Gobernar la ciudad en pandemia

El Paseo Ahumada en la comuna de Santiago. Foto: Andrés Pérez.



Juan Manuel Sánchez Medioli es Director Ejecutivo de la Corporación Ciudades.

Atravesamos por uno de los momentos más complejos de la pandemia, en una emergencia sanitaria que no termina de generar nuevos “momentos complejos”. Ya perdimos la cuenta si estamos iniciando una tercera ola, o si es parte de una segunda más larga e intensa que la primera. Lo cierto es que vivimos una prolongada sensación de incertidumbre, mientras percibimos que las medidas adoptadas por el gobierno son cada vez menos efectivas, en medio de ajustes y contrajustes que probablemente ni el más fiel de los seguidores estaría en condiciones de explicar sin equivocarse.

Junto con horadarse nuestro estado de ánimo al ver que la manida “luz al final del túnel” está mucho más “al final” de lo que quisiéramos, no tenemos que ser observadores muy agudos para corroborar la cada vez más baja adhesión a algunas de las restricciones implementadas por la autoridad. Y eso también genera un impacto en la confianza hacia quienes hoy tienen la responsabilidad de gestionar las medidas sanitarias.

Los contagios se producen por la interacción con otros, por lo que la ciudad se convierte en una fuente de riesgo permanente. La vida urbana nos obliga a compartir el espacio: la calle, los parques y plazas, el trasporte público, la escuela, la oficina y el comercio. Por ello, pareciera ser que una mejor estrategia para abordar la pandemia es la acción en el territorio, dotando de sentido y pertinencia local el establecimiento de restricciones e incentivos que permitan maximizar la efectividad de las medidas mientras se avanza en la inmunización de la población.

En este sentido, la elección de gobernadores regionales se presenta como una gran oportunidad para enfrentar de mejor manera un problema, que en gran medida se refiere a una mejor organización de las actividades en la ciudad. Sobre todo, en áreas metropolitanas donde se hace necesario la actuación coordinada de alcaldes, directores de servicios de salud y establecimiento educacionales, ministerios, operadores de transporte, organizaciones sociales, juntas de vecinos y representantes gremiales del comercio y de otras actividades productivas, que con buenas medidas sanitarias podrían paulatinamente entrar en operación.

Se requiere una sala de mando, un controlador de vuelo que, dotado de datos oportunos y precisos, vaya tomando decisiones informadas y localizadas, aumentando el testeo, la trazabilidad y facilitando con ayuda económica focalizada, cuarentenas efectivas.

La tecnología para registrar el conteo y monitoreo existe. Un ejemplo de ello es el sistema “Centinela Renca” que el alcalde Claudio Castro implementó desde marzo del 2020, gracias a una alianza público-privada, y que permite dar trazabilidad virtual a pacientes y sus contactos estrechos, logrando escalar esfuerzos y focalizar el trabajo del personal de salud. Se trata de comprender que podría resultar más eficiente abordar este desafío desde lo colectivo, en diálogo con las comunidades, generando espacios de colaboración, con una estrategia territorial de cuidado.

Hasta ahora, lo que ha caracterizado las respuestas más bien han ido en sentido contrario, con medidas sectoriales, permisos individuales, ayudas económicas asociadas al ingreso y con una comunicación de riesgo insuficiente y demasiado confusa. A pocos días del debut de esta nueva autoridad, la emergencia sanitaria pondrá a prueba, como ninguna otra, si el haber avanzado en descentralizar el poder de las decisiones, es el camino adecuado para gobernar la ciudad y estar a la altura de lo que sus habitantes necesitan.

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