La derecha: refundarse o morir



Por Juan Ignacio Brito, periodista

Aunque Chile Vamos parece haber encontrado en Sebastián Sichel la manera de maquillar sus problemas, no debe engañarse: su posición corre severo riesgo. Necesita corregir rápido y mucho si no quiere sufrir un descalabro en noviembre. Escoger a un candidato independiente con una emotiva historia personal, joven y de pasado centroizquierdista constituye ciertamente una novedad, pero ya va siendo hora de que el sector se plantee si el cambio que propone seguirá siendo solo cosmético o si está pensando en una renovación sustantiva.

Con Sichel la centroderecha solo ha comprado algo de tiempo, quizás menos del que cree. Se inclinó por un envoltorio colorido, pero en el fondo optó por el continuismo, con un contenido piñerista y cercanía empresarial. Es difícil creer que esa fórmula gatopardista sea suficiente.

En todo caso, como quedó claro en las primarias, el problema de la derecha no radica -al menos no todavía- en su candidato. Menos aún en su electorado, que concurrió a votar en números más que respetables (superiores a su votación para la Convención Constitucional, aunque inferiores a la opción Rechazo en el plebiscito de 2020). Lo verdaderamente preocupante está en sus partidos, los grandes derrotados del domingo.

Los socios de Chile Vamos lucen desgastados, vacíos de ideas, incapaces de ejercer un rol intermediador, sin liderazgos y lejos del afecto popular. RN y la UDI son marcas que han envejecido mal y no generan mística, mientras que Evópoli no logra desprenderse de un elitismo que nuevamente quedó de manifiesto con una candidatura que obtuvo casi un tercio de sus votos en Santiago Oriente. Por su parte, los republicanos se ven atrincherados, imposibilitados de trascender más allá de un nicho electoralmente reducido.

Si los partidos de derecha quieren evitar que 2021 se convierta para ellos en lo que fue 1965 para conservadores y liberales, no bastará con elegir a un candidato distinto y novedoso. Habría que ser ciego para no advertir que al sector se le viene encima una debacle si no inicia con rapidez un cambio creíble que vaya más allá de un abanderado seductor.

La derecha necesita su propia refundación. Los partidos creados para encarar la transición a la democracia ya cumplieron su ciclo; están exhaustos, al igual que el proyecto sobre el cual sustentaron su actuación. Es la hora forzosa de la renovación para convocar a un nuevo referente amplio con ideas permanentes y reformismo que responda a los problemas de hoy. Uno que recoja aportes desde distintas sensibilidades del sector y, ojalá, incluya otras. Si las cúpulas partidarias se siguen resistiendo a lo inevitable y continúan sin advertir al elefante en medio de la habitación, tendrán que ser las bases las que promuevan el cambio. Porque para la derecha se trata de refundación o colapso.

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