La Corte ha cumplido con su labor

29 Abril 2019 Fachada Tribunales de Justicia, Corte suprema, Corte de apelaciones, Palacio de tribunales. Foto: Andres Perez



La muerte del Presidente Eduardo Frei Montalva en 1982 no generó originalmente dudas acerca de su causa. A pesar de tratarse de una intervención relativamente sencilla, la desgracia se atribuyó a causas naturales vinculadas al riesgo inherente a toda cirugía. No obstante, años más tarde fueron surgiendo una serie de datos que alentaron una comprensible sospecha. Por una parte, se confirmó que la dictadura había cometido e intentado varios homicidios políticos por medio de su servicio de inteligencia con métodos especialmente siniestros, por otra parte, se comprobó que el gobierno había infiltrado el entorno cercano a Frei. A partir de allí comenzaron a leerse con nuevos ojos hechos a los que en la época de la muerte no se les había prestado atención, como por ejemplo los vínculos militares de uno de los médicos o un extraño proceso realizado sobre el cadáver con aparentes propósitos de conservación. Con todos estos elementos se justificaba iniciar una investigación judicial, la que durante casi dos décadas realizó múltiples indagaciones, entrevisto a muchos testigos y exploró todas las posibilidades de que se tratara de un asesinato político.

El investigador que más tiempo estuvo a cargo del caso y lo concluyó, encontró pocos elementos que fueran más allá de las sospechas originales y más bien logró descartar la principal, la del envenenamiento, después de un complejo proceso de pericias y contrapericias. Sin embargo, sometió a proceso a una serie de personas, luego las acusó y condenó en primera instancia por el homicidio del expresidente.

¿Cómo se puede explicar el comportamiento del ministro Madrid si no había encontrado pruebas del homicidio? Varios factores lo explican.

El primero es que el antiguo procedimiento penal, aplicable a este caso por su fecha, generaba el perverso efecto de ir comprometiendo al juez en progresivas decisiones inculpatorias respecto de las cuales era muy difícil volver atrás. Esto se acrecienta especialmente en casos de gran publicidad y sometidos a gran presión política como éste. Es difícil imaginar que el juez hubiese podido absolver a los acusados y declarado que no había delito después de haberse dedicado cerca de diez años a investigarlo, de haberlos tenido procesados varios años y de haberlos acusado formalmente. Teóricamente podría haberlo hecho, pero habría sido muy severamente cuestionado por las enormes contradicciones involucradas en una conducta semejante. En segundo lugar, existe un fenómeno descrito para los fiscales en países anglosajones y que se denomina “visión de túnel”. Esto consiste en la tendencia a buscar evidencia a partir de una hipótesis a la que el fiscal se va apegando progresivamente y en relación con la cual va interpretando toda la información y descartando lo que no la confirma. Este fenómeno no da cuenta de mala fe por parte del fiscal, sino que se produce de modo imperceptible para él. En este caso el juez estuvo investigando un homicidio por muchos años y además se fue comprometiendo públicamente con esa idea; es comprensible que en la etapa final se le hiciera difícil analizar la prueba por fuera de ella y que tendiera a sobreestimar los datos que la corroboraban.

Afortunadamente la Corte de Apelaciones ha podido revisar el caso con rigor e independencia determinando lo que resulta evidente para cualquier lector del fallo: no solo no existen pruebas de un homicidio, sino que ni siquiera existe una hipótesis que pudiese ser probada y que explique cómo fue asesinado el expresidente y cómo participaron los acusados.

Para un amplio sector de la opinión pública y del ámbito político se trata de una decisión difícil de aceptar porque la idea del homicidio hace pleno sentido. Pero la función de los jueces es precisamente la de fallar no de acuerdo a la percepción pública, sino a las pruebas y a un análisis riguroso de las mismas. Los ministros de la Corte de Apelaciones han cumplido cabalmente su labor.

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