La defensa de las ideas




Por Miguel Ángel Fernández, Director ejecutivo de la Fundación Aire Nuevo.

Pareciese que un manto de extremismo ha separado las aguas del país. Grupos clamando que se perdió el valor de defender las ideas de uno u otro sector son parte de un estadio de resistencia a aceptar que estamos viviendo un momento que requiere un enfoque distinto. Pareciese que esas voces se han enamorado de las soluciones que se construyeron décadas atrás, o bien quieren enterrar sus logros. La ceguera de ambos caminos se olvida que las respuestas del pasado no son suficientes para los desafíos presentes y futuros.

Chile hoy es distinto, y la fórmula para defender las ideas que lo hicieron progresar, logrando retroceder la pobreza y entregar oportunidades, también es distinta. La meta común debe ser promover un sistema donde la libertad, justicia y dignidad no sea sinónimo de repetir las mismas recetas que se han planteado hasta el momento. Por el contrario, significa mirar y escuchar al país que se ha construido, y desde allí proponer políticas audaces, que comiencen el camino de un nuevo ciclo que dé a las chilenas y chilenos la libertad que se necesita para lograr trabajar por una mejor vida.

Como ocurre en toda antesala de una etapa distinta, la incertidumbre endulza la idea de creer que propuestas antiguas pueden tener -¡ahora sí que sí!- la oportunidad de mostrar su verdadera capacidad. Pareciese que para algunos somos una isla en la inmensidad del mundo, el tiempo y su memoria. La pregunta es entonces, ¿qué hacer para poner marcha al país que queremos? La respuesta no puede una sola voz entregarla. Será solo en la riqueza de un país que ha sembrado diversidad donde podremos abrir espacio para integrar nuestra sociedad.

Así, defender ideas no es defender propuestas, es salir a buscarlas.

Es comprender que Concepción no es igual a Santiago, y ninguna es igual a Valdivia. Es priorizar las soluciones locales por sobre las centrales, para así dar mayor libertad a quienes mejor conocen los territorios para encontrar respuesta a los desafíos que enfrentan la vida de las personas. Es apoyar la libertad de las familias a decidir su propia vida, poniendo a su disposición protección cuando las dudas del desempleo, la enfermedad, o la inseguridad agobian su diario vivir. Es mejorar la institucionalidad y su gestión que día a día falla, para lograr un espacio público en el cual todos sepan que tienen lugar y oportunidad.

Defender ideas es hoy postular nuevas propuestas. Es salir de lo que conocemos con un espíritu de hacer las cosas distintas, de crear innovación al servicio de lo público. Los momentos más exitosos de la historia partieron con pasión por buscar un mañana mejor, con una generación que se animó a mejorar lo existente sin olvidar su pasado. Hoy es el turno de Chile, y la pregunta que persiste es si estaremos dispuestos a encauzar un nuevo ciclo en libertad o sucumbiremos a la tentación de quedarnos en una mera, y algunas veces trágica, repetición de lo ya visto.

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