata de una organización que, desde la década de los setenta, ha creado estándares mundiales para la excelencia en la industria de la seguridad, incorporando prácticas empresariales para su Certificación en Protección Profesional (CPP), además de incluir aspectos legales e informáticos. Según la entidad, en Estados Unidos existen 3.917 profesionales certificados bajo esta exigente categoría, en tanto que en Latinoamérica encontramos a México con 185, Argentina con 41, Colombia con 33 y Brasil con 28. En Chile solo existen 5 profesionales de este tipo (incluso menos que en Uruguay, considerando que su población es 5 veces menor que la nuestra).

Lamentablemente en Chile, aún ni siquiera tenemos un debate respecto a las diferencias, alcances y naturaleza de la seguridad pública y privada, a pesar del significativo aumento del crimen y la violencia que estamos viviendo. Pese a que en el mundo su profesionalización avanza velozmente, seguimos pensando que la seguridad privada son solo guardias y cámaras, mientras esperamos que la seguridad pública resuelva todos los problemas de la delincuencia: solo pensarlo, lo hace poco razonable como posible. Por ello, ya es tiempo de abordar esta materia en profundidad, asumiendo que ningún Estado en el mundo es capaz de trabajar estos temas sin incorporar e incentivar el rol privado. La coordinación con este sector es cada vez más necesaria, incluso considerando que nuestro diagnóstico respecto al alcance del crimen organizado y el narcotráfico podría ser realmente ingenuo frente a su real capacidad, como ya se están empezando a dar pruebas en Chile.

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