Opinión

¿Está politizada la academia?

Ministra Ximena Lincolao

La semana pasada propuse imitar en Chile el esfuerzo realizado por las rectorías de las universidades de Washington y Vanderbilt. Ellas encargaron un informe sobre la situación de las Humanidades y las Ciencias Sociales como una forma de hacer frente de manera seria a las acusaciones relativas a la pérdida de estándares académicos, falta de pluralismo, politización e infiltración de distintos activismos en estos ámbitos disciplinarios en Estados Unidos. El informe en cuestión, titulado “Report on the state of scholarship in the Humanities and the Humanistic Social Sciences”, está disponible online y tiene la virtud de acotar y enfocar las críticas, pero también destacar las fortalezas y el trabajo riguroso que se realiza en estas áreas, el cual es predominante, pero tiene menos exposición pública.

Un informe de estas características en Chile permitiría defender estos ámbitos disciplinarios de la sospecha que comienza a extenderse sobre ellos, pero de manera reflexiva y no simplemente con alegatos corporativos o discursos etéreos. Esto es importante, entre otras cosas, porque las Ciencias Sociales y las Humanidades concentran muchas carreras con bajos retornos para sus profesionales, por lo que, en tiempos de masificación de la universidad, la justificación de su financiamiento público resulta especialmente exigente.

El gran desafío, por cierto, es conformar un grupo de académicos lo suficientemente excelente, imparcial, desinteresado y plural como para ofrecer una evaluación honesta.

Mi propuesta recibió dos respuestas públicas. Una de ellas vino de la exsubsecretaria del Ministerio de Ciencia bajo Boric, militante FA y profesora titular de Sociología UDP, Carolina Gainza. Ella planteó que un informe del centro Massi, dirigido por ella misma, era equivalente al encargado por Washington y Vanderbilt. Sin embargo, al compararlos se hace patente que tienen muy poco en común. De hecho, el informe de Gainza tiende hacia un gremialismo autocomplaciente, destacando que estas carreras todavía concentran relativamente pocos estudiantes (lo que refuerza, sin buscarlo, la crítica de Alejandro Vigo a la sobreasignación de recursos), que su estudio está demasiado concentrado en Santiago y que debería tener más programas de posgrado.

La segunda respuesta vino de otro sociólogo de la UDP y socialista, Alfredo Joignant. En su estilo, Joignant admite que la idea de un informe es buena, pero considera que no podría ser convocado desde el Ministerio de Ciencia, ya que sería políticamente controversial y una complicación para los académicos llamados a trabajar en él. También reconoce el problema planteado, pero piensa que abordarlo es peligroso, porque podría llevar agua al molino de la “ultraderecha”.

Creo que ambas respuestas, así como las redes que movilizaron, retratan involuntariamente parte de las dinámicas internas que parecen afectar a la academia chilena en estas áreas, y que se hicieron especialmente patentes durante el estallido social y el proceso constitucional. Dejan ver grados importantes de politización, captura política, intolerancia y falta de pluralismo. Gainza y Joignant, después de todo, no son simples cabos sueltos de la academia, sino actores importantes, depositarios de amplios recursos públicos y administradores de redes de académicos en su disciplina.

Dicho eso, me parece que Joignant tiene razón en plantear que probablemente la convocatoria a realizar el informe no debería venir desde el Ministerio de Ciencia. Menos todavía ahora, que la ministra Lincolao ha optado simplemente por seguir escalando el conflicto desde su trinchera tecnocrática. Pero podría venir, tal como en el caso tomado como referencia, desde el Consejo de Rectores, o un par de universidades de prestigio.

Un informe así me parece fundamental para tratar de encauzar el debate sobre el futuro de las Ciencias Sociales y las Humanidades en Chile, más allá de ANID y la ministra Lincolao. Estas disciplinas, que se jactan de su capacidad reflexiva y de observación, y cuyo valor público se sostiene en poner estas capacidades al servicio de la sociedad, ¿cómo no van a ser capaces de observarse y reflexionar sobre sí mismas?

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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