La demora, el virus y el gobierno

Trabajadores de una tienda del Mall costanera protestan para que cierre sus puertas considerando el aumento de infectados por el Coronavirus



Mientras escribo, miles de personas en Chile se contagian de Covid-19 y no tienen idea, y vuelven a salir y vuelven a contagiar. Las personas se lo toman con más o menos responsabilidad dependiendo de la edad que tienen, de cuánto le “creen” a la ciencia o a su propia “intuición”. Y se juntarán con amigos o irán de compras porque no están dispuestos ni al sacrificio ni al aburrimiento. No logran ver el propósito de lo colectivo como escudo de protección al individualismo. Son de los que creen que sus derechos son más importantes que los derechos de los demás.

Las y los viajeros provenientes de países con presencia del virus que entraron por el aeropuerto en febrero e incluso a comienzo de marzo, se encontraban con tímidas medidas encabezadas por una declaración jurada. Muchísima gente entró sin enterarse de nada y se subieron al transporte público o al Metro. Quienes por estos días se han sentido mal y asustados deambulan de centro en centro médico, en buen chileno se los “pelotean” de un lugar a otro. En una clínica del barrio alto se demoraron 50 horas en entregar el resultado del examen para detectar Covid-19 a una amiga, previo chequeo si tenía Isapre, si estaba al día y cobrarle su “copago”. Todo esto en plena pandemia.

El 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud informó de la pandemia, y recién el 18 de marzo el gobierno chileno cerró sus fronteras, siete valiosísimos días después, y ayer declaró estado de catástrofe. Seguro que tienen un montón de razones burocráticas y reales, pero actuar burocráticamente en una pandemia la vamos a pagar caro.

Las y los trabajadores de los malls tuvieron que salir a apalear las barandas de los pasillos de los centros comerciales para mostrar que estaban ahí y que querían ir a casa y aislarse socialmente para protegernos todos.

Para decidir si suspendían las clases (en la semana que se había declarado pandemia), el ministro responsable de la sanidad pública hace una pregunta al aire, por Twitter, para medir en línea si creemos que es buena idea la suspensión. Tenemos profesionales extraordinarios en salud y las decisiones las hacemos por Twitter, como una subasta, para conocer la temperatura de la opinión pública. Por suerte para nosotros, el ministro y el gobierno escucharon a los alcaldes y alcaldesas.

Mientras en el mundo los gobiernos se hacen responsables de diagnosticar en tiempo récord, aquí todavía se discute el copago, o si Fonasa cobrará 14 mil pesos, 10 mil o nada. Mientras las fronteras se cierran, aquí los turistas en cuarentena se suben a los buses y los cines, bares y malls están con gente.

El gobierno se ha demorado, ha dudado y cambia de decisión no en base a un plan sino a las presiones de Twitter. El miedo se combate pensando en las personas, con estrategia, certezas, precaución, información veraz y solidaridad.

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